La Organización Mundial de la Salud (OMS) debería declarar la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial lo antes posible. De no hacerlo, se pondría en peligro la salud y la vida de millones de personas.
Ralf Roschlau vive en Lauffen am Neckar. En su larga carrera profesional, ha ocupado puestos directivos en pequeñas y medianas empresas, incluyendo 18 años como director general de empresas internacionales en Alemania e Italia. Desde hace años se dedica a nuevas formas de negocio, como la economía del bien común.Su intéres se centra en el cumplimiento de los 17 objetivos de sostenibilidad de la ONU y el tema del DECRECIMIMIENTO.
Sus estudios están vinculados desde hace varios años con las posibles respuestas a los problemas climáticos.
Es autor de libros, escribe para diversos medios de comunicación, entre ellos www.daswetter.com, y trabaja como profesor el Centro SQ para la Sostenibilidad de la Universidad de Constanza.
Su red internacional y su multilingüismo le permiten realizar investigaciones mucho más allá de Europa.
Trabaja como voluntario en el apoyo lingüístico a inmigrantes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) debería declarar la crisis climática como una emergencia sanitaria mundial lo antes posible. De no hacerlo, se pondría en peligro la salud y la vida de millones de personas.
Hasta el 80 % de la energía necesaria para 2050 podría producirse mediante paneles solares en el espacio. Esta es la conclusión de un nuevo estudio británico. Aún quedan muchas preguntas sin respuesta, en particular cómo se transportará la energía a la Tierra.
La nueva administración estadounidense de Donald Trump está abandonando gradualmente las políticas climáticas y energéticas de la administración anterior de Joe Biden. Sin embargo, Biden y Trump coinciden en el tema de la energía nuclear.
Escribir sobre malas noticias nunca es agradable. Los recientes eventos, ligados a un decreciente compromiso político, hacen esencial informar acerca de un estudio reciente que pronostica fenómenos meteorológicos extremos para el año 2040.
Un estudio ha descubierto que el mundo necesitará añadir o reemplazar un total de 80 millones de kilómetros de redes eléctricas para 2040. Ésta es la única manera de alcanzar los objetivos climáticos nacionales y apoyar la seguridad energética.