Increíble: la Voyager 1 logró repararse por sí sola a 25.000 millones de kilómetros de la Tierra

¡Un nuevo susto para la NASA! La sonda Voyager 1 dejó de dar señales de vida de forma repentina durante casi dos días, mientras continúa su viaje a más de 24000 millones de kilómetros de la Tierra. Afortunadamente, gracias a sus sistemas de seguridad autónomos, la nave logró superar esta avería sin intervención humana.

Los científicos perdieron temporalmente el contacto con la sonda Voyager 1 en el mes de octubre, antes de descubrir que la sonda había logrado solucionar por sí misma el problema responsable de esta pérdida de comunicación.
Los científicos perdieron temporalmente el contacto con la sonda Voyager 1 en el mes de octubre, antes de descubrir que la sonda había logrado solucionar por sí misma el problema responsable de esta pérdida de comunicación.

Los ingenieros de la NASA perdieron la señal de la sonda Voyager 1 —que actualmente se encuentra a más de 24000 millones de kilómetros de nuestro planeta— durante aproximadamente dos días.

Un susto que, afortunadamente, duró poco, ya que la sonda pudo solucionar este problema técnico de forma autónoma.

Una avería inesperada

Durante el 18 y 19 de octubre, la sonda Voyager 1 —que ostenta el récord de ser el objeto construido por el ser humano situado a mayor distancia de nuestro planeta— dejó de emitir señales de repente. Los equipos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory, JPL) intentaron comunicarse con ella, pero la Red del Espacio Profundo (Deep Space Network) —una red mundial de antenas utilizada para comunicarse con las sondas espaciales— no logró detectar su señal.

Los ingenieros intentaron establecer contacto con la sonda por segunda vez, pero tampoco tuvieron éxito. De este modo, permanecieron sin noticias de la Voyager 1 durante casi dos días; una situación preocupante, dado que la sonda se hallaba entonces a unos 24000 millones de kilómetros de la Tierra. A esa distancia, una señal de radio tarda cerca de 23 horas en recorrer el trayecto en un solo sentido.

Afortunadamente, este susto fue solo temporal. De hecho, las comunicaciones pudieron reanudarse finalmente dos días después, el 20 de octubre, lo que brindó a los científicos la oportunidad de analizar los datos técnicos para comprender lo que había ocurrido.

Sin recibir instrucciones desde la Tierra, la Voyager 1 pudo apoyarse en su sistema de protección automática, el cual le permite reaccionar de forma autónoma ante cualquier fallo. De este modo, la sonda detectó que un grupo de propulsores se había desactivado y, en consecuencia, cambió a los propulsores de reserva, lo que permitió a los equipos del JPL restablecer la comunicación con ella. De hecho, fue la primera vez que la nave tuvo que gestionar una avería de este tipo con total independencia.

El viaje de la sonda puede continuar

Los equipos de la NASA siguen investigando para determinar el origen exacto de esta avería y comprender qué provocó la interrupción de las comunicaciones. Aunque la causa del problema sigue siendo una incógnita por el momento, la situación es tranquilizadora, ya que el contacto con la Voyager 1 se restableció el 20 de octubre y las comunicaciones se han mantenido desde entonces.

Así pues, la Voyager 1 puede continuar su increíble odisea a través del espacio. El próximo 18 de noviembre, la sonda alcanzará un hito altamente simbólico al situarse a una distancia de un día-luz de la Tierra —es decir, 25900 millones de kilómetros—, algo inédito para un objeto construido por el ser humano.

La Voyager 1 continúa su trayectoria a través del espacio interestelar y tardará 40000 años en acercarse a otra estrella.
La Voyager 1 continúa su trayectoria a través del espacio interestelar y tardará 40000 años en acercarse a otra estrella.

Pero esta odisea está lejos de haber terminado. Tras cruzar este umbral, la Voyager 1 continuará su trayectoria por el espacio interestelar, mucho más allá de la heliosfera, la cual abandonó en 2012. No obstante, la continuación de esta aventura se presenta cada vez más difícil, ya que su generador nuclear pierde potencia gradualmente, a un ritmo de unos 4 vatios por año.

Para prolongar su funcionamiento, los ingenieros de la NASA llevaron a cabo en septiembre una operación denominada «Big Bang», que consiste en reducir el consumo energético de la sonda mediante la desactivación de ciertos equipos.

El objetivo actual es lograr que ambas sondas Voyager puedan celebrar su quincuagésimo aniversario en 2027, casi medio siglo después de su lanzamiento. Sin embargo, el fin de su misión científica se acerca, pues sus últimos instrumentos podrían dejar de funcionar alrededor de 2030 por falta de energía suficiente. Aun así, las comunicaciones podrían mantenerse hasta aproximadamente 2036, momento a partir del cual la Voyager 1 continuará su viaje definitivamente en el silencio.

Posteriormente, la Voyager 1 proseguirá su recorrido por la Vía Láctea, mucho después de haber dejado de transmitir datos. Se espera que, dentro de unos 40000 años, pase cerca de la estrella Gliese 445, llevando a bordo un disco de oro que contiene testimonios de la vida en la Tierra, destinados a posibles civilizaciones extraterrestres.

Referencia de la noticia

Brice Haziza. (2026). Voyager 1 survit à un black-out en se réparant tout seul et file jusqu'en 2030 vers une autre étoile à 61000 km/h.