244 lobos marinos varados en Coquimbo: El Niño apaga la “cocina” del Pacífico
En Coquimbo, los varamientos de lobo marino común ya suman 244 ejemplares, casi cinco veces más que en un año normal. El Niño calienta la superficie, corta la surgencia y deja sin comida a juveniles y hembras lactantes.

Encontrar un lobo marino extremadamente delgado sobre una playa de Coquimbo no es una escena aislada. Sernapesca ya contabiliza 244 varamientos de lobo marino común en la región, cuando en un año habitual la cifra no debería superar los 50 casos.
Detrás de esta situación aparece un problema que comienza mucho antes de que los lobos lleguen a la arena: el alimento está siendo más difícil de encontrar mar adentro.
Coquimbo concentra una fuerte alza de varamientos
Cristian Gómez Gaete, director regional de Sernapesca Coquimbo, explicó al Diario El Día que durante agosto se hizo especialmente evidente la condición corporal de los animales encontrados en las costas de la región.
Aunque un varamiento puede tener diferentes causas, la desnutrición aparece esta temporada como una de las señales más visibles. Y para entender por qué está ocurriendo hay que mirar hacia el océano.
El Niño debilita la “cocina” que alimenta al Pacífico chileno
Las costas de Chile se encuentran entre las más productivas del planeta gracias a la surgencia costera, un proceso mediante el cual aguas frías y cargadas de nutrientes ascienden desde las profundidades.
Esos nutrientes permiten el desarrollo del fitoplancton, que alimenta al zooplancton y sostiene posteriormente especies como anchovetas, sardinas y jureles. Más arriba en esta cadena aparecen depredadores como el lobo marino.

El problema es que El Niño altera este engranaje. El calentamiento de las aguas superficiales puede dificultar el ascenso de aguas profundas ricas en nutrientes. Según explica el biólogo Nicolás Pérez, la surgencia puede debilitarse y, con ella, disminuir la productividad marina.
Los peces entonces cambian su distribución, buscan aguas más frías o se desplazan a mayores profundidades.Para los lobos, eso significa nadar más, gastar más energía y encontrar menos alimento.
Juveniles y hembras, entre los más vulnerables
Los animales jóvenes suelen sufrir primero ya que poseen menos reservas de grasa y menor experiencia para buscar alimento, por lo que toleran peor periodos prolongados sin comida.
Las hembras lactantes también enfrentan una presión importante: necesitan alimentarse suficientemente para producir leche. Una reducción prolongada de sus recursos puede afectar tanto la supervivencia de las crías como su futura reproducción.
Pérez advierte que el impacto cobra especial relevancia porque El Niño actúa ahora sobre un océano que ya está calentándose debido al cambio climático. Si estos episodios intensos aumentan en frecuencia, la recuperación de las poblaciones podría necesitar años.
Si ves un lobo marino varado, no intentes devolverlo al agua
La recomendación es clara: mantener distancia, no tocarlo, no alimentarlo y no empujarlo hacia el mar. Un ejemplar debilitado puede encontrarse descansando y reaccionar agresivamente si se siente amenazado. Moverlo sin una evaluación especializada también podría empeorar su estado.
Los 244 casos registrados en Coquimbo son así mucho más que una cifra. Mientras El Niño continúe modificando la productividad del Pacífico, cada lobo que llega debilitado a la playa será la expresión visible de un desequilibrio que comenzó kilómetros mar adentro.
Referencia de la noticia
Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura. (2026). Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura.
Diario El Día. (2026). Alerta por lobos marinos: varamientos aumentan casi cinco veces en la región.