El planeta se está gastando su “cuenta de ahorros” de agua: la OMM pone a Chile en el mapa del déficit
La OMM alertó que 2025 fue uno de los años más secos para los ríos en 35 años. El informe muestra menos agua en tierra, glaciares en retirada y acuíferos bajos en el norte y centro de Chile.

Si el agua fuera una billetera, el planeta llevaría años gastando sus ahorros. Ríos con menos caudal, glaciares en retroceso y napas bajo presión muestran que no se trata de un episodio aislado, sino de una señal que se repite en distintas regiones del mundo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó el 17 de septiembre su informe sobre el estado de los recursos hídricos mundiales, un balance que analiza lo ocurrido durante 2025 y pone esos datos en perspectiva con el periodo 2021-2025. El diagnóstico apunta a un sistema hídrico cada vez más tensionado por extremos, pérdidas de almacenamiento y una disponibilidad de agua más irregular.
Ríos con sed: 2025 entre los más secos en 35 años
Los ríos del planeta atravesaron uno de sus años más secos en más de tres décadas. Más del 36 % de la superficie de las cuencas mundiales registró caudales inferiores a lo normal, de acuerdo con el análisis de 13 modelos hidrológicos globales alimentados con observaciones meteorológicas. La señal, además, no corresponde a un episodio aislado.

Durante los últimos siete años, apenas entre un 34 y el 38 % de los ríos presentó caudales considerados normales, frente al 46 % del periodo de referencia 1991-2020.
En Sudamérica, el déficit volvió a hacerse evidente en amplias zonas de las cuencas del Amazonas y del Río de la Plata. Esta última mostró en 2025 una recuperación parcial, aunque todavía sin retornar completamente a condiciones normales.
La cuenta de ahorros se achica
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, recurrió a una comparación sencilla: las napas, los glaciares y la nieve funcionan como una cuenta de ahorros de agua. Esas reservas permiten amortiguar los años secos y sostener ríos, ecosistemas y consumo humano cuando las lluvias escasean.
El problema es que esa “cuenta” lleva años perdiendo saldo: el almacenamiento de agua terrestre disminuye de forma sostenida desde mediados de la década pasada.

Ese descenso incluye aguas subterráneas, lagos, ríos, humedad del suelo, vegetación, hielo y nieve. En 2025, además, casi dos tercios de los pozos monitoreados estuvieron fuera de su rango histórico, con un balance más inclinado hacia el déficit que en 2024. La señal es clara: hubo menos recuperación y una mayor presión sobre reservas que tardan mucho más tiempo en volver a llenarse.
Chile en el mapa: norte, centro, Andes y Patagonia
El informe de la OMM menciona directamente a Chile. Entre 2022 y 2025, los niveles de agua subterránea se mantuvieron bajos o muy bajos en sectores del norte y centro del país, una señal que apunta a un déficit acumulado y no solo a una temporada particularmente seca. La presión combina varios factores, entre ellos la menor disponibilidad hídrica y una extracción que, en algunas zonas, supera la capacidad natural de recuperación.
La Patagonia y los Andes subtropicales también aparecen con señales preocupantes. Entre 2021 y 2025, el almacenamiento de agua terrestre se mantuvo por debajo de lo normal en ambas regiones, y durante 2025 esa anomalía negativa persistió en la Patagonia. En términos simples, el territorio dispone de un colchón hídrico cada vez menor para enfrentar nuevos periodos secos o eventos extremos.
Glaciares: cuarto año seguido en rojo
En 2025, todas las grandes regiones glaciares del planeta volvieron a registrar una pérdida neta de hielo, por cuarto año consecutivo. Solo durante ese año hidrológico se perdieron unas 408 gigatoneladas, volumen suficiente para elevar el nivel medio del mar en torno a 1,1 milímetros. Entre 2023 y 2025, la pérdida acumulada alcanzó cerca de 1.400 gigatoneladas de agua.

Para dimensionarlo, la OMM compara ese volumen con el contenido de unas 560 millones de piscinas olímpicas, o con aproximadamente un tercio del agua dulce que se extrae cada año en el mundo.
En algunas regiones con glaciares pequeños, además, ya se estaría cerca del llamado “peak water”: el momento en que el deshielo alcanza su máximo aporte de caudal y, a partir de ahí, comienza a disminuir porque queda cada vez menos hielo disponible.
Demasiado o demasiado poco
El ciclo del agua se ha vuelto más irregular y extremo, alternando con mayor frecuencia entre periodos de escasez e inundaciones, muchas veces sin dar tiempo suficiente para que los territorios se recuperen entre un episodio y otro. En los últimos cinco años, Asia y África concentraron al menos la mitad de los extremos hídricos registrados y más del 80 % de las muertes asociadas reportadas.
En 2025, esa vulnerabilidad volvió a quedar en evidencia. Ciclones y un monzón especialmente intenso golpearon el sur y sudeste de Asia, con hasta 3.600 muertes reportadas en países como Sri Lanka, Pakistán, Vietnam, Indonesia, Tailandia, Malasia y Filipinas.
El impacto económico también fue enorme: Jamaica estimó que el huracán Melissa dejó pérdidas equivalentes al 41 % de su PIB, mientras que el ciclón Ditwah costó a Sri Lanka cerca del 4 % de su economía.
El Niño y lo que puede venir
En 2025, uno de los años más cálidos registrados, el clima global estuvo marcado por una transición hacia La Niña débil y por un dipolo negativo del océano Índico, dos factores que ayudaron a redistribuir las lluvias entre distintas regiones.

Ahora, la OMM advierte que un eventual fortalecimiento de El Niño podría volver a alterar ese equilibrio, aumentando el riesgo de sequías en algunas zonas y de precipitaciones extremas e inundaciones en otras.
Como recuerda Celeste Saulo, el agua no reconoce fronteras: la pérdida de un glaciar o una disminución sostenida de las reservas en una cuenca puede afectar a comunidades situadas cientos de kilómetros río abajo.
Referencia de la noticia
OMM. (2026). OMM: Las tendencias recientes en materia de agua tienen graves implicaciones para el futuro.