Octubre dejó lluvias récord en Santiago, pero la megasequía persiste: por qué no se recuperan las reservas de agua
Octubre dejó más lluvia de lo habitual en Santiago, pero las reservas subterráneas todavía arrastran los efectos de la megasequía. La explicación está en lo que ocurre cuando el agua llega al suelo.

En Santiago, octubre ha dejado paraguas abiertos, calles anegadas y quebradas que vuelven a llevar agua. La estación Quinta Normal acumulaba 108 milímetros de lluvia al 15 de octubre, un 23 % por encima del promedio de referencia.
Pero que llueva más de lo normal no significa que Chile haya dejado atrás la crisis hídrica. Parte de la explicación está en lo que ocurre después de cada temporal: no toda el agua que cae consigue quedarse en el territorio para los meses secos.
Llueve, pero ¿dónde queda toda esa agua?
Cuando las precipitaciones son intensas, el agua puede correr por calles y laderas hasta llegar a los ríos y al mar. Si el suelo no consigue absorberla, una parte importante no contribuye a recargar las reservas subterráneas.
“El gran desafío es que tener más lluvia en pocos días no significa tener más agua disponible. Cuando las precipitaciones son muy intensas, gran parte del agua escurre rápidamente, provoca inundaciones y no alcanza a infiltrarse para recuperar nuestras reservas subterráneas”, explica Ulrike Broschek, directora de Escenarios Hídricos 2030 y subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile.
La sequía también se nota bajo tierra
Los acuíferos almacenan agua bajo la superficie y no se recuperan necesariamente con una temporada lluviosa. Si se extrae más agua de la que la naturaleza repone, las reservas siguen disminuyendo incluso cuando vuelven las precipitaciones.
“Hoy, en prácticamente todo el país necesitamos más agua de la que naturalmente se renueva”, advierte Broschek. Según la especialista, la presión sobre los recursos hídricos ha llevado a sobreexplotar reservas acumuladas durante cientos o miles de años.

Un estudio publicado en Hydrology and Earth System Sciences, que analizó 106 cuencas del centro-sur de Chile, encontró que durante la megasequía los caudales disminuyeron más de lo esperado, considerando únicamente la reducción de las precipitaciones.
Esto se relaciona con la llamada memoria hidrológica: la nieve y el agua subterránea que quedan de una temporada influyen en la disponibilidad de las siguientes. Por eso, para saber cuánta agua habrá más adelante, no basta con mirar cuánto llovió este mes.
Guardar agua antes de que vuelva el calor
El fenómeno de El Niño puede favorecer las precipitaciones en la zona central y centro-sur, pero sus efectos varían según la época y las condiciones atmosféricas. Al mismo tiempo, el cambio climático aumenta la preocupación por el futuro hídrico de Chile central: el IPCC proyecta una mayor aridificación para esta zona.

Prepararse exige actuar en dos frentes: reducir el riesgo de inundaciones y conservar agua para los períodos secos. Proteger la vegetación, recuperar suelos y facilitar la infiltración ayuda a que una mayor proporción de las precipitaciones permanezca en el territorio.
En María Pinto y Curacaví, por ejemplo, se han implementado zanjas de infiltración y microterrazas para retener agua y suelo.
Las lluvias de octubre pueden aliviar la escasez, pero no borran los efectos de la megasequía. Cuando vuelvan los días calurosos y disminuyan las precipitaciones, importará no solo cuánto llovió, sino también cuánta agua logró conservarse.
Referencia de la noticia
Mujica E. (Fundación Chile). (2026). El octubre más lluvioso en Santiago no repara años de sequía: por qué seguimos en crisis hídrica.