El cielo nocturno debería ser blanco, pero es negro: la paradoja de Olbers que cambia cómo entendemos el cosmos

Si el universo estuviera lleno de estrellas infinitas, el cielo nocturno debería brillar como el Sol. Sin embargo, la noche es oscura. Esta contradicción desconcertó a los astrónomos durante siglos.

Si existiera un número ilimitado de estrellas, no pudiéramos observar el cielo nocturno de la misma forma que lo hacemos siempre, ya que sería blanco y no negro.
Si existiera un número ilimitado de estrellas, no pudiéramos observar el cielo nocturno de la misma forma que lo hacemos siempre, ya que sería blanco y no negro.

Cuando miramos el cielo nocturno vemos un fondo oscuro salpicado de estrellas, pero desde un punto de vista físico, esto no debería ocurrir si el universo fuese infinito, eterno y uniforme.

Esta aparente contradicción se conoce como paradoja de Olbers, un problema que intrigó a científicos durante siglos y que terminó revelando una de las claves fundamentales para comprender la naturaleza del cosmos.

¿Qué es la paradoja de Olbers?

La paradoja de Olbers plantea una pregunta aparentemente simple: ¿por qué el cielo nocturno es oscuro si existen innumerables estrellas en el universo?

Si el universo fuera infinito, eterno y estuviera lleno de estrellas distribuidas de forma relativamente uniforme, cualquier dirección del cielo debería terminar en la superficie de una estrella. En otras palabras, el firmamento debería ser tan brillante como la superficie del Sol.

Este razonamiento fue popularizado en el siglo XIX por el astrónomo alemán Heinrich Wilhelm Olbers, quien formuló el problema de manera clara en 1823. Sin embargo, la idea ya había sido considerada por pensadores anteriores como Johannes Kepler o Edmond Halley. La conclusión era desconcertante: según esa lógica, la noche no debería existir.

Siglos de intentos por resolver el misterio

Durante siglos, científicos y pensadores intentaron explicar por qué el cielo nocturno es oscuro. Incluso el escritor Edgar Allan Poe, en su ensayo Eureka (1848), sugirió una idea sorprendentemente cercana a la cosmología moderna: el universo podría tener una edad finita, lo que impediría que la luz de todas las estrellas iluminara el firmamento.

Más tarde, el físico Lord Kelvin también reflexionó sobre este problema desde la física clásica, señalando dificultades en la idea de un universo eterno e infinito.

Gracias a que el universo tiene una edad finita, se observan objetos solo hasta determinada distancia. Crédito: Star Walk
Gracias a que el universo tiene una edad finita, se observan objetos solo hasta determinada distancia. Crédito: Star Walk

Otras hipótesis propusieron que nubes de polvo interestelar bloqueaban la luz de las estrellas lejanas, pero esta explicación no funciona: el polvo terminaría calentándose y emitiendo luz.

También se planteó que las estrellas podrían estar distribuidas de forma irregular, reduciendo el brillo total del cielo. Sin embargo, en un universo infinito el firmamento seguiría siendo luminoso, por lo que la paradoja permaneció sin resolverse durante décadas.

La solución: un universo con edad y en expansión

La resolución definitiva llegó gracias a los avances en cosmología, sintetizados claramente por el astrofísico Edward Harrison en 1964. Su explicación integra dos ideas fundamentales del universo moderno.

La primera es que el universo tiene una edad finita, estimada actualmente en unos 13.800 millones de años. Esto significa que la luz emitida por muchas estrellas y galaxias aún no ha tenido tiempo suficiente para llegar hasta nosotros.

No podemos ver todo el universo, sino solo la parte cuya luz ha alcanzado la Tierra desde el inicio del cosmos.

La segunda clave es que el universo se está expandiendo. A medida que las galaxias se alejan, su luz se estira hacia longitudes de onda más largas —un fenómeno conocido como corrimiento al rojo—, lo que reduce su energía y brillo observable.

Mientras se alejan las galaxias por la expansión del universo, se estira la luz hacia longitudes de ondas que no somos capaces de observar. Crédito: Star Walk
Mientras se alejan las galaxias por la expansión del universo, se estira la luz hacia longitudes de ondas que no somos capaces de observar. Crédito: Star Walk

El resultado combinado de estos efectos es que gran parte de la luz de las estrellas distantes aún no ha llegado o se ha debilitado considerablemente, permitiendo que el cielo nocturno permanezca oscuro.

Así, lo que parecía una simple curiosidad astronómica terminó revelando una verdad profunda: la oscuridad de la noche es una evidencia de que el universo tuvo un comienzo y continúa expandiéndose.

Referencias de la noticia

National Geographic: Heinrich Olbers y la paradoja que dejó perplejos a los astrónomos.

The Conversation. ¿Por qué la noche es oscura si hay infinitas estrellas?