Estrellas zombis que giran más rápido que una licuadora: los púlsares, relojes atómicos naturales
Restos de estrellas muertas que laten como faros cósmicos, giran cientos de veces por segundo y permiten medir el tiempo del Universo con una precisión asombrosa: así son los púlsares.

Entre los objetos más extremos del cosmos existen estrellas que ya murieron, pero que siguen emitiendo señales regulares como un latido perfecto. Son los púlsares: núcleos estelares ultradensos que giran vertiginosamente y funcionan como auténticos relojes naturales del Universo.
Aunque su tamaño es diminuto en escala astronómica, su influencia científica es enorme. El estudio de estos objetos ha revolucionado la astronomía moderna, permitiendo mapear la galaxia, probar teorías físicas fundamentales y explorar regiones invisibles del espacio profundo.
¿Qué son los púlsares y por qué emiten señales tan precisas?
Los púlsares son un tipo especial de estrella de neutrones, el remanente ultracompacto que queda tras la explosión de una supernova. En un volumen comparable al de una ciudad concentran más masa que el Sol, alcanzando densidades tan extremas que una cucharadita de su materia pesaría miles de millones de toneladas en la Tierra.
Al girar rápidamente —desde varias veces por segundo hasta cientos de rotaciones por segundo— emiten haces de radiación desde sus polos magnéticos. Estos haces funcionan como los focos de un faro cósmico.

Si durante la rotación uno de ellos apunta hacia nuestro planeta, los radiotelescopios detectan pulsos regulares de ondas de radio, rayos X o rayos gamma. Cada pulso marca una rotación completa del objeto, como el tic de un reloj estelar.
La estabilidad de estos pulsos es tan alta que algunos púlsares rivalizan en precisión con los relojes atómicos terrestres. Esta regularidad permite medir intervalos de tiempo con una exactitud impresionante y convertirlos en auténticos cronómetros cósmicos, capaces de detectar mínimas perturbaciones en el espacio-tiempo.
¿Cómo se forman estas “estrellas zombis”?
Los púlsares nacen cuando una estrella masiva agota su combustible nuclear y colapsa bajo su propia gravedad, produciendo una supernova. En el centro de esa explosión queda un núcleo comprimido hasta el límite físico conocido: una estrella de neutrones. Allí, los protones y electrones se fusionan formando neutrones, dando origen a un objeto extremadamente compacto.

Durante el colapso, la conservación del momento angular hace que el núcleo gire cada vez más rápido, como un patinador que recoge los brazos al girar. Al mismo tiempo, el campo magnético se intensifica millones de veces, canalizando la emisión de radiación hacia los polos. Si la geometría es favorable, la señal puede ser detectada desde la Tierra durante millones de años.
Con el tiempo, la rotación se va frenando lentamente y el campo magnético se debilita. Algunos púlsares dejan de emitir pulsos detectables y entran en una fase silenciosa, convirtiéndose en restos estelares casi invisibles.
Faros galácticos: mapas, pruebas físicas y descubrimientos clave
Los púlsares son herramientas fundamentales para la astronomía moderna. Su regularidad permite mapear la estructura de la Vía Láctea, estudiar la distribución del gas interestelar y medir distancias con gran precisión. También son claves para probar teorías como la relatividad general de Einstein y para buscar ondas gravitacionales de muy baja frecuencia producidas por pares de agujeros negros supermasivos.
Su descubrimiento fue casi accidental. En 1967, la estudiante Jocelyn Bell Burnell detectó señales periódicas tan regulares que inicialmente se pensó en una posible fuente artificial. Aquellas misteriosas señales, apodadas en broma “LGM” por “Little Green Men”, resultaron ser los primeros púlsares conocidos. Desde entonces, estos “latidos estelares” se han convertido en uno de los relojes más precisos y fascinantes del cosmos.
Referencias de la noticia
Sociedad Española de Astronomía (SEA): Glosario de púlsar.
National Geographic: Qué son los púlsares: el fenómeno más impactante de las estrellas en el espacio.