Atacama tuvo capibaras hace 8,8 millones de años: un fósil revela el pasado verde del desierto más seco del mundo

Un pequeño diente hallado en Caldera permitió a una investigadora chilena y su equipo reconstruir un paisaje con agua, vegetación y fauna muy distinto al que conocemos hoy.

El paleoilustrador Mauricio Álvarez tradujo toda esta evidencia en una acuarela: Cardiatherium entre vegetación frondosa, cursos de agua dulce, crocodilianos y aves marinas. Créditos de la imagen: Universidad Santo Tomás.
El paleoilustrador Mauricio Álvarez tradujo toda esta evidencia en una acuarela: Cardiatherium entre vegetación frondosa, cursos de agua dulce, crocodilianos y aves marinas. Créditos de la imagen: Universidad Santo Tomás.

Hace 8,8 millones de años, un animal emparentado con los capibaras caminaba junto al agua en un lugar que hoy asociamos con tierra seca y extrema aridez. Su rastro quedó atrapado en un pequeño diente encontrado en Caldera, que ahora permitió a la paleontóloga chilena Carolina Gutstein y un equipo internacional reconstruir parte de ese antiguo paisaje.

El estudio, liderado por Gutstein, académica de la Universidad Santo Tomás (UST), fue publicado en Scientific Reports y corresponde al registro más antiguo conocido de este linaje en Chile.

Un pequeño molar conservó una pista de aquel antiguo Atacama

El fósil pertenece a Cardiatherium, un roedor extinto emparentado con los capibaras actuales. Es apenas un fragmento de molar, pero su presencia dice mucho sobre las condiciones que necesitaba el animal para sobrevivir.

El ejemplar llevaba años conservado en el Museo Paleontológico de Caldera. Al estudiarlo nuevamente, los investigadores pudieron establecer que tenía unos 8,8 millones de años. Y el diente no era la única pista.

En los mismos terrenos encontraron señales de plantas, antiguos suelos y ambientes de agua dulce. Juntas, estas evidencias apuntan hacia una zona mucho más húmeda que la actual.

Agua, palmeras y vegetación donde hoy domina la aridez

Entre las evidencias vegetales aparecen palmeras y otras plantas que necesitaban condiciones diferentes a las del desierto que conocemos.

El grupo de investigación también analizó pequeñas estructuras minerales que quedan dentro de los tejidos de algunas plantas, conocidas como fitolitos. Estas permiten saber qué tipos de vegetación existieron incluso cuando las plantas originales desaparecieron hace millones de años.

Los antiguos suelos aportaron otra pista. Su composición indica que buena parte de la vegetación correspondía a plantas llamadas C3, un grupo que incluye árboles, arbustos y muchas hierbas de ambientes donde existe mayor disponibilidad de agua.

El hallazgo no significa que el Atacama del pasado fuera una selva. Lo que muestra es que su historia climática fue mucho más cambiante y localizada de lo que su apariencia actual podría sugerir.
El hallazgo no significa que el Atacama del pasado fuera una selva. Lo que muestra es que su historia climática fue mucho más cambiante y localizada de lo que su apariencia actual podría sugerir.

El conjunto apunta a humedales, cursos de agua y vegetación suficiente para mantener grandes animales semiacuáticos. Sin embargo, el artículo aclara que eso no significa que todo el Atacama fuera verde ni que estas condiciones cubrieran toda la región. La evidencia corresponde a determinados sectores del sur del desierto y muestra que la aridez extrema que caracteriza al Atacama actual no fue siempre igual.

El capibara también revela que el agua llegaba mucho más lejos

El fósil dejó otra pregunta que esta investigación intenta descifrar: ¿cómo llegó este animal hasta la costa del Pacífico?

Los antiguos parientes de los capibaras estaban relacionados principalmente con ambientes húmedos situados al este de los Andes. Para alcanzar esta zona necesitaban una conexión entre esos ecosistemas y el litoral.

El estudio plantea dos posibilidades: un corredor que atravesara los Andes o una ruta más al norte, conectada con la cuenca amazónica y antiguos sistemas de drenaje hacia el Pacífico.

Cualquiera de los escenarios supone una conexión de ambientes húmedos a una escala continental que hoy resulta difícil de reconocer sobre el terreno.

Hace 8,8 millones de años, un pariente de los capibaras necesitaba agua para vivir en este rincón de Sudamérica. Hoy, el agua casi no se ve, pero sus antiguas huellas siguen ahí, escondidas en las rocas del desierto.

Referencias de la noticia

Gutstein, C.S., et al.. (2026). Late Miocene capybara in the Atacama Desert reveals a wetter climate and a transcontinental dispersal pathway.
Comunicaciones Universidad Santo Tomás. (2026). Investigadora de Universidad Santo Tomás lidera estudio que revela que el Desierto de Atacama tuvo un pasado mucho más húmedo.