Dormir siestas frecuentes podría revelar cambios en el cerebro, según un estudio
Una siesta en el sofá parece inofensiva, pero un estudio que siguió a casi mil adultos mayores durante diez años encontró una relación entre ciertos hábitos de sueño y la demencia.
Después de almorzar, alguien se sienta frente al televisor y, sin darse cuenta, se queda dormido. Si ocurre de vez en cuando, no suele llamar la atención. Pero ¿qué pasa cuando esa cabezada se vuelve parte de todos los días, incluso sin tener sueño?
Un estudio publicado en The Journals of Gerontology: Medical Sciences encontró que los adultos mayores que dormían siestas frecuentes presentaban un 48 % más de riesgo de desarrollar demencia que quienes rara vez o nunca lo hacían.
La investigación, liderada por especialistas de la Universidad Johns Hopkins, también detectó una asociación con quedarse dormido involuntariamente durante el día. Eso no significa que dormir siesta provoque demencia. La relación podría funcionar en sentido contrario.
Cuando la siesta deja de ser algo ocasional
El equipo analizó tres características de las siestas: su frecuencia, si eran planificadas y cuánto duraban. Los resultados mostraron que los adultos mayores que dormían siesta la mayoría de los días o a diario tenían un 48 % más de riesgo de desarrollar demencia que quienes no dormían o lo hacían rara vez.
La duración también arrojó resultados llamativos. Las siestas de 30 minutos o menos se asociaron con un 40 % más de riesgo, mientras que la relación observada para las siestas más largas perdió solidez estadística al considerar otros factores del sueño.
En cambio, las siestas ocasionales y las planificadas no mostraron una asociación significativa con la aparición de demencia.
¿Hay que dejar de dormir después del almuerzo?
No necesariamente. Estos resultados no justifican eliminar la siesta de la rutina ni indican que quienes duermen después de almorzar vayan a desarrollar demencia.
El cansancio diurno puede tener muchas explicaciones, desde dormir mal por la noche hasta sufrir un trastorno del sueño o los efectos de ciertos medicamentos. Una cabezada ocasional, por sí sola, no permite identificar un problema cerebral.

Lo que merece atención es un cambio persistente: por ejemplo, que una persona que antes se mantenía activa durante el día comience a quedarse dormida cada vez más, sin quererlo. Si ocurre con frecuencia, conviene comentarlo con un profesional de la salud, especialmente si aparecen dificultades de memoria u otros cambios cognitivos.
Kening Jiang, primera autora del estudio, sugiere que observar estos hábitos podría ser una forma sencilla de detectar antes a quienes tienen más riesgo.
Una pista que todavía necesita confirmación
Una posible explicación a estos resultados está en los mecanismos que regulan el sueño y la vigilia. Algunas alteraciones cerebrales relacionadas con la demencia pueden afectar a las regiones que ayudan a mantenernos despiertos, lo que aumentaría la necesidad de dormir durante el día.
Adam Spira, autor principal del estudio, advierte que las siestas frecuentes podrían reflejar cambios cerebrales, en lugar de causarlos.

Para explorar esta posibilidad, los investigadores excluyeron los casos de demencia diagnosticados durante los primeros cinco años de seguimiento. La asociación con las siestas frecuentes e involuntarias se mantuvo, aunque esto no demuestra una relación de causa y efecto.
El estudio también tiene limitaciones: los participantes informaron de sus propios hábitos de sueño y la demencia se clasificó mediante un algoritmo validado, no a través de un diagnóstico clínico individual en todos los casos. Además, los resultados corresponden a adultos mayores estadounidenses.
Dormir una siesta no es motivo de alarma. Necesitar dormir cada vez más, sin proponérselo, es otra situación. La investigación aún no permite saber qué significa ese cambio en cada persona, pero sí refuerza el interés científico por observar cómo evoluciona el sueño con la edad.
Referencias de la noticia
Kening Jiang, Alden L Gross, et al.. (2026). Napping characteristics and incident dementia: results from the National Health and Aging Trends Study.
Universidad Johns Hopkins. (2026). Frequent and Unintentional Daytime Napping Linked to Higher Dementia Risk in Older Adults.