¿Puede la inteligencia artificial reducir la huella de carbono de los modelos de predicción meteorológica?
Los pronósticos del tiempo dependen de enormes cálculos realizados por supercomputadores que necesitan mucha energía y, por lo tanto, emiten mucho CO2. La IA aparece como una alternativa prometedora, pero aún enfrenta desafíos importantes.

Hacer el pronóstico del tiempo requiere analizar información sobre la temperatura, la presión, la humedad y los vientos, entre otros factores, de cada zona en un momento determinado. Son miles los datos que hay que calcular, por lo que desde hace décadas la meteorología depende de modelos computacionales basados en la física, que usan observaciones del estado actual de la atmósfera para estimar cómo evolucionará en las horas y días siguientes.
Esta capacidad para hacer pronósticos diarios y proyecciones a futuro requiere un alto consumo de energía, y a medida que buscamos predicciones más precisas para enfrentar el cambio climático, nos topamos con una paradoja incómoda: el esfuerzo computacional para monitorizar el planeta también está contribuyendo, a través de sus emisiones, al calentamiento global.
La huella de carbono de la predicción meteorológica
Conocer cómo estará el tiempo es fundamental para múltiples actividades. En la agricultura, los pronósticos meteorológicos ayudan a los agricultores a planificar cuándo sembrar, cosechar y proteger sus cultivos de condiciones climáticas adversas.
En la minería, para evitar retrasos por lluvias o tormentas. En la aviación, los pilotos y controladores aéreos dependen de la información meteorológica para planificar vuelos seguros y evitar turbulencias o condiciones peligrosas.
Pero hoy somos más conscientes de la huella de carbono que la predicción meteorológica tiene y, por ello, también se buscan alternativas para disminuir el consumo de electricidad necesario para realizar los complejos cálculos informáticos. Por contradictorio que parezca, una de ellas podría ser el uso de la inteligencia artificial.
¿Los modelos meteorológicos basados en IA tienen una menor huella?
La huella de carbono de los modelos tradicionales de predicción meteorológica basados en la física –como el sistema IFS europeo, uno de los más precisos del mundo– varía según el lugar donde operan.
Un reciente estudio determinó que realizar dos pronósticos diarios a 10 días de plazo (con un conjunto de 51 miembros) operando desde Noruega generaría 14,2 toneladas de CO₂ equivalente (tCO₂e), pero hacerlo en Estados Unidos, China o Polonia, cuyas matrices energéticas son más contaminantes, podría elevar la huella hasta 396.4 tCO₂e, haciendo el mismo trabajo.
Actualmente, la inteligencia artificial en la predicción meteorológica está principalmente en fase de entrenamiento, pero ya existen modelos basados en datos que generan pronósticos mediante algoritmos de aprendizaje profundo entrenados con enormes conjuntos de datos meteorológicos históricos.
Este punto es lo que podría hacerla menos contaminante, ya que, dependiendo del modelo y el lugar donde opere, considerando un año de uso, podría consumir al menos 21 veces y hasta 1.200 veces menos energía que los modelos tradicionales. Además, podría permitir que la fase más demandante (entrenamiento) se realizara en países con energías renovables, mientras los pronósticos se corrieran en el país de destino.
Los límites actuales de la IA y la imposibilidad de hacerlo “a mano”
Aunque la inteligencia artificial promete mayor eficiencia energética, aún presenta limitaciones en la predicción meteorológica. Estos modelos suelen operar con resoluciones más bajas que sistemas como el IFS, lo que dificulta detectar fenómenos locales como tormentas intensas, lluvias convectivas o cambios de viento.
Además, procesan menos variables atmosféricas que los modelos numéricos tradicionales, por lo que todavía no son equivalentes operativamente. Si su complejidad aumenta para mejorar resultados, también podría crecer su consumo energético, obligando a reevaluar su verdadera huella de carbono.

Pensar en el costo energético de la predicción meteorológica moderna invita también a imaginar el escenario contrario: ¿qué pasaría si intentáramos calcular el tiempo sin supercomputadores?
A comienzos del siglo XX, el matemático y meteorólogo británico Lewis Fry Richardson intentó calcular a mano el estado futuro de la atmósfera resolviendo manualmente las ecuaciones físicas que describen su comportamiento. Tardó semanas en calcular apenas unas horas de evolución atmosférica.
Hoy, para un pronóstico global a 10 días con métodos manuales, probablemente necesitaríamos decenas de miles de personas trabajando durante meses para obtener un resultado que, además, llegaría demasiado tarde para ser útil. La atmósfera habría cambiado mucho antes de terminar las cuentas.
Referencias de la noticia
Rieutord, T., Mignon, C., McAufield, E. and Gleeson, E. (2026), Energy and carbon footprint considerations for data-driven weather forecasting models. Weather.
Viñas, José Miguel (2017). El sueño de Richardson. Meteored.