El Niño tiende a favorecer primaveras más lluviosas en Chile central y también a aumentar la intensidad de algunos eventos de precipitación, aunque esta última señal es menos consistente entre eventos.
Meteorólogo (BS) de la Universidad de Valparaíso, MSc en Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Chile, Diplomado en Comunicación Científica de la Universidad de Chile y Diplomado en Meteorología Operacional de la Escuela Técnica Aeronáutica.
En la Dirección Meteorológica de Chile, pertenece a la Oficina de Servicios Climáticos y es responsable del pronóstico estacional, el monitoreo climático de cada mes y la presentación mensual del estado del clima en Chile.
Además, enseña Dinámica Atmosférica y Meteorología Sinóptica en la Escuela Técnica Aeronáutica y la Universidad Católica de Chile. Como investigador, su área de interés son los sistemas de precipitación que afectan a Chile, con énfasis en los ríos atmosféricos y las bajas segregadas y la variabilidad natural del clima.
Como comunicador científico, es editor y redactor del Blog Oficial del Servicio Meteorológico de Chile, tiene un blog personal de publicaciones sobre meteorología y creador del programa de podcast “Despejados”. Por último, es embajador del sector público en el grupo de trabajo Committee on Hispanic and Latinx Advancement (CHALA) de la American Meteorological Society y participante del grupo de trabajo ERFEN.
El Niño tiende a favorecer primaveras más lluviosas en Chile central y también a aumentar la intensidad de algunos eventos de precipitación, aunque esta última señal es menos consistente entre eventos.
El Niño sigue fortaleciéndose, pero un récord puntual no define por sí solo la intensidad del evento. Mientras se acerca el verano, también cambia la forma en que sus impactos pueden sentirse en Chile.
Las olas de calor podrían extenderse durante una parte cada vez mayor del año y convertir episodios hoy poco frecuentes en eventos mucho más habituales en varias ciudades de Chile.
El fuerte calentamiento del Pacífico oriental está reforzando la huella de El Niño en la costa de Chile, con temperaturas persistentemente altas que se sienten con especial fuerza en el norte del país.
El Niño puede crear un ambiente más favorable para la actividad de ciclones tropicales en el Pacífico oriental y casos como Polo muestran hasta dónde puede llegar esa combinación de aguas muy cálidas y baja cizalladura.
El rápido aumento de las temperaturas globales y un océano excepcionalmente cálido ponen a 2026 en la carrera por convertirse en el año más cálido registrado.
La última actualización del organismo estadounidense mantiene altas probabilidades de El Niño durante los primeros meses de 2027 y apunta al otoño como el periodo en que el fenómeno podría comenzar a perder fuerza.
El Niño no actúa solo: el estado del océano Índico también puede modificar la forma en que sus efectos llegan hasta Chile.
Observar mejor la atmósfera no depende de un único instrumento. Sistemas como MRMS combinan radares, satélites, pluviómetros y modelos para construir una visión más completa del tiempo y mejorar la vigilancia y anticipación de fenómenos meteorológicos extremos.
Nombrar fenómenos meteorológicos no es solo una cuestión de lenguaje: también puede cambiar la forma en que se comunican, se siguen y se recuerdan sus impactos.
La aparición de anomalías frías en el Pacífico occidental no significa que El Niño esté por terminar, pero sí puede ser una señal de que el océano ha comenzado a reorganizar su calor.
El océano global alcanzó temperaturas récord en pleno agosto, mientras El Niño refuerza el calentamiento del Pacífico frente a Sudamérica. La señal cálida también se extiende hacia el norte de Chile, en un escenario que mantiene la atención sobre la evolución oceánica.
Las olas de calor marinas y los ríos atmosféricos son fenómenos muy diferentes, pero pueden interactuar. Un océano anormalmente cálido puede aportar humedad adicional y aumentar la intensidad de las lluvias asociadas a ríos atmosféricos.
Las lluvias extremas son poco frecuentes en el desierto de Atacama, pero cuando ocurren pueden dejar graves consecuencias. El desastre de Antofagasta de 1991 ayuda a entender por qué.
El Niño llegará fortalecido al verano austral, una época clave para las lluvias del norte de Chile, donde su influencia puede actuar de maneras muy diferentes.
El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico tropical. El calentamiento es especialmente intenso hacia el centro y el este del océano, mientras que la atmósfera muestra una respuesta clara en los vientos, la convección y la circulación tropical.
En varias ciudades, los máximos de precipitación acumulada en 1 y 5 días durante julio de 2026 se ubicaron entre los mayores registrados en un mes de junio desde comienzos de la década de 1960.
Los eventos compuestos ocurren cuando varios fenómenos meteorológicos o climáticos coinciden, se suceden o interactúan entre sí, generando impactos mucho mayores que los provocados por cada uno por separado.
Los ríos atmosféricos son muy importantes para el hidroclima de Chile. La intensidad de las lluvias que provocan va más allá de la intensidad del flujo de humedad que trae el propio río atmosférico.
El Niño favorece inviernos más lluviosos en Chile central, pero los eventos extremos no necesariamente responden de la misma manera.