La aparición de anomalías frías en el Pacífico occidental no significa que El Niño esté por terminar, pero sí puede ser una señal de que el océano ha comenzado a reorganizar su calor.
Meteorólogo (BS) de la Universidad de Valparaíso, MSc en Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Chile, Diplomado en Comunicación Científica de la Universidad de Chile y Diplomado en Meteorología Operacional de la Escuela Técnica Aeronáutica.
En la Dirección Meteorológica de Chile, pertenece a la Oficina de Servicios Climáticos y es responsable del pronóstico estacional, el monitoreo climático de cada mes y la presentación mensual del estado del clima en Chile.
Además, enseña Dinámica Atmosférica y Meteorología Sinóptica en la Escuela Técnica Aeronáutica y la Universidad Católica de Chile. Como investigador, su área de interés son los sistemas de precipitación que afectan a Chile, con énfasis en los ríos atmosféricos y las bajas segregadas y la variabilidad natural del clima.
Como comunicador científico, es editor y redactor del Blog Oficial del Servicio Meteorológico de Chile, tiene un blog personal de publicaciones sobre meteorología y creador del programa de podcast “Despejados”. Por último, es embajador del sector público en el grupo de trabajo Committee on Hispanic and Latinx Advancement (CHALA) de la American Meteorological Society y participante del grupo de trabajo ERFEN.
La aparición de anomalías frías en el Pacífico occidental no significa que El Niño esté por terminar, pero sí puede ser una señal de que el océano ha comenzado a reorganizar su calor.
El océano global alcanzó temperaturas récord en pleno agosto, mientras El Niño refuerza el calentamiento del Pacífico frente a Sudamérica. La señal cálida también se extiende hacia el norte de Chile, en un escenario que mantiene la atención sobre la evolución oceánica.
Las olas de calor marinas y los ríos atmosféricos son fenómenos muy diferentes, pero pueden interactuar. Un océano anormalmente cálido puede aportar humedad adicional y aumentar la intensidad de las lluvias asociadas a ríos atmosféricos.
Las lluvias extremas son poco frecuentes en el desierto de Atacama, pero cuando ocurren pueden dejar graves consecuencias. El desastre de Antofagasta de 1991 ayuda a entender por qué.
El Niño llegará fortalecido al verano austral, una época clave para las lluvias del norte de Chile, donde su influencia puede actuar de maneras muy diferentes.
El Niño continúa fortaleciéndose en el Pacífico tropical. El calentamiento es especialmente intenso hacia el centro y el este del océano, mientras que la atmósfera muestra una respuesta clara en los vientos, la convección y la circulación tropical.
En varias ciudades, los máximos de precipitación acumulada en 1 y 5 días durante julio de 2026 se ubicaron entre los mayores registrados en un mes de junio desde comienzos de la década de 1960.
Los eventos compuestos ocurren cuando varios fenómenos meteorológicos o climáticos coinciden, se suceden o interactúan entre sí, generando impactos mucho mayores que los provocados por cada uno por separado.
Los ríos atmosféricos son muy importantes para el hidroclima de Chile. La intensidad de las lluvias que provocan va más allá de la intensidad del flujo de humedad que trae el propio río atmosférico.
El Niño favorece inviernos más lluviosos en Chile central, pero los eventos extremos no necesariamente responden de la misma manera.
Las olas de calor golpean a Europa y Chile, pero por razones muy distintas. Mientras el Sáhara y un Mediterráneo cálido alimentan el calor en la península Ibérica, el Pacífico frío actúa como un freno natural en Chile.
Durante junio de 2026, el Índice de Oscilación del Sur alcanzó uno de los valores más negativos de toda la serie histórica. La intensidad de la señal atmosférica destaca incluso frente a otros grandes eventos de El Niño.
No todos los eventos de El Niño son iguales. La ubicación del calentamiento en el Pacífico tropical puede modificar la circulación atmosférica y explicar por qué sus efectos sobre las lluvias en Chile varían de un episodio a otro.
Durante los primeros días de junio de 2026, la Península Antártica registró temperaturas excepcionalmente altas para la época del año. ¿Qué tan extraordinario fue este episodio y qué condiciones atmosféricas permitieron que ocurriera?
Aunque junio dejó un importante déficit de precipitaciones, la historia climática muestra que el acumulado hasta mediados de invierno aún no define, por sí solo, cómo terminará el año.
La temperatura superficial del mar alcanzó un nuevo récord global a fines de junio, confirmando una tendencia de océanos excepcionalmente cálidos, impulsada por el calentamiento global y reforzada por el desarrollo de un nuevo episodio de El Niño.
Una extensa banda de tormentas rodea el hemisferio sur y guía el paso de los sistemas frontales que llevan la mayor parte de las lluvias a Chile. Conocer cómo funciona el storm track permite entender la variabilidad de los inviernos en el país.
Aunque pueda parecer una contradicción, las nubes pueden hacer que una noche de invierno sea más cálida y, al mismo tiempo, que un día de verano sea más fresco. La explicación está en cómo regulan el intercambio de energía entre la Tierra, la atmósfera y el espacio.
De acuerdo con diferentes variables pronosticadas para los próximos meses, se identifica una señal asociada al evento de El Niño actual y que tendría repercusiones en el centro y sur de Chile.
Te explicamos cómo una combinación de ondas atmosféricas, diferencias de presión y la imponente barrera de los Andes permite que el aire polar avance miles de kilómetros hasta el corazón de Sudamérica.