El calentamiento del mar desempeñó un papel importante en uno de los eventos de precipitación más intensos de Europa en los últimos años.
El calentamiento del mar desempeñó un papel importante en uno de los eventos de precipitación más intensos de Europa en los últimos años.
Los pronósticos del tiempo dependen de enormes cálculos realizados por supercomputadores que necesitan mucha energía y, por lo tanto, emiten mucho CO2. La IA aparece como una alternativa prometedora, pero aún enfrenta desafíos importantes.
Parece muy probable que se desarrolle un evento de El Niño este año. La pregunta es qué tan intenso puede llegar a ser. ¿Será que tendremos otro evento extraordinario? Averígualo aquí.
El verano recién terminado estuvo marcado por temperaturas sobre lo normal en la zona central, pero no llegaron a los valores observados en veranos anteriores.
Las variaciones en la salinidad del Pacífico occidental pueden reforzar El Niño, amplificando su intensidad y aumentando la probabilidad de eventos extremos.
La gran mayoría de los pronósticos indican condiciones de El Niño para este año 2026. Saber distinguir las limitantes y consideraciones que tiene cada pronóstico es muy importante a la hora de interpretarlos correctamente.
Un fuerte calentamiento frente a la costa de Perú eleva las alarmas ante el eventual desarrollo de un evento El Niño Costero. ¿Qué señales tenemos del fenómeno?
Los incendios del verano en el sur de Sudamérica no solo arrasaron miles de hectáreas, sino que también pusieron en riesgo bosques milenarios. Un nuevo estudio apunta al cambio climático como factor clave en estas condiciones extremas.
Anomalías en la temperatura superficial del mar podrían estar influyendo en la humedad, las precipitaciones o incluso en las temperaturas nocturnas, generando un entorno más cálido e inestable en zonas costeras.
El frío extremo en el hemisferio norte y las lluvias persistentes en Europa han marcado las últimas semanas. Lejos de ser una contradicción, estos contrastes reflejan un clima cada vez más extremo y variable, gobernado por el calentamiento global acelerado.
Las tormentas eléctricas son un fenómeno poco común en la climatología chilena. Y es aún menos común que una tormenta sea tan intensa como para entrar entre las más intensas del mundo durante un día.
La métrica corrige el sesgo provocado por el calentamiento global, por lo que refleja mejor los cambios reales en la precipitación y la circulación atmosférica, lo que mejora la capacidad predictiva de los fenómenos meteorológicos extremos.
Los datos muestran que hace poco más de una década hubo un cambio global en los patrones hídricos y que desde 2012 las sequías se han vuelto mucho más comunes.
En Perú se ha cambiado el estado de alerta ante un eventual evento de El Niño costero. Actualmente están en vigilancia.
La meteorología desempeña un papel muy importante en la propagación de los incendios forestales, pero los incendios también pueden alterar el tiempo atmosférico.
Frente a las costas de Chile, en las últimas semanas el mar se ha calentado hasta convertirse en uno de los "puntos calientes" del océano del hemisferio sur.
Nuevo estudio revela que Chile tiene dos "motores" de lluvia radicalmente distintos. Mientras en el norte las tormentas dependen de una "explosión" de humedad local, en el sur los ríos atmosféricos generan precipitaciones incluso sin vapor extremo.
La Oscilación Madden-Julian entrará en fase activa hacia finales de enero, aumentando la variabilidad atmosférica. Su evolución podría favorecer lluvias estivales en Chile central y aportar nuevas señales sobre el posible desarrollo de un evento El Niño durante el año 2026.
Las olas de calor en Chile central no aparecen “de la nada”: suelen gestarse semanas antes a partir de una combinación específica entre variabilidad tropical y perturbaciones atmosféricas, que juntas organizan la circulación favorable para el calor extremo.
Hasta ahora se pensaba que las estelas de condensación que se forman dentro de las nubes no tenían un gran impacto, o incluso que podían ayudar a enfriar la Tierra. Sin embargo, un nuevo estudio determinó que son responsables de una parte importante del calentamiento provocado por la aviación.