Tornados y gustnados: por qué se forman durante las tormentas y cómo distinguir estos peligrosos fenómenos

Aunque pueden parecer similares y causar daños importantes, tornados y gustnados se originan mediante procesos diferentes. Conoce cómo se forman estos remolinos y qué permite distinguirlos durante una tormenta severa.

Son muchos los fenómenos intensos que pueden generarse durante tormentas severas.
Son muchos los fenómenos intensos que pueden generarse durante tormentas severas.

Las tormentas severas pueden generar una gran variedad de fenómenos capaces de producir daños importantes, desde granizo y ráfagas intensas hasta corrientes descendentes y remolinos de distinta naturaleza. Entre ellos están los tornados, pero también otros fenómenos menos conocidos que pueden desarrollarse muy cerca del suelo.

Uno de ellos es el gustnado, un remolino asociado a las fuertes ráfagas que se desprenden de una tormenta. Aunque comparte algunas características visibles con un tornado, su mecanismo de formación, su relación con la nube y su evolución son diferentes. Entender esas diferencias ayuda a comprender mejor la variedad de fenómenos que pueden acompañar a una tormenta severa.

Tornados y gustnados: dos formas distintas de generar rotación

Un tornado es una columna de aire en rotación que se extiende desde la base de una nube de tormenta hasta el suelo. Puede desarrollarse en tormentas muy organizadas, como las supercélulas, aunque también existen tornados asociados a sistemas convectivos menos complejos. En todos los casos, la rotación forma parte de una circulación que conecta la tormenta con la superficie.

Imagen de un gustnado, remolino de viento que se forma cerca del suelo, asociado al frente de ráfagas de una tormenta. Aunque puede parecer un tornado, su mecanismo de formación es diferente. Crédito: NWS/NOAA.
Imagen de un gustnado, remolino de viento que se forma cerca del suelo, asociado al frente de ráfagas de una tormenta. Aunque puede parecer un tornado, su mecanismo de formación es diferente. Crédito: NWS/NOAA.

El gustnado, en cambio, nace mucho más cerca del suelo. Se forma normalmente a lo largo de un frente de ráfaga, donde el aire frío que desciende desde una tormenta se expande horizontalmente y puede generar pequeños vórtices. Esa rotación queda concentrada principalmente en niveles bajos y no está conectada con una circulación rotatoria en la base de la nube.

Por eso, aunque ambos pueden producir una columna visible de polvo o escombros y generar vientos lo suficientemente intensos como para causar daños, su origen dinámico es diferente: en el tornado la rotación está vinculada a la propia tormenta, mientras que en el gustnado aparece en el límite del aire que sale de ella.

Distintas características, pero ambos pueden generar daños

La intensidad y duración de tornados y gustnados pueden ser muy diferentes. Los tornados abarcan un rango enorme: algunos duran apenas unos minutos y producen daños menores, mientras que los más intensos pueden mantenerse durante decenas de minutos, recorrer varios kilómetros y generar vientos extremadamente destructivos.

Los gustnados suelen ser más pequeños, breves y superficiales, pero eso no significa que sean inofensivos. Sus fuertes vientos pueden levantar escombros, derribar ramas, dañar techumbres o afectar estructuras livianas, especialmente cuando se desarrollan sobre zonas pobladas.

Durante tormentas severas, un episodio de viento destructivo no necesita necesariamente ser un tornado.

Ráfagas intensas, corrientes descendentes y otros fenómenos asociados a una tormenta también pueden producir daños significativos, por lo que entender qué procesos están actuando es importante para caracterizar correctamente cada evento.