El copao es más que una fruta ácida: así se adapta al desierto y se convierte en superalimento natural
Entre el sol, la sal y la sequía del norte chileno, una fruta ácida y brillante guarda el secreto de la resistencia. El copao transforma el desierto en fuente de frescura y vida.

A simple vista, parece imposible que algo tan verde y jugoso nazca entre las piedras y el sol abrasador del norte chico. Pero ahí está: el copao (Eulychnia acida), un cactus que desafía al desierto con la misma calma con que abre sus flores blancas cada verano.
Sin embargo, detrás de ese gusto punzante hay una historia mucho más profunda: la de una planta que ha aprendido a vivir sin agua, protegerse del sol extremo y ofrecer un fruto lleno de minerales esenciales. Hoy, ese mismo fruto comienza a ser reconocido como un superalimento chileno con potencial global.
Maestría vegetal: cómo el copao sobrevive al sol y la sequía
En las zonas áridas entre Coquimbo y Atacama, el copao ha perfeccionado un conjunto de estrategias para resistir condiciones que serían letales para la mayoría de las plantas. Sus tallos suculentos almacenan agua durante meses, mientras una capa cerosa reduce la evaporación.

A falta de hojas, son esos tallos los que realizan la fotosíntesis, abriéndose a la noche para captar CO₂ sin perder humedad durante el día. Este mecanismo, llamado fotosíntesis CAM, es una obra maestra de eficiencia biológica.
Su piel, cubierta de espinas finas y dispuestas en espiral, refleja parte de la radiación solar intensa y ayuda a disipar el calor. En lugar de depender de lluvias, el copao aprovecha la camanchaca costera, esa neblina que trae el océano cada amanecer. Gracias a microestructuras en su superficie, condensa diminutas gotas de agua que luego absorbe lentamente, logrando hidratarse en los lugares más inhóspitos.
Un fruto ácido con un potencial enorme
El fruto del copao no tiene la dulzura de una frutilla ni el color intenso de un arándano, pero supera a ambos en contenido de minerales y antioxidantes. Su pulpa translúcida, rica en vitamina C, polifenoles y betalaínas, ayuda a neutralizar los efectos del sol y del calor sobre el cuerpo. Por su alto contenido de potasio, magnesio y calcio, actúa como una bebida isotónica natural, comparable a un agua de coco o un jugo de naranja, pero nacida del desierto.

Su sabor, entre ácido y refrescante, similar al del kiwi, lo hace perfecto para jugos, néctares o postres. Investigadores del INIA y universidades chilenas han comprobado su alta capacidad antioxidante, lo que lo posiciona como uno de los frutos más prometedores de los climas áridos del planeta. A diferencia de otros cultivos tropicales, el copao no necesita riego constante ni suelos fértiles: basta con sol y aire seco para prosperar.
Del olvido rural al laboratorio: el renacer del copao
Durante décadas, el copao fue un secreto del norte chico, conocido solo por las comunidades locales que lo cosechaban con pinzas y guantes para esquivar las espinas. Hoy, la ciencia y el emprendimiento chileno están redescubriendo su potencial.
Desde proyectos de liofilización y extracción de compuestos bioactivos hasta bebidas naturales que reemplazan los electrolitos sintéticos, el copao está pasando de los cerros áridos a los laboratorios y tiendas gourmet. Su cultivo, además, requiere poca agua y se adapta a zonas degradadas, lo que lo convierte en un modelo de producción resiliente frente al cambio climático.
En un país donde el agua es cada vez más escasa, el copao encarna una idea poderosa: no todo futuro verde necesita ser húmedo. A veces, la innovación florece justo donde la vida parece imposible.