La primavera también comienza bajo tierra: cómo el clima activa las raíces de las especies vegetales
El aumento de la radiación y las temperaturas modifica el suelo en primavera. Con humedad suficiente, las plantas activan procesos fisiológicos que estimulan el crecimiento de las raíces y aumentan progresivamente su demanda de agua y nutrientes.

A medida que avanza septiembre, aumenta la radiación solar que recibe el suelo. Parte de esa energía se transforma en calor y eleva progresivamente su temperatura, desde las capas superficiales hacia sectores más profundos donde se desarrolla el sistema radicular.
Este calentamiento no ocurre de manera uniforme. La textura, humedad, cobertura y compactación determinan cómo se distribuye el calor en profundidad. Por ello, las raíces ubicadas a diferentes profundidades pueden experimentar condiciones térmicas distintas.
Cuando la temperatura del suelo alcanza condiciones favorables para una especie, aumenta la actividad metabólica de las raíces. Las células requieren energía para dividirse y elongarse, permitiendo la formación de nuevos tejidos y la exploración de un mayor volumen de suelo.
Del calentamiento del suelo a la respuesta hormonal
Este proceso no es solamente físico. También se desencadenan respuestas fisiológicas que coordinan el crecimiento de toda la planta.
De esta manera, lo que ocurre bajo el suelo y sobre él forma parte de un mismo sistema. Las condiciones ambientales pueden modificar la producción, transporte y acción de estas señales hormonales, regulando la forma en que la planta distribuye sus recursos durante el crecimiento.
Las lluvias cambian el escenario
La temperatura, sin embargo, no actúa sola. Los sistemas frontales que podrían afectar a distintas zonas de Chile durante mediados de septiembre pueden modificar rápidamente la humedad del perfil del suelo.
Una cantidad adecuada de agua favorece la actividad radicular y facilita el transporte de nutrientes. Pero cuando el suelo permanece saturado, el agua ocupa los espacios porosos que normalmente contienen aire y disminuye la disponibilidad de oxígeno para las raíces.

Por eso, un suelo más húmedo no necesariamente significa un mayor crecimiento radicular. La respuesta dependerá de la extracción de agua por parte de la planta, como también del equilibrio entre temperatura, agua y las características físicas de cada suelo.
El “flush” radicular: cuando las raíces aceleran su crecimiento
Cuando las condiciones ambientales y fisiológicas son favorables, algunas especies presentan períodos de intensa producción de raíces nuevas, conocidos como flush radicular.
Durante un flush, el aumento de raíces finas amplía la superficie de contacto con el suelo, coincidiendo con una etapa en que la parte aérea también comienza a demandar mayores recursos para producir hojas, flores y frutos.
Cuando las raíces se activan, también cambia la fertilización
La actividad radicular tiene una consecuencia práctica: la fertilización debe considerar cuándo la planta posee capacidad para absorber y utilizar los nutrientes disponibles.
Esto no significa aplicar más fertilizante. Si las raíces están limitadas por compactación, exceso de agua o falta de oxígeno, aumentar la dosis no solucionará el problema.

Por ello, observar la evolución de las temperaturas, las lluvias y la humedad del suelo puede ayudar a interpretar qué ocurre bajo la superficie y a sincronizar mejor el manejo de agua y nutrientes.
Mientras la primavera se hace visible en nuevos brotes, hojas y flores, otro proceso fundamental ocurre bajo nuestros pies: la radiación calienta el suelo, las raíces aumentan su actividad y la planta comienza a construir, desde abajo, la estructura que sostendrá la temporada agrícola.