Lluvias y viento ponen a prueba la producción de primores en los valles agrícolas del norte de Chile
Lluvias, viento y tormentas ponen a prueba los primores agrícolas del norte de Chile, especialmente en el valle de Azapa. El inusual episodio de precipitaciones podría afectar cultivos, infraestructura y condiciones fitosanitarias durante una etapa clave para el abastecimiento de hortalizas frescas en invierno.

La llegada de una baja segregada al norte de Chile está dejando precipitaciones, viento, tormentas eléctricas y probabilidad de granizo en una zona donde la agricultura se desarrolla bajo condiciones extremadamente áridas.
El evento ocurre, además, durante una época clave para los llamados primores, cultivos que permiten abastecer de hortalizas frescas al mercado nacional durante el invierno, cuando la producción de la zona central disminuye.
El principal foco de atención está en el valle de Azapa, en la Región de Arica y Parinacota. Durante agosto y septiembre se encuentran en producción cultivos como tomate bajo malla o invernadero, pimentones, zapallo italiano y poroto verde, además de cítricos, paltos y olivos. La zona destaca especialmente por el tomate de consumo fresco y la tradicional aceituna de Azapa.
Una lluvia poco habitual para una agricultura desértica
Según datos de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC) al 19 de agosto, la estación Chacalluta, en Arica, acumula 15,1 mm, frente a una normal de 1,8 mm a la fecha, lo que representa un superávit de un 738,9 %. El acumulado también supera más de seis veces la normal anual de 2,3 mm.
Mientras que en Cerro Moreno, Antofagasta, se han registrado 15,8 mm, frente a una normal de 3,6 mm a la fecha, equivalente a un superávit de un 338,9 %. El monto acumulado representa, además, cerca de 3,6 veces la normal anual de 4,4 mm.

Aunque estas cantidades pueden parecer bajas frente a los acumulados de las regiones lluviosas del país, adquieren otra dimensión en el desierto del norte.
En Azapa, estos efectos podrían complicar labores agrícolas y afectar caminos, canales y sectores cultivados. A ello se suma el viento asociado a la baja segregada, que puede dañar mallas, cubiertas e invernaderos y provocar quiebres de brotes, caída de flores o frutos y lesiones mecánicas.
La humedad también modifica el riesgo fitosanitario
El impacto no dependerá solamente de la cantidad de agua acumulada. La combinación de agua libre sobre hojas y frutos, mayor humedad relativa y temperaturas todavía templadas puede generar condiciones favorables para enfermedades fúngicas y bacterianas.
En tomate, pimentón, zapallo italiano y otras hortalizas de alto valor comercial, la aparición de manchas o pudriciones podría disminuir la calidad y condición de venta. Sin embargo, la respuesta no será igual en todos los predios.
En el valle de Lluta, donde destacan maíz choclero, cebolla, ajo y alfalfa, la respuesta puede ser diferente debido a las condiciones de salinidad y presencia de boro. En la Región de Antofagasta, en tanto, la escasa superficie agrícola está destinada principalmente a alfalfa y otras plantas forrajeras, además de sistemas de menor escala en sectores del Loa y Quillagua.
Ante este escenario, revisar drenajes y estructuras de protección, monitorear los cultivos y reforzar la vigilancia fitosanitaria después de las precipitaciones serán medidas relevantes para reducir eventuales pérdidas. La magnitud definitiva del impacto podrá evaluarse una vez concluido el evento.
En una agricultura que aprovecha el desierto para producir en invierno, los 15,1 mm de Chacalluta y 15,8 mm de Cerro Moreno, superiores a sus normales anuales, reflejan la excepcionalidad y el desafío para mantener la producción de primores chilenos.
Referencia de la noticia
DMC. (2026). Informe Climatológico Diario Nacional (agosto).