Micorrizas: la sorprendente alianza entre hongos y raíces que está revolucionando la agricultura
Ocultas bajo el suelo, las micorrizas llevan millones de años ayudando a las plantas a prosperar. Hoy, la ciencia vuelve a poner el foco en esta extraordinaria alianza natural.

Cuando pensamos en el crecimiento de una planta, solemos fijarnos en sus hojas, flores o frutos. Sin embargo, gran parte de lo que determina su desarrollo ocurre bajo la superficie del suelo, donde raíces y microorganismos mantienen una intensa actividad.
Entre ellos existe una asociación que acompaña a las plantas desde hace más de 400 millones de años y que hoy despierta un creciente interés entre agricultores, investigadores y aficionados a la jardinería: las micorrizas, una alianza natural entre ciertos hongos del suelo y las raíces.
Comprender cómo funcionan ayuda a explicar por qué la ciencia las considera una de las herramientas biológicas más prometedoras para avanzar hacia una agricultura más eficiente y sostenible.
Una alianza tan antigua como las primeras plantas
Mucho antes de que existieran los cultivos, los bosques modernos o las plantas con flores, algunos de los primeros vegetales que colonizaron la tierra firme ya mantenían una estrecha relación con hongos del suelo.
Los registros fósiles y diversos estudios evolutivos indican que esta relación fue clave para facilitar la absorción de agua y nutrientes en un ambiente mucho más exigente que el medio acuático del que provenían sus antepasados.
Su éxito ha sido tal que hoy se estima que más del 80 % de las especies vegetales terrestres forman algún tipo de micorriza, desde árboles forestales hasta numerosos cultivos agrícolas y plantas ornamentales.
La extraordinaria red de las hifas
Las micorrizas son una simbiosis, es decir, una asociación en la que tanto el hongo como la planta obtienen beneficios.

Mientras el hongo recibe parte de los azúcares producidos por la fotosíntesis, la planta amplía enormemente su capacidad para explorar el suelo.
Como resultado, la planta accede con mayor facilidad a agua y nutrientes poco móviles, especialmente fósforo, pero también nitrógeno, zinc, cobre y otros minerales esenciales para su desarrollo.
Una aliada para una agricultura más sostenible
El renovado interés por las micorrizas responde a la necesidad de producir alimentos de manera más eficiente y con un menor impacto ambiental.

Diversos estudios muestran que, en determinadas condiciones, las plantas micorrizadas pueden mejorar la absorción de agua y nutrientes, establecerse con mayor éxito tras el trasplante y tolerar mejor algunos periodos de estrés hídrico.
Además, las hifas contribuyen a mejorar la estructura del suelo al favorecer la formación de agregados estables, lo que facilita la infiltración del agua, mejora la aireación y ayuda a disminuir la erosión. Por ello, hoy forman parte de numerosas investigaciones en agricultura regenerativa, fruticultura, producción forestal y restauración de ecosistemas.
¿Cómo se utilizan en la práctica?
Actualmente, existen inoculantes comerciales que contienen hongos micorrícicos y que se comercializan en polvo, gránulos, geles o formulaciones líquidas. Su aplicación busca que las esporas entren en contacto directo con las raíces, normalmente durante la plantación o el trasplante, momento en que la simbiosis se establece con mayor facilidad.
Los mejores resultados suelen obtenerse en plantas producidas en vivero, árboles y arbustos recién establecidos, frutales, especies forestales y proyectos de restauración de suelos degradados. En cambio, en jardines antiguos o suelos con una microbiología bien conservada, muchas plantas ya mantienen asociaciones naturales, por lo que incorporar nuevos inoculantes no siempre genera diferencias apreciables.
No son una solución para todo
Aunque las micorrizas benefician a la mayoría de las plantas terrestres, existen excepciones importantes. Las especies de la familia Brassicaceae, como repollos, coliflores, brócolis o rábanos, forman pocas o ninguna asociación micorrícica, por lo que estos inoculantes suelen aportar beneficios limitados.

Además, su eficacia depende del estado del suelo, de la especie cultivada y del manejo agrícola. Mantener una buena estructura, incorporar materia orgánica y favorecer la biodiversidad del suelo sigue siendo fundamental para obtener buenos resultados.
Más que una tecnología nueva, las micorrizas representan el redescubrimiento de una estrategia que la naturaleza lleva perfeccionando desde hace cientos de millones de años. Comprender cómo funciona esta relación entre hongos y raíces permite aprovechar mejor uno de los procesos biológicos más importantes y también más invisibles de la vida vegetal.