No solo la lluvia dejó efectos: las fuertes rachas de viento pusieron a prueba a frutales y cultivos

Tras el paso del sistema frontal por la zona central de Chile, las intensas ráfagas de viento cobraron protagonismo junto con las lluvias, poniendo a prueba frutales y cultivos en etapas críticas de desarrollo y evidenciando su impacto sobre la producción agrícola.

El uso de mallas y coberturas temporales ayuda a reducir los daños provocados por lluvias intensas y fuertes ráfagas de viento, protegiendo el desarrollo de los cultivos.
El uso de mallas y coberturas temporales ayuda a reducir los daños provocados por lluvias intensas y fuertes ráfagas de viento, protegiendo el desarrollo de los cultivos.

El paso del sistema frontal que ingresó el 5 de agosto marcó un escenario con fuertes rachas de viento en gran parte de la zona central y centro-sur del país. Si bien la intensidad varió según la ubicación, las condiciones más severas se registraron entre las regiones del Maule y Biobío.

Asimismo, los sectores agrícolas de Valparaíso y la Región Metropolitana experimentaron rachas próximas a los 50 km/h, obligando a muchos productores a reforzar el monitoreo de sus cultivos e infraestructura.


La intensidad del viento influye directamente en procesos fisiológicos como la polinización, el crecimiento de brotes y el desarrollo inicial de flores y frutos.

Aunque los efectos más visibles de un temporal suelen asociarse a árboles caídos o daños en caminos y viviendas, en la agricultura las consecuencias muchas veces pasan inadvertidas en una primera evaluación. Los episodios de esta magnitud pueden repercutir en el desempeño productivo de la temporada.

Los frutales enfrentan su etapa más vulnerable al viento

Durante agosto, numerosos cultivos de la zona central se encuentran en fases críticas de desarrollo. En la Región de O’Higgins, uno de los principales polos frutícolas del país, especies como cerezo, ciruelo y nectarino avanzan en brotación y floración.

En tanto, en los valles agrícolas del Maule y Ñuble, donde se concentra una importante superficie frutícola, las fuertes ráfagas incrementaron el riesgo de daños mecánicos sobre tejidos jóvenes, sistemas de conducción y estructuras productivas.

Sistema frontal que comenzó el 5 de agosto en la zona central con intensas precipitaciones y fuertes ráfagas de viento, afectando especialmente las regiones del Maule, Ñuble y Biobío.
Sistema frontal que comenzó el 5 de agosto en la zona central con intensas precipitaciones y fuertes ráfagas de viento, afectando especialmente las regiones del Maule, Ñuble y Biobío.

Si bien una circulación moderada del aire favorece la ventilación de los cultivos y reduce la humedad sobre el follajelimitando condiciones propicias para algunas enfermedades—, cuando la velocidad del viento aumenta, comienzan las restricciones para diversas labores agrícolas.

¿Cómo afecta el viento a las labores agrícolas?

En aplicaciones fitosanitarias, velocidades superiores a 10 o 15 km/h ya dificultan una distribución uniforme del producto, especialmente cuando se utilizan gotas finas o existen condiciones que favorecen la deriva. Sobre los 20 km/h, la eficiencia de los tratamientos disminuye considerablemente, ya que parte del producto puede desplazarse fuera del área objetivo.

Cuando las velocidades superan los 30 km/h, aumenta el riesgo de daños mecánicos, como el quiebre de brotes jóvenes, el movimiento excesivo de ramas y el desprendimiento de estructuras florales. En episodios con rachas entre 50 y 60 km/h, como las registradas durante este sistema frontal en distintos sectores del centro del país, también pueden verse comprometidos tutores, espalderas, mallas e incluso invernaderos.

La floración constituye una de las etapas más vulnerables frente al viento. Las ráfagas intensas reducen la actividad de abejas y otros insectos polinizadores y pueden afectar la estabilidad de las estructuras reproductivas.

En especies como almendro, cerezo, manzano, peral y kiwi, estas condiciones disminuyen la transferencia de polen entre flores y pueden comprometer el cuajado de frutos. Las hortalizas tampoco escapan a estos efectos: cultivos de hoja como lechuga, acelga y espinaca pueden presentar rasgaduras y deshidratación, mientras que tomate y pimiento son susceptibles a quiebres de tallos, caída de flores y daños por roce entre frutos y ramas.

Aunque todavía no existe un balance oficial sobre eventuales daños en el sector agrícola, tras el paso del sistema frontal comenzaron las evaluaciones en terreno para verificar el estado de huertos, cultivos e infraestructura productiva.

En un escenario donde los eventos meteorológicos extremos adquieren cada vez mayor relevancia, este tipo de inspecciones permite dimensionar el impacto del viento y definir oportunamente las labores de recuperación y manejo para reducir sus efectos sobre la temporada.