El océano mostró su fuerza desde el espacio: una ola de casi 20 metros fue registrada por un satélite
Un satélite captó desde la órbita una ola gigante generada por la tormenta Eddie en el Pacífico Norte. El hallazgo no solo impresiona por su tamaño; también revela cómo la energía del océano puede viajar miles de kilómetros y afectar zonas muy lejanas.

El océano todavía guarda escenas que parecen sacadas de una película, pero que ocurren lejos de cámaras, costas, puertos y costas habitadas. Una de ellas fue registrada desde el espacio: una ola de casi 20 metros de altura, equivalente a un edificio de unos seis pisos, fue medida en mar abierto durante una tormenta en el Pacífico Norte.
El registro fue realizado por el satélite SWOT, una misión conjunta de la NASA y la agencia espacial francesa CNES. Su objetivo es estudiar la superficie del agua con una precisión inédita, permitiendo observar no solo el nivel del mar, sino también detalles de las olas, sus direcciones y la forma en que transportan energía a través del planeta.
La tormenta Eddie y una ola que hizo historia
El fenómeno ocurrió el 21 de diciembre de 2024, durante el punto más intenso de la tormenta Eddie en el Pacífico Norte. En ese momento, el satélite SWOT pasó cerca del corazón del sistema y logró medir una altura significativa de ola de 19,7 metros.
Antes de este registro, otros satélites ya habían medido olas desde 1991, pero ninguno había superado con claridad ese umbral en mar abierto. Esto no significa que nunca hayan existido olas mayores, sino que observarlas justo en el momento y lugar adecuados es extremadamente difícil. El océano es enorme, las tormentas son móviles y los satélites no siempre pasan por el centro de la acción.
Ahí está parte de la importancia de SWOT. A diferencia de mediciones más limitadas, este satélite puede mapear franjas amplias de la superficie oceánica y entregar una imagen mucho más completa de lo que ocurre en zonas remotas, donde casi no hay boyas, barcos ni instrumentos disponibles.
La energía del océano viajó miles de kilómetros
Lo más sorprendente no fue solo la altura de la ola, sino el recorrido de su energía. Las olas generadas por la tormenta Eddie se transformaron en marejadas capaces de desplazarse enormes distancias después de que el sistema comenzara a debilitarse.
Según los datos analizados, esa energía viajó aproximadamente 24.000 kilómetros. Partió desde el Pacífico Norte, avanzó por el océano, cruzó el Paso Drake entre Sudamérica y la Antártida, y terminó alcanzando sectores del Atlántico tropical. Es decir, una tormenta muy lejana pudo dejar una huella física en regiones ubicadas al otro lado del planeta.

Este comportamiento convierte a las marejadas en verdaderas “mensajeras” de las tormentas. Aunque un sistema no toque tierra directamente, puede enviar su energía a través del mar y generar oleaje peligroso en costas remotas. Por eso, mirar el océano desde el espacio no es solo una curiosidad científica: también puede mejorar la seguridad marítima.
Por qué este hallazgo importa para la navegación y las costas
Las olas extremas representan un riesgo para buques de carga, plataformas marinas, cables submarinos, puertos y comunidades costeras. Conocer mejor dónde se forman, cómo se propagan y cuánta energía transportan permite mejorar los modelos de pronóstico y tomar mejores decisiones en el mar.

El estudio también ayudó a detectar un problema importante: algunos modelos estaban sobreestimando la energía de ciertas olas largas. Gracias a las mediciones directas de SWOT, los investigadores pueden ajustar esas simulaciones y hacerlas más realistas. En la práctica, eso podría traducirse en pronósticos más confiables para rutas marítimas, operaciones portuarias y actividades costeras.
El cambio climático también aparece como una pregunta inevitable. Océanos más cálidos pueden almacenar más energía y favorecer tormentas más intensas, pero los científicos advierten que no todo se explica por un solo factor. La trayectoria de las tormentas, la topografía del fondo marino y la variabilidad natural también influyen en la formación de olas gigantes.
Por ahora, esta “pared de agua” medida desde el espacio deja una lección clara: el océano aún tiene fuerzas difíciles de imaginar desde tierra firme. Y mientras más precisas sean las observaciones, mejor podremos entender esos movimientos invisibles que nacen en medio del mar y pueden viajar por todo el planeta.
Referencias de la noticia
ESA. Los satélites revelan la fuerza del oleaje oceánico.
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