El último gran El Niño prometía lluvias históricas en Chile, pero ¿qué fue lo que realmente ocurrió?

Pese a la extraordinaria intensidad alcanzada por el súper El Niño de 2015–2016, las precipitaciones observadas en Chile central estuvieron lejos de los impactos históricamente asociados a eventos de esta magnitud.

Las lluvias en Chile central durante el último gran evento de El Niño no cumplieron con las espectivas.
Las lluvias en Chile central durante el último gran evento de El Niño no cumplieron con las espectivas.

El último gran evento de El Niño ocurrió entre 2015 y 2016. Aunque inicialmente se esperaba su desarrollo en 2014, el evento no se desarrolló hasta 2015, intensificándose muy rápidamente ese mismo año.

Se trató de un evento extraordinariamente intenso: en su máximo desarrollo, a fines de 2015, el índice oceánico relativo de El Niño (RONI) superó los 2 °C durante cinco trimestres consecutivos, entre SON de 2015 y DEF de 2015-16. El valor máximo se registró durante NDE, alcanzando 2.4 °C.

A diferencia de 2015, el evento actual presenta anomalías relativamente menores de la temperatura superficial del mar (SST). Durante FMA de 2026, el RONI alcanzó un valor de -0.5 °C, mientras que para el mismo trimestre de 2015 el índice ya se encontraba cerca de 0.5 °C. Pese a ello, las anomalías actuales han mostrado una intensificación rápida en los últimos meses.

Como una de las principales consecuencias de El Niño en Chile central suele ser el aumento de las precipitaciones, revisaremos la evolución de las lluvias durante el gran evento de 2015-2016. Analizar ese episodio podría entregar algunas pistas sobre lo que eventualmente podría ocurrir durante este 2026.

Déficit anual a pesar de El Niño

A pesar de ser uno de los eventos de El Niño más intensos de la historia, en Chile no se tradujo en un aumento significativo de las precipitaciones. Al menos no como se esperaba; muy lejos de lo ocurrido en eventos intensos de El Niño, como en 1997.

Gran parte de las estaciones a lo largo de Chile registraron valores dentro del rango normal o ligeramente por debajo. Sin embargo, dentro del año hubo mucha variabilidad, con periodos secos y otros lluviosos que sí se parecieron más a los años típicos de El Niño.

Aunque el año cerró con lluvias normales o algo bajo lo habitual en gran parte de Chile, no fue parejo: tuvo meses muy lluviosos, especialmente en el sur y extremo austral, que recordaron el pulso típico de El Niño.

En la zona sur, por ejemplo, mayo, julio y agosto fueron más bien lluviosos; mientras el resto del año fue más seco. En el extremo austral, mayo, junio y julio fueron muy lluviosos, lo cual no se repitió en el resto de los meses.

Anomalías mensuales de precipitación (expresadas en porcentaje) entre enero de 2015 y diciembre de 2016 para un grupo de estaciones meteorológicas de la DMC. Periodo de referencia: 1991-2020. Fuente de datos: DMC.
Anomalías mensuales de precipitación (expresadas en porcentaje) entre enero de 2015 y diciembre de 2016 para un grupo de estaciones meteorológicas de la DMC. Periodo de referencia: 1991-2020. Fuente de datos: DMC.

En la zona central, donde la señal de El Niño suele ser más intensa durante el invierno (trimestre junio-julio-agosto), el comienzo del invierno 2015 fue escaso en precipitaciones. Tanto mayo como junio fueron muy secos. Posteriormente, julio mostró señales de recuperación, pero aun así por debajo de lo normal.

En 2015, Chile central vivió un giro inesperado: el periodo más lluvioso no llegó en pleno invierno, sino entre agosto y octubre, con una primavera inusualmente pasada por agua.

El periodo que sí fue lluvioso en Chile central durante 2015 fue de agosto a octubre. Fue una suerte de invierno tardío y primavera lluviosa. Agosto fue el único mes invernal con una señal claramente lluviosa en la zona central y la primavera fue inusualmente lluviosa. Esta variación del patrón esperado pudo estar relacionada con distintos factores, entre ellos, la variabilidad intraestacional.

El rol de la variabilidad intraestacional

Como es sabido, la variabilidad intraestacional puede contrarrestar la señal de El Niño, haciendo que los impactos esperados de este no se manifiesten con claridad. Si las lluvias respondieran exclusivamente a El Niño, el año 2015 habría sido muy lluvioso en Chile central, de manera similar al año 1997. Pero no fue así.

Durante 2015, la Oscilación Antártica (AAO) fue mayormente positiva, lo cual es lo contrario a lo observado en eventos grandes de El Niño anteriores, en los que la AAO había estado mayormente negativa. Por su parte, la Oscilación Madden-Julian (MJO) tuvo sólo un par de transiciones entre las fases 7 y 8 (las fases generalmente asociadas con más precipitaciones) durante el invierno.

Arriba: Evolución diaria de la precipitación durante 2015 (azul) y 2016 (naranjo) en comparación con un año promedio (negro) y el rango normal (sombreado gris). En rojo (1997) y púrpura (2023) se muestran dos años de El Niño. En gris claro, años entre 1960 y 2024. Centro: evolución diaria de la precipitación en la zona centro-norte de Chile durante 2015. Abajo: Evolución diaria del índice de Oscilación Antártica (azul) y Oscilación Madden-Julian (rojo). Fuente de datos: DMC, NOAA-CPC, IRIDL.
Arriba: Evolución diaria de la precipitación durante 2015 (azul) y 2016 (naranjo) en comparación con un año promedio (negro) y el rango normal (sombreado gris). En rojo (1997) y púrpura (2023) se muestran dos años de El Niño. En gris claro, años entre 1960 y 2024. Centro: evolución diaria de la precipitación en la zona centro-norte de Chile durante 2015. Abajo: Evolución diaria del índice de Oscilación Antártica (azul) y Oscilación Madden-Julian (rojo). Fuente de datos: DMC, NOAA-CPC, IRIDL.

Los dos periodos más lluviosos de la temporada fría de 2015, en julio y agosto, se relacionan con la actividad de la MJO en fases favorables para las precipitaciones. Algo que también se había observado durante marzo, pero que posteriormente estuvo ausente.

Por su parte, la primavera estuvo marcada por una AAO de menor intensidad e incluso en fase negativa. Quizás ayudando a que la señal de El Niño sí se sintiera durante esa temporada.

Estos elementos muestran lo complejo de las interacciones entre El Niño, los modos de variabilidad intraestacional y el hecho de que un evento así de extraordinario puede no tener los impactos esperados.

El Niño 2015-16 nos había hecho perder las esperanzas. En plena megasequía parecía que ni un super Niño iba a hacer llover lo suficiente en Chile central. Curiosamente, varios años después, en 2023, un evento de El Niño de bastante menor magnitud dejó impactos mayores.

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