Estelas de condensación de aviones favorecen el calentamiento global

La formación de estelas de condensación por parte de los aviones es responsable de un mayor calentamiento que el generado por la emisión de dióxido de carbono de estos. Y cada vez hay más vuelos a nivel global.

Aviacion
La aviación explica hasta el 5% del calentamiento global. Las estelas de condensación aportan a ese efecto.

Muchas de las actividades humanas tienen fuerte impacto sobre el medio ambiente, en diversas formas. Una de ellas es la aviación, que a diario entrega a la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono. A pesar de que los medios de transporte están gradualmente cambiando su fuente de generación de energía, es muy probable que la aviación no lo haga en el corto tiempo.

Pero más allá de la contaminación generada por el aporte de CO2, recientes estudios han demostrado que las estelas de condensación generadas por los aviones pueden tener un impacto aún mayor sobre la circulación atmosférica. Ya en 2019, El País noticiaba que el calentamiento obtenido por las nubes desarrolladas sobre estelas de condensación podría triplicarse para 2050.

El aire propulsado por las turbinas de los aviones logra, en condiciones de humedad óptimas en el nivel de vuelo que se están desplazando, que el vapor de agua se condense o directamente se generen cristales de hielo, dando lugar a nubes. De acuerdo a las condiciones de circulación de cada momento, esas estelas de condensación pueden derivar en nubes que de otra forma no se hubieran desarrollado.

Hasta el 10 % de nubes generadas por aviones

Una investigación que en su momento se publicó en la revista Atmospheric Chemistry and Physics, estimó que las nubes desarrolladas por estelas de condensación contribuyen al cambio climático más que los propios gases de efecto invernadero que emiten los motores. En función del tráfico aéreo actual, y el estimado para las próximas décadas, de persistir el actual esquema energético del sector, la contribución al calentamiento global se triplicará en 2050 respecto a lo registrado en 2006.

Hoy sabemos que la aviación es responsable del 5% del forzamiento radiativo antropogénico, según indica Lisa Bock, del Instituto de Física Atmosférica (Alemania), en declaraciones a El País. El 40% del total de esa energía que no vuelve al espacio y contribuye al calentamiento global, corresponde al proceso energético detrás de la creación de las estelas de condensación de los aviones.

En resumen, con el tráfico aéreo multiplicándose seis veces, ese efecto podrá triplicarse hacia mitad de este siglo. Parece ser un esquema insostenible en el tiempo, aunque de momento no existen tecnologías a la vista que lo puedan modificar. Otro dato inquietante es que el tráfico aéreo es tan grande, que en un momento dado, el 0,61% del cielo a nivel global está cubierto por estelas desarrolladas por aviones. Pero en zonas de mayor tráfico aéreo, como el este de Europa o Estados Unidos, ese número puede superar el 10%.

Cada vez más aviones en el cielo

Como cierre a esta nota, es interesante repasar los números que hoy tenemos detrás de la actividad aeronáutica, tan necesaria para comunicarnos en el mundo globalizado en el que vivimos. Según datos aportados por Quartz, en cualquier momento que quisiéramos chequear, hay 14000 aviones en vuelo. Solo en 2019, el número total de vuelos comerciales superaron la barrera de los 39 millones.

Estelas de condensacion
Las estelas de condensación generan nubes de tipo cirrus que aportan al calentamiento global

En 2018 el aumento de la cantidad de vuelos alcanzó el 6,5% de acuerdo a datos de International Air Transport Association. Sobre las estelas de condensación, los niveles con temperaturas cercanas a los -40°C y con condiciones de estabilidad y humedad propicios son los mejores para su desarrollo.

Los niveles de aporte de CO2 a la atmósfera por parte de la aviación a nivel global superaron los 900 millones de toneladas métricas durante 2018. Todavía no se conoce ese valor para 2019, pero es posible que se haya superado en al menos un 5%. Las nubes formadas por cristales de hielo, como las que conforman a las estelas de condensación, atrapan el calor saliente y dejan pasar el entrante, lo que amplifica el aumento de la temperatura global.