Incendios forestales en Chile: por qué el cambio climático los vuelve más frecuentes y peligrosos
Los incendios forestales ya no son eventos aislados en Chile. El cambio climático, el uso del territorio y la acción humana están generando condiciones extremas que favorecen fuegos más rápidos, destructivos y complejos, poniendo en riesgo a comunidades, ecosistemas y sistemas de respuesta.

Los incendios forestales se han transformado en una de las principales amenazas ambientales y sociales del verano en Chile. Lejos de ser eventos aislados, hoy responden a una combinación cada vez más compleja entre cambio climático, ocupación del territorio y una alta incidencia de acción humana, configurando escenarios extremos difíciles de controlar.
Durante las últimas décadas, el país ha enfrentado temporadas marcadas por incendios de gran magnitud, como los registrados en 2017, 2023 y 2024. Estos episodios no solo han dejado pérdidas humanas y materiales, sino que también han puesto en evidencia que el modelo tradicional de combate del fuego resulta insuficiente frente a un clima más cálido, seco y variable.
Un clima cada vez más favorable para el fuego
Las condiciones meteorológicas juegan un rol clave en la propagación de incendios forestales. Altas temperaturas, baja humedad, vientos intensos y sequía acumulada generan un escenario ideal para que el fuego se inicie y se expanda con rapidez.
Aunque en algunos años se han registrado inviernos más lluviosos, esto no necesariamente reduce el riesgo. Por el contrario, las precipitaciones fuera de temporada favorecen el crecimiento de vegetación que luego se seca con el calor estival, aumentando la cantidad de biomasa combustible disponible.
Este patrón ha sido observado de forma recurrente en la zona centro-sur de Chile, donde se combinan olas de calor más frecuentes, vientos fuertes y extensas áreas de plantaciones forestales homogéneas.
La interfaz urbano-rural: el punto más vulnerable
Uno de los elementos más críticos es la expansión de la interfaz urbano-rural, es decir, las zonas donde viviendas y actividades humanas colindan directamente con áreas vegetadas. En Chile, más del 60 % de los incendios se origina en estos sectores, y más del 93 % tiene relación directa con la acción humana, ya sea por negligencia o intencionalidad.

Esta realidad aumenta la exposición al riesgo, ya que el fuego no solo encuentra abundante combustible, sino también infraestructura, personas y comunidades completas en su camino. El fenómeno no es exclusivo de Chile y se repite en países como Estados Unidos, Portugal y Australia, donde el cambio climático ha intensificado los incendios extremos.
Manejo Integrado del Fuego y paisajes resilientes
Desde la academia, se plantea que enfrentar este escenario requiere un cambio de enfoque. El Manejo Integrado del Fuego propone ir más allá del combate directo, incorporando prevención, preparación y adaptación, considerando factores ecológicos, sociales y territoriales.

El académico Mauro González, de la Universidad Austral de Chile e investigador del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), explica que Chile cuenta con experiencia, brigadas, tecnología y coordinación institucional, pero sigue enfrentando un problema estructural: paisajes altamente combustibles.
En varias comunas del centro-sur, más del 60 % del territorio corresponde a plantaciones forestales continuas. En condiciones de calor extremo y viento, el fuego se propaga con gran rapidez, dificultando cualquier estrategia de control. Frente a esto, se plantea avanzar hacia paisajes más diversos, donde distintos usos de suelo reduzcan la continuidad del combustible y limiten la intensidad de los incendios.
Información, coordinación y evacuación
Otra debilidad relevante es la gestión de la información durante las emergencias. La socióloga Gabriela Azócar de la Cruz, investigadora del CR2 y académica de la Universidad de Chile, advierte que persisten brechas en la comunicación entre autoridades y ciudadanía.
A diferencia de otros eventos extremos, como los tsunamis, los protocolos de evacuación por incendios forestales suelen ser poco específicos y dependen de decisiones tomadas en tiempo real. A esto se suma la fragilidad de las redes de comunicación, que pueden colapsar durante emergencias, dejando a comunidades sin información oportuna.
En este contexto, la experta destaca el rol estratégico de la radio y otros medios locales como canales clave para entregar instrucciones claras, rutas de evacuación y actualizaciones en tiempo real.
La evidencia muestra que los incendios forestales en Chile ya no son eventos excepcionales. En un escenario de cambio climático, reducir su impacto requiere no solo más recursos para el combate, sino también mejor planificación territorial, paisajes más resilientes, información clara y comunidades preparadas.
Referencias de la noticia
CR2. Los incendios catastróficos en Chile en un contexto de cambio climático.