Respirar aire limpio también ahorra dinero: menos enfermedades, más productividad y beneficios para el clima

La contaminación del aire afecta la salud, la productividad y las economías, pero nuevas evaluaciones muestran que combatirla junto al cambio climático puede generar beneficios mucho mayores.

Una jornada de mala calidad del aire puede cambiar decisiones tan simples como salir, hacer deporte o desplazarse por la ciudad.
Una jornada de mala calidad del aire puede cambiar decisiones tan simples como salir, hacer deporte o desplazarse por la ciudad.

Hay días en que una ciudad cambia sus rutinas porque el aire no está para salir. Se suspenden actividades al aire libre, se restringe la circulación vehicular y quienes tienen problemas respiratorios deben extremar los cuidados. Lo que parece una molestia puntual también tiene un costo que llega mucho más lejos.

Una evaluación que presentarán el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Climate and Clean Air Coalition (CCAC) pone el foco en una relación poco comentada: mejorar la calidad del aire también puede ser una buena decisión económica.

La contaminación también se paga en salud

El costo de respirar aire contaminado no siempre aparece en una cuenta. Puede ser una consulta médica, un medicamento, un día de trabajo perdido o un niño que debe quedarse en casa cuando la calidad del aire empeora.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), respirar aire contaminado, tanto en las calles como dentro de las viviendas, está relacionado con cerca de 7 millones de muertes prematuras cada año.

Los efectos tampoco se distribuyen de la misma manera. Embarazadas, niños, adultos mayores y personas que viven en comunidades vulnerables están entre quienes enfrentan mayores riesgos.

El costo también llega al trabajo y al bolsillo

Cuando una persona enferma por la exposición a contaminantes, puede necesitar atención médica, medicamentos o ausentarse de sus actividades habituales. A mayor escala, las enfermedades asociadas a la contaminación implican más presión sobre los sistemas de salud y menos horas de trabajo disponibles.

La contaminación del aire afecta la salud, la productividad y el bolsillo, mientras que reducir las emisiones permite avanzar hacia ciudades más limpias, saludables y habitables.
La contaminación del aire afecta la salud, la productividad y el bolsillo, mientras que reducir las emisiones permite avanzar hacia ciudades más limpias, saludables y habitables.

Para una familia puede ser un gasto inesperado; para una empresa, una jornada perdida; para un país, un costo que se multiplica por millones. Por eso, mejorar el aire implica reducir la contaminación que vemos o medimos y prevenir sus efectos sobre la salud y el clima.

Una misma decisión puede ayudar al aire y al clima

La relación con el cambio climático está, en buena parte, en las fuentes de emisión. La quema de combustibles fósiles y biomasa puede liberar contaminantes perjudiciales para la salud y, al mismo tiempo, gases de efecto invernadero.

Vehículos, calefacción y quema de residuos son fuentes distintas de emisiones que pueden terminar afectando tanto el aire como el clima.
Vehículos, calefacción y quema de residuos son fuentes distintas de emisiones que pueden terminar afectando tanto el aire como el clima.

Eso significa que algunas medidas pueden actuar sobre ambos problemas. Mejorar el transporte público, facilitar los desplazamientos a pie o en bicicleta, incorporar vehículos menos contaminantes y aumentar la eficiencia energética son algunos ejemplos.

También cuentan decisiones menos visibles, como utilizar sistemas más limpios para cocinar y calefaccionar, reducir la quema de residuos y mejorar la gestión de la basura.

El aire limpio también entra en las cuentas

Ese será uno de los focos del Día Internacional del Aire Limpio para Cielos Azules, que se conmemora el 7 de septiembre. El informe que presentarán PNUMA y la CCAC analiza 25 medidas, comparando sus costos y beneficios y buscando identificar qué cambios podrían facilitar su aplicación.

La pregunta de fondo es bastante concreta: si una medida puede reducir la contaminación, mejorar la salud y además contribuir a frenar el calentamiento del planeta, ¿cuánto vale realmente no hacerla?

La respuesta no será igual para todos los países ni para todas las ciudades. Pero la próxima vez que una alerta por mala calidad del aire cambie los planes del día, habrá una manera más amplia de mirar el problema.

Ese cielo gris que obliga a dejar el auto en casa o suspender una actividad también tiene consecuencias menos visibles. Respirar aire contaminado puede terminar costándonos salud, tiempo y dinero.

Referencia de la noticia

CCAC. (2026). 7º Día Internacional del Aire Limpio para cielos azules.