¿Se gastará todo? Lo que aprende un adolescente en Chile con su primera cuenta a los 12 o 14 años

Desde los 12 o 14 años algunos adolescentes ya pueden tener una cuenta bancaria. Expertos explican cómo esta experiencia puede ayudar a desarrollar autonomía, siempre con acompañamiento familiar.

La posibilidad de acceder a productos financieros a edades tempranas ha aumentado en Chile incorporando a niños y adolescentes a un sistema que hasta hace poco parecía reservado para los mayores de edad.
La posibilidad de acceder a productos financieros a edades tempranas ha aumentado en Chile incorporando a niños y adolescentes a un sistema que hasta hace poco parecía reservado para los mayores de edad.

Le transfieren dinero para salir con sus amigos. Compra algo que quería, invita un helado y, unos días después, mira su cuenta: queda mucho menos de lo que esperaba.

Ese pequeño susto puede convertirse en una lección. Académicos de la Universidad de Chile plantean que comenzar a manejar dinero desde la adolescencia permite practicar decisiones que serán cada vez más importantes en la vida adulta.

Cada vez más instituciones ofrecen cuentas bancarias para adolescentes desde los 12 o 14 años, generalmente bajo supervisión familiar. Estas cuentas también pueden convertirse en una oportunidad para aprender a tomar decisiones y asumir responsabilidades sobre el propio dinero

El primer “no me alcanza” también enseña

Supongamos que un adolescente recibe $20.000 para sus gastos de la semana. Puede gastarlos el primer día, guardar una parte para el fin de semana o decidir que quiere ahorrar para algo más caro. No hay una gran teoría detrás; tiene que elegir.

Para Jaime Ruiz-Tagle, académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, aprender temprano a administrar recursos limitados puede favorecer el desempeño financiero posterior. Por eso considera que la educación financiera debería comenzar desde la educación básica.

En Chile, de hecho, algunos contenidos relacionados con el dinero ya aparecen desde primero básico en el currículum escolar. El aprendizaje más concreto sobre herramientas y servicios financieros llega posteriormente, en enseñanza media. Pero una cuenta bancaria permite llevar esas decisiones fuera de la sala de clases.

Gastar todo no es necesariamente fracasar

Que un adolescente se quede sin dinero antes de tiempo puede ser frustrante para él o ella y también para quien lo está criando. Sin embargo, ese error puede mostrar algo que una explicación teórica difícilmente consigue: los recursos tienen un límite.

También permite experimentar con otra idea importante. Si quiere algo en el futuro, quizá tendrá que esperar.

Datos de la Estrategia Nacional de Inclusión Financiera de 2024 identifican entre los desafíos de los jóvenes la alta presencia de deuda y problemas de morosidad.
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Ruiz-Tagle recomienda que las familias entreguen cantidades determinadas de dinero para que niños y adolescentes decidan cómo utilizarlo. Así pueden practicar la planificación y la capacidad de postergar una recompensa.

La autonomía necesita a alguien cerca

Una cuenta propia también abre la puerta a nuevos riesgos. Esteban Puentes, académico de Economía de la Universidad de Chile, advierte sobre la posibilidad de que los menores oculten transacciones a sus familias y plantea la importancia de mantener supervisión mientras sean menores de edad.

Aprender a usar una cuenta no significa solamente saber pagar con una tarjeta; también implica entender qué ocurre cuando el dinero se acaba, cuándo conviene guardar una parte y qué consecuencias puede tener una mala decisión.

El acompañamiento familiar puede marcar la diferencia, sin necesidad de convertir cada compra en una inspección.

Marianella Abarzúa, académica de Psicología de la Universidad de Chile, explica que la autonomía se construye progresivamente desde la infancia. Para ella, acompañar ese proceso no significa dejar de estar, sino “estar de un modo diferente” a medida que los adolescentes ganan independencia.

La primera cuenta bancaria puede venir con una compra impulsiva, un ahorro que finalmente alcanza o ese primer “no me alcanza” que obliga a elegir. Y quizá ahí esté una de sus primeras lecciones: antes de aprender a administrar mucho dinero, hay que aprender qué hacer con lo que hay disponible.

Referencia de la noticia

Carvajal R.. (2026). Cuentas bancarias desde la adolescencia: expertos U. de Chile analizan sus beneficios y riesgos.