Chile se revela como potencia científica: ALMA explora el cosmos y SATREPS las profundidades marinas
Desde el desierto de Atacama hasta las aguas del Pacífico suroriental, Chile se posiciona como referente global en ciencia. Astronomía de vanguardia y oceanografía aplicada impulsan colaboraciones internacionales que fortalecen el desarrollo sostenible y la proyección científica del país.
Desde el desierto más árido del mundo hasta los océanos más dinámicos del planeta, Chile consolida su lugar en la primera línea de la ciencia internacional. Mientras el radiotelescopio ALMA observa el nacimiento de estrellas y planetas en los confines del universo, el programa SATREPS impulsa investigación marina de alto nivel en las costas chilenas.
En tiempos donde el conocimiento es poder estratégico, Chile ha sabido transformar su geografía extrema en ventaja competitiva. Cielos transparentes y mares profundos hoy se traducen en papers, colaboraciones internacionales y liderazgo en investigación astronómica y oceanográfica.
ALMA: mirando el polvo cósmico donde nacen los planetas
Ubicado a más de 5.000 metros de altura en el llano de Chajnantor, en pleno desierto de Atacama, ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array) no observa estrellas brillando como lo haría un telescopio óptico tradicional. Su especialidad es distinta y fascinante: capta la tenue radiación milimétrica y submilimétrica emitida por el polvo cósmico y el gas frío del universo.

¿Y qué significa eso en simple? ALMA mira los “ladrillos” con los que se construyen estrellas y planetas. Observa discos protoplanetarios —estructuras de gas y polvo que rodean estrellas jóvenes— y permite estudiar cómo se forman sistemas planetarios como el nuestro.
Atacama es el lugar ideal por razones casi únicas en el planeta: altitud extrema, atmósfera seca, baja humedad y mínima contaminación lumínica. El vapor de agua absorbe estas longitudes de onda, por lo que un sitio seco es clave. En pocas palabras: si el universo susurra en frecuencias milimétricas, Atacama es el mejor lugar para escucharlo.
ALMA es fruto de una alianza entre Europa, Norteamérica y Asia Oriental, y su presencia ha convertido a Chile en epicentro mundial de la radioastronomía. Más del 70 % de la infraestructura astronómica global instalada en tierra está en territorio chileno. No es casualidad: es política científica y visión estratégica.
SATREPS: ciencia profunda en aguas chilenas
Pero el liderazgo chileno no se limita al cielo. En el océano, el programa SATREPS (Science and Technology Research Partnership for Sustainable Development), impulsado por Japón en colaboración con instituciones locales, ha fortalecido la investigación en ecosistemas marinos, cambio climático y gestión sustentable de recursos.
Chile posee más de 4.000 kilómetros de costa y uno de los sistemas de surgencia más productivos del mundo. Estas corrientes traen nutrientes desde las profundidades, sosteniendo pesquerías clave y una biodiversidad extraordinaria. Sin embargo, también son zonas sensibles al calentamiento global y a eventos como El Niño.
️ Proyecto SATREPS, mejor uso de recursos marinos
— Embajada del Japón en Chile (@JapanEmb_Chile) February 5, 2026
El Embajador Sone visitó con su señora el Departamento de Ingeniería en Alimentos de la Universidad de La Serena, donde conoció en profundidad el proyecto SATREPS ReBiS iniciado en 2023 y con fecha de finalización en 2028. pic.twitter.com/Pbjwyh1ov2
Los proyectos en el marco de SATREPS permiten estudiar la acidificación del océano, la variabilidad climática y el impacto en especies comerciales. Es ciencia aplicada, con impacto directo en comunidades costeras y políticas públicas. Desde sensores submarinos hasta modelación climática avanzada, el mar chileno se convierte en un laboratorio natural de relevancia planetaria.
Chile en el mapa científico global
Lo que une a ALMA y SATREPS no es solo la excelencia técnica, sino una tendencia mayor: el crecimiento sostenido de Chile como plataforma científica internacional.
Convenios multilaterales, formación de capital humano avanzado y transferencia tecnológica han posicionado al país como socio confiable en grandes proyectos. Además, la ciencia genera un efecto multiplicador. Atrae inversión, fomenta innovación y fortalece la diplomacia científica.
Chile mira al universo profundo y al océano abisal con la misma convicción: entender mejor nuestro entorno para proyectar el futuro. En el cielo, busca el origen de los planetas. En el mar, descifra los equilibrios que sostienen la vida. Y en ambos casos, demuestra que la ciencia no es solo observación… es estrategia, identidad y proyección global.