Estudio muestra cómo la atracción de Marte influye en las edades de hielo de la Tierra
Aunque es más pequeño y menos denso, Marte ejerce influencia sobre la órbita terrestre, lo que ha influido en la configuración de los patrones climáticos a largo plazo.

Tiene la mitad del tamaño de la Tierra y apenas una décima parte de su masa, pero Marte juega un papel fundamental en el clima terrestre. Un nuevo estudio revela que la gravedad marciana tira de la órbita terrestre lo suficiente como para ser una pieza clave en la configuración de los ciclos que han determinado el clima durante millones de años, incluyendo las edades de hielo.
La relación, a menudo subestimada, ha sido confirmada recientemente mediante una serie de simulaciones lideradas por Stephen Kane, profesor de astrofísica planetaria de la Universidad de California en Riverside. El investigador buscaba cuantificar el alcance real de esta interacción, motivado por estudios previos que sugerían que ciertas capas de sedimentos en el fondo oceánico registraban ciclos climáticos vinculados a Marte, a pesar de su distancia y su tamaño.
Su hipótesis inicial era que la influencia gravitacional marciana sería demasiado débil como para dejar una huella legible en la historia geológica. Sin embargo, tras ejecutar más de 20 simulaciones computacionales complejas, descubrió que la masa de Marte influye directamente en los llamados ciclos de Milankovitch, el mecanismo que regula los cambios climáticos terrestres a largo plazo.
¿Qué son los ciclos de Milankovitch?
Los ciclos de Milankovitch son variaciones periódicas en la órbita y rotación de un planeta que marcan el ritmo de su variabilidad climática y son fundamentales para comprender cuándo y cómo comienzan y terminan las glaciaciones, periodos en los que el planeta se cubre de capas de hielo permanentes desde los polos.

Uno de estos ciclos principales se debe a la inmensa atracción gravitatoria de planetas como Júpiter y Venus y tarda unos 430.000 años en completarse. Durante ese lapso, la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol cambia gradualmente: pasa de ser casi circular a volverse más elíptica (alargada) y luego vuelve a su forma original. Este cambio en la forma de la órbita —conocido como excentricidad— altera la cantidad de energía solar que llega a la superficie y determina el avance o retroceso de los hielos.
La simulación de Kane descubrió que, mientras el ciclo de 430.000 años se mantiene intacto independientemente de Marte, al eliminar al Planeta Rojo de la ecuación, desaparecen otros dos ciclos cruciales: uno de 100.000 años y otro de 2,3 millones de años. Las pruebas mostraron que estos ritmos dependen de Marte: si, hipotéticamente, se aumentaba la masa marciana en el ordenador, estos ciclos se acortaban.
Esto demuestra que el pequeño planeta vecino es indispensable para mantener la afinación de la excentricidad de la Tierra, del momento de su aproximación más cercana al Sol (perihelio) y de la inclinación de su eje. Factores que, en conjunto, determinan cuánta luz solar llega a cada hemisferio y configuran las eras glaciares.
Lecciones para la vida en el universo
El estudio no solo reescribe el pasado de la Tierra, sino que ofrece pistas para buscar vida en otros mundos. Kane subraya que la arquitectura de un sistema planetario es fundamental para la habitabilidad: pequeños empujones de los vecinos pueden desestabilizar o mantener el clima de un mundo. Los científicos proponen ahora utilizar estos patrones dinámicos como herramienta para evaluar la estabilidad climática en exoplanetas similares al nuestro.

"Cuando observo otros sistemas planetarios y encuentro un planeta del tamaño de la Tierra en la zona habitable, los planetas más alejados podrían tener un efecto en su clima similar al que vemos aquí", explicó Kane.
Finalmente, el equipo plantea una interrogante sobre la evolución humana. Dado que los períodos glaciares provocaron la reducción de los bosques y la expansión de las sabanas y praderas —un cambio ambiental que impulsó hitos evolutivos como la marcha erguida, el uso de herramientas y la cooperación social—, es lícito preguntarse si estaríamos aquí sin nuestro vecino planetario.
“Sin Marte, la órbita terrestre perdería ciclos climáticos importantes. ¿Cómo serían los humanos y otros animales si Marte no existiera?”, concluyó Kane.
Referencias de la noticia:
Stephen R. Kane et al. The Dependence of Earth Milankovitch Cycles on Martian Mass. Publications of the Astronomical Society of the Pacific.