Así funciona Lemu Nge, el primer satélite de biodiversidad que busca hacer visible la naturaleza
Lemu Nge busca hacer visible la biodiversidad desde el espacio con sensores que van mucho más allá de lo que capta el ojo humano. Conversamos con uno de los integrantes de Lemu para conocer mejor cómo funciona esta innovadora misión.

“La naturaleza está en todas partes, pero en la mayoría de las decisiones, es invisible”. Con esa premisa, Lemu, startup chilena enfocada en enfrentar la crisis ambiental, busca hacer visible la naturaleza a través de la tecnología.
Hoy se recopilan miles de millones de señales ligadas a la actividad humana, pero sigue existiendo muy poca información sobre los ecosistemas que sostienen nuestra vida. Frente a esa brecha, Leo Prieto, fundador y CEO de Lemu, junto a su equipo, llegó a una conclusión: los satélites podían ser una herramienta clave. Sin embargo, pronto advirtieron que ninguno había sido diseñado para observar la biodiversidad en toda su complejidad.
Un satélite, una plataforma y una nueva forma de observar la biodiversidad
De esa necesidad nació la idea de crear el primer satélite de biodiversidad del mundo. Así surgió Lemu Nge, que además se convirtió en el primer satélite artificial privado de Chile. Junto a él también se desarrolló Atlas, una plataforma pensada para volver a poner a la naturaleza en el centro de la observación y el monitoreo.
En este contexto, Meteored entrevistó a uno de los integrantes más recientes de Lemu durante la décima edición del Space Generation Workshop – South America (SGW-SA). Se trata de Tomás Paredes, estudiante de Geografía en la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien realizó su práctica profesional en esta startup.
Qué hace distinto a Lemu Nge
La principal diferencia, resume Tomás Paredes, es el foco: Lemu Nge fue concebido específicamente para observar biodiversidad, algo inusual en misiones de observación terrestre, que suelen centrarse en uso de suelo, cobertura vegetal o variables climáticas.

El satélite está operativo desde agosto de 2024, es un nanosatélite 6U y porta un sensor hiperespectral de 32 bandas, con una resolución espacial cercana a 4,75 metros por píxel.
Además, orbita la Tierra en unos 96 minutos, lo que permite revisitas frecuentes de un mismo lugar cada 3 a 7 días. Para Paredes, esa combinación lo vuelve una fuente “muy directa y precisa” de información terrestre.
Cómo se mide la biodiversidad desde el espacio
Paredes explica que la clave está en la cámara hiperespectral, capaz de captar longitudes de onda entre el visible y el infrarrojo cercano. Esa información permite reconocer la “firma espectral” de distintos elementos, como árboles, humedales o coberturas vegetales, y transformarla en datos útiles.

Lemu señala que estas imágenes alimentan Atlas, una plataforma que convierte esa complejidad ecológica en indicadores listos para monitoreo y toma de decisiones. Atlas combina datos satelitales con bases globales y métricas verificables para seguir cambios en el tiempo y actuar con mayor precisión.
Los retos de observar biodiversidad desde órbita
Paredes advierte que el gran reto está en que estas mediciones siguen siendo estimaciones. Su ejemplo fue la evapotranspiración: un indicador que puede inferirse desde satélite, pero no con la exactitud puntual de una torre de flujo instalada en terreno.
Aun así, la ventaja orbital es enorme: permite cubrir grandes extensiones del planeta con bajo costo y rapidez. Esa necesidad de mejores datos no es menor. Stanford recuerda que estudiar biodiversidad implica entender cómo interactúan especies, suelos, plantas y carbono, y qué ocurre cuando desaparece una pieza del sistema.
En ese contexto, medir desde órbita no reemplaza el trabajo en terreno, pero sí amplía de forma decisiva nuestra capacidad de observación.
Referencias de la noticia
Lemu Nge: Sitio web oficial
Atlas by Lemu: Sitio web oficial
Stanford Report: Investigación sobre biodiversidad
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