Científicos demuestran que el alerce milenario chileno protege cientos de especies de hongos subterráneos

Investigación señala que estos árboles albergan una enorme variedad de organismos subterráneos que han ayudado al bosque, un enorme sumidero de carbono, a sobrevivir y adaptarse durante milenios.

La investigadora Toby Kiers tomando muestras sobre un alerce. Imagen: Tomás Munita.
La investigadora Toby Kiers tomando muestras sobre un alerce. Imagen: Tomás Munita.

En el Parque Nacional Alerce Costero, bajo el suelo del Gran Abuelo, un alerce (Fitzroya cupressoides) cuya edad se estima en más de 2.400 años –y que podría superar los 5.000–, vive una diversidad única de hongos.

El árbol de cerca de 5 metros de diámetro y 30 metros de altura tiene el récord de ser la segunda especie arbórea más antigua del mundo –después del pino bristlecone–, y alberga más del doble de la diversidad fúngica subterránea que sus vecinos más pequeños y jóvenes de la misma especie.

Así lo constata un reciente estudio publicado en Biodiversity and Conservation. Para hacerlo, investigadores nacionales e internacionales combinaron el muestreo de campo con análisis químicos del suelo, mediciones forestales y técnicas avanzadas de secuenciación de ADN. Analizaron 31 árboles del bosque de alerces del parque nacional ubicado en la Región de Los Ríos.

El efecto paraguas del Gran Abuelo

El Alerce Abuelo (Gran Abuelo) destacó entre los ejemplares seleccionados, ya que funciona como una especie clave o “paraguas” indispensable para la biodiversidad. Gracias a sus dimensiones y su longevidad, actúa como un gigantesco refugio que protege y promueve ecosistemas fúngicos únicos en su rizosfera –la parte del suelo inmediata a las raíces–, donde mantiene una riqueza de hongos en el suelo y micorrícicos muy superior al promedio del bosque.

Bosque de alerces. Imagen: Tomás Munita.
Bosque de alerces. Imagen: Tomás Munita.

Los hongos micorrícicos son claves para el ecosistema, ya que tienen una relación mutualista con las raíces de las plantas. Mientras ellos proporcionan acceso a nutrientes esenciales y otros recursos del suelo, la planta les entrega carbohidratos (carbono) que produce a través de la fotosíntesis.

De acuerdo al estudio, cuanto más grande es el alerce, mayor es la variedad de hongos que encontraron bajo el suelo, incluyendo cientos de especies probablemente nuevas para la ciencia, aseguraron en un comunicado.

El análisis descubrió que la diversidad de hongos en el suelo bajo el ejemplar más grande y antiguo era más de 2,25 veces mayor que en cualquier otra muestra. Hay más de 300 especies de hongos exclusivas del Alerce Abuelo.

Todo este ecosistema, del que los alerces son una parte central, representa un enorme sumidero de carbono, clave considerando la urgencia de bajar el CO₂. Sin embargo, está en peligro.

Un aliado contra el cambio climático en peligro

Este beneficio no es solo local: a nivel mundial, las comunidades de hongos micorrízicos arbusculares —el tipo asociado con los alerces— transportan alrededor de mil millones de toneladas de carbono al año a los suelos de la Tierra. Por lo tanto, los investigadores señalan que proteger y conservar los árboles viejos protegerá cientos o miles de estas especies.

Bosque del Parque Nacional Villarrica. Imagen: Tomás Munita.
Bosque del Parque Nacional Villarrica. Imagen: Tomás Munita.

“No todos los árboles son iguales y, si se elimina un árbol milenario, el impacto en todas las demás especies será mayor que si se elimina uno más pequeño”, señaló Camille Truong, investigadora del Real Jardín Botánico de Victoria, la Universidad de Melbourne, Australia y parte de la Sociedad para la Protección de Redes Subterráneas (SPUN), coautora principal del estudio.

Derribar uno de estos alerces puede destruir toda una comunidad subterránea de ayudantes del bosque que tardó miles de años en reunirse.

El alerce (también llamado ciprés patagónico o lawen en mapudungun) se encuentra en los bosques templados lluviosos del sur de Chile y pequeñas zonas de Argentina, principalmente en la Cordillera de los Andes y la de la Costa de las regiones de Los Ríos y Los Lagos.

Es una especie que sufrió una tala descontrolada en el pasado, por lo que desde 1976 está protegida como Monumento Natural; sin embargo, sigue en peligro de extinción. Sus amenazas actuales incluyen los incendios forestales, la destrucción de su hábitat debido a parcelaciones, construcción de caminos y explotación ilegal.

Referencias de la noticia

Truong, C., Corrales, A., Manley, B. et al. Large-diameter trees disproportionately contribute to soil fungal diversity in a coniferous forest with one of oldest living trees on Earth. Biodiversity and Conservation 35, 94 (2026).

Comunicado de prensa. How an underground fungal map of the world’s oldest, slowest-growing rainforest trees can boost the resilience of Earth’s long-term carbon sinks.

Ficha de antecedentes de especie: Fitzroya cupressoides. Ministerio del Medio Ambiente, Chile.