¿Comerías insectos? La ciencia dice que podrías aceptarlos antes de lo que imaginas

La primera reacción es el rechazo, pero un estudio demostró que después del primer bocado, muchos prefieren una barra elaborada con proteína de insectos.

Un innovador estudio de neurociencia aplicada al consumo de alimentos revela que probar una barrita de proteína de insectos genera más atención y curiosidad que rechazo.
Un innovador estudio de neurociencia aplicada al consumo de alimentos revela que probar una barrita de proteína de insectos genera más atención y curiosidad que rechazo.

Si alguien te ofreciera una barra de cereal hecha con insectos, probablemente dirías que no. Sin embargo, un experimento de la Universidad de Beira Interior (Portugal) descubrió que muchas personas cambiaron de opinión tras el primer bocado y terminaron prefiriéndola frente a una barra convencional.

El estudio, publicado en Journal of Neuroscience, Psychology, and Economics, fue más allá de una encuesta: mientras los participantes degustaban ambos productos, los investigadores registraron su actividad cerebral y cardíaca para analizar cómo reaccionaban ante un alimento poco habitual.

El hallazgo refuerza el interés por las proteínas alternativas. En Chile, la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica también investigan el potencial nutricional de los insectos y la disposición de las personas a incorporarlos en su dieta.

Cuando el primer bocado vence al prejuicio

El experimento reunió a 38 adultos portugueses que nunca habían probado alimentos elaborados con insectos.

Antes de comenzar, la mayoría manifestó sorpresa, dudas e incluso cierto rechazo frente a esta posibilidad. Sin embargo, la historia cambió cuando llegó el momento de degustar las barras.

La proteína de insectos suele incorporarse como harina o polvo en productos como barras energéticas, pastas o galletas, evitando que el insecto sea visible.
La proteína de insectos suele incorporarse como harina o polvo en productos como barras energéticas, pastas o galletas, evitando que el insecto sea visible.

Los investigadores ofrecieron dos productos con el mismo sabor —manzana y canela—: una barra de cereal convencional y otra elaborada con proteína de insectos. En algunos casos incluso ocultaron cuál era cuál para comprobar cuánto influían las expectativas.

Tras probar ambos alimentos, muchos participantes eligieron la barra con proteína de insectos como su favorita, contradiciendo la idea inicial de que este tipo de productos serían rechazados automáticamente.

Lo que ocurrió en el cerebro sorprendió a los científicos

Lo más llamativo del estudio es que los investigadores registraron la actividad cerebral y la frecuencia cardíaca mientras los voluntarios probaban las barras. Los datos mostraron que la proteína de insectos despertaba un mayor nivel de atención que el alimento convencional.

Ese efecto apareció incluso cuando algunos participantes no sabían qué estaban comiendo, lo que sugiere que la reacción no dependía únicamente del prejuicio inicial.

Los autores advierten que el estudio fue pequeño —solo participaron 38 personas— y que los resultados deberán confirmarse en investigaciones más amplias. Aun así, creen que las degustaciones podrían ayudar a reducir el rechazo hacia este tipo de alimentos.

Una idea que también empieza a estudiarse en Chile

Los resultados del estudio portugués se suman a una discusión que también está presente en Chile.

Aunque la idea todavía resulte extraña para muchos, los insectos llevan años despertando el interés de la comunidad científica porque producen proteínas de alta calidad utilizando menos agua, menos suelo y menos recursos que la ganadería tradicional.

Este tipo de alimentos aportan proteínas, hierro, zinc, calcio y vitaminas, lo que los convierte en una alternativa nutricionalmente atractiva.
Este tipo de alimentos aportan proteínas, hierro, zinc, calcio y vitaminas, lo que los convierte en una alternativa nutricionalmente atractiva.

En Chile, investigadores de la Universidad de Chile destacan su potencial nutricional, mientras que estudios de la Pontificia Universidad Católica muestran que la principal barrera no es el sabor, sino el rechazo psicológico que genera la idea de consumirlos.

Si alguien volviera a ofrecerte aquella barra de cereal de la que hablábamos al comienzo, quizá la respuesta seguiría siendo “no”, pero este estudio sugiere que esa decisión podría durar solo hasta el primer bocado.

Referencia de la noticia

Ferrer B.. (2026). Bug bites: Research shows consumers open to insect protein following first taste.
Tapia M.. (2023). ¿Incluirías insectos en tus comidas? Académicos U. de Chile explican usos y beneficios de la llamada comida del futuro.
Nutrición UC. (2019). Estudio de nutrición y agronomía de la UC midió la aceptabilidad del consumo de insectos en la dieta chilena.