Cómo los científicos purifican el aire de sus hogares y reducen la contaminación interior

La contaminación no solo está afuera. En nuestros hogares también respiramos partículas y gases que pueden afectar la salud. Científicos especializados en calidad del aire comparten medidas prácticas para reducir riesgos y mejorar el ambiente interior.

Encender una vela parece inofensivo, pero también puede liberar partículas que deterioran el aire interior.
Encender una vela parece inofensivo, pero también puede liberar partículas que deterioran el aire interior.

Cuando pensamos en contaminación atmosférica, solemos imaginar grandes ciudades cubiertas por smog o incendios forestales afectando la visibilidad. Sin embargo, diversos estudios muestran que el aire dentro de casa puede estar incluso más contaminado que el exterior.

Cocinar, limpiar, usar productos perfumados o simplemente ventilar poco los espacios puede aumentar la concentración de partículas finas y compuestos químicos.

Un reciente artículo de National Geographic recopiló los hábitos que aplican en su vida diaria científicos dedicados a estudiar la calidad del aire. Sus recomendaciones no requieren grandes inversiones, pero sí cambios conscientes en la rutina doméstica. La clave, coinciden, es entender que el aire interior es dinámico y que las fuentes de contaminación suelen estar más cerca de lo que creemos.

Contaminación de interiores

El aire dentro del hogar contiene una mezcla compleja de partículas y gases. Entre los contaminantes más comunes se encuentran el material particulado fino (PM2.5), los compuestos orgánicos volátiles (COV), el dióxido de nitrógeno y el monóxido de carbono. Muchos de ellos se generan en actividades cotidianas.

La cocina es una de las principales fuentes. Freír, asar o cocinar con gas libera partículas microscópicas y gases que pueden acumularse rápidamente en espacios cerrados. También las velas aromáticas, el incienso y algunos calefactores a combustión aportan contaminantes adicionales.

Polvo, humo de cocina, incienso y aromatizantes: fuentes cotidianas que pueden deteriorar la calidad del aire dentro del hogar.
Polvo, humo de cocina, incienso y aromatizantes: fuentes cotidianas que pueden deteriorar la calidad del aire dentro del hogar.

Los productos de limpieza y ambientadores, especialmente los que contienen fragancias sintéticas, liberan compuestos que reaccionan en el aire y forman nuevas sustancias potencialmente irritantes. Incluso el polvo doméstico puede actuar como reservorio de químicos que luego vuelven a suspenderse.

Un factor determinante es la ventilación. En viviendas muy selladas, diseñadas para conservar temperatura, el intercambio de aire con el exterior es limitado. Esto favorece la acumulación de contaminantes, sobre todo en invierno.

Algunas medidas preventivas

Los especialistas coinciden en que la estrategia más eficaz es actuar sobre la fuente. Reducir o eliminar aquello que genera contaminación es más efectivo que intentar corregir el problema después.

Una medida simple es ventilar diariamente. Abrir ventanas durante algunos minutos, incluso en días fríos, permite diluir los contaminantes acumulados. La ventilación cruzada —cuando se abren ventanas en lados opuestos— es especialmente efectiva.

Ventilar unos minutos al día puede reducir significativamente la concentración de contaminantes en el hogar.
Ventilar unos minutos al día puede reducir significativamente la concentración de contaminantes en el hogar.

Al cocinar, recomiendan utilizar siempre la campana extractora, idealmente con salida al exterior. Si no existe, abrir ventanas cercanas ayuda a reducir la concentración de partículas.

El uso de purificadores de aire con filtros HEPA puede ser una herramienta complementaria, especialmente en zonas con alta contaminación exterior o en hogares con personas sensibles, como niños, adultos mayores o pacientes respiratorios. Sin embargo, estos equipos requieren mantención periódica y recambio de filtros para funcionar correctamente.

Respirar aire más limpio en casa no requiere tecnología sofisticada, sino decisiones informadas.

Otra recomendación es preferir productos de limpieza sin fragancias intensas y evitar el uso frecuente de velas o incienso. La limpieza regular con paños húmedos y aspiradoras con buen sistema de filtrado también disminuye la recirculación de polvo.

Momento en el que más estamos expuestos

Curiosamente, el momento de mayor exposición suele coincidir con actividades rutinarias. Cocinar la cena, limpiar el baño o encender calefacción a combustión pueden generar picos de contaminación en pocos minutos.

Además, pasamos cerca del 80 al 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores, lo que aumenta la exposición acumulada, incluso si las concentraciones no parecen extremas. Dormitorios poco ventilados, por ejemplo, pueden mantener niveles elevados de dióxido de carbono durante la noche.

Entender que la calidad del aire interior también es parte del pronóstico ambiental diario es un paso clave para proteger la salud a largo plazo.

Los expertos enfatizan que no se trata de vivir con temor, sino de incorporar hábitos conscientes. Ventilar después de cocinar, evitar productos innecesarios y mantener los sistemas de extracción en buen estado puede marcar una diferencia significativa.

Referencia de la noticia

National Geographic. How clean-air scientists purify their homes.