Terremotos en Chile: por qué medir la distancia a la "zona de furia" (y no al hipocentro) mejoría los pronósticos
Un equipo de la UdeC propone mirar zonas clave de la ruptura sísmica para anticipar mejor la intensidad y sus efectos en ciudades.

Chile tiembla seguido, pero no siempre de la misma forma. Dos ciudades a igual distancia de un epicentro pueden experimentar sacudidas muy distintas, y esa incertidumbre ha sido un desafío persistente para la ciencia y la planificación del territorio.
Un nuevo estudio con participación de la Universidad de Concepción (UdeC) pone el foco en un detalle que hasta ahora no se aprovechaba del todo: no basta con saber dónde empieza el terremoto, también importa —y mucho— dónde se libera con más fuerza su energía.
El problema de mirar un solo punto
Durante décadas, los modelos para estimar la intensidad de un terremoto han utilizado como referencia principal la distancia al hipocentro, es decir, el punto donde se origina la ruptura bajo la superficie. Pero esa simplificación tiene límites.
En ese recorrido, hay zonas donde la energía se libera con mucha más intensidad: las llamadas “asperezas”. Estos son sectores donde las placas tectónicas estaban más “trabadas” antes de liberarse. Y es precisamente ahí donde se concentra el impacto más fuerte del sismo.
Medir la distancia a estas zonas, y no solo al hipocentro, permite entender mejor por qué algunas ciudades sufren más daños que otras, incluso si están igual de lejos del origen del terremoto.
Donde se libera la energía, se concentran los daños
Si se quiere entender por qué una ciudad sufre más que otra, la respuesta empieza a tomar forma al mirar estas asperezas. El equipo analizó siete megaterremotos ocurridos en Chile central en los últimos 300 años, incluyendo eventos históricos y recientes como el de 2010.
La lógica es bastante directa. No importa solo cuán lejos estás del origen del terremoto, sino cuán cerca estás del lugar donde la falla “golpeó” con más fuerza.
El suelo bajo los pies y lo que aún no vemos
Hay una última pieza que termina de completar el rompecabezas, y está justo bajo las ciudades. El estudio muestra que el tipo de suelo influye directamente en cómo se perciben las ondas sísmicas.
De hecho, los modelos tradicionales tendían a sobreestimar la intensidad en estos casos, en parte porque no consideraban cómo responden las construcciones típicas en Chile, muchas de ellas rígidas y de baja altura.
Pero esta mirada no se queda en lo que ya pasó. Los investigadores plantean que es posible identificar con anticipación las zonas donde podría liberarse más energía en futuros terremotos, a partir de modelos que analizan qué tan “trabadas” están las placas tectónicas.
Esa combinación —entender mejor el suelo y anticipar dónde se concentrará la energía— abre una herramienta concreta para proyectar escenarios de daño con mayor precisión.
Chile seguirá siendo un país sísmico. Pero mientras más se afina la lectura de lo que ocurre bajo la superficie —y de cómo responde lo que está encima—, menos improvisada puede ser la forma de enfrentarlo.
Referencias de la noticia
- UdeC. (2026). Estudio UdeC propone nuevo modelo para predecir intensidad de terremotos en Chile. Comunicado publicado en la web de la institución.
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