Velas e incienso, cuando el supuesto “bienestar” contamina la casa
Encender velas o incienso es un ritual común para relajarse, pero puede impactar la calidad del aire en casa. Estos productos liberan partículas y compuestos que, en espacios cerrados, podrían afectar la salud sin que lo notes.

Encender una vela aromática o un incienso puede parecer el ritual perfecto para desconectar. ¿Quién no lo ha probado? Luz tenue, aroma envolvente y esa sensación de calma que invita a bajar el ritmo. Pero lo que muchos no saben es que ese “ambiente relajante” podría estar afectando la calidad del aire dentro del hogar.
Aunque asociamos estos elementos con bienestar, diversos estudios han advertido que su uso frecuente puede liberar contaminantes al aire, similares —en menor escala— a los que se encuentran en la polución exterior. Y aquí viene lo más importante: ocurre en espacios cerrados, donde la ventilación no siempre es suficiente.
Lo que respiras sin darte cuenta
Cuando se quema incienso o velas, especialmente las aromáticas, se liberan compuestos como material particulado fino (PM2.5), compuestos orgánicos volátiles (COV) y, en algunos casos, sustancias potencialmente irritantes como el formaldehído.

Estas partículas son tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los pulmones. En exposiciones prolongadas o en ambientes poco ventilados, pueden generar efectos como irritación en ojos y garganta, dolores de cabeza o agravar enfermedades respiratorias.
El problema no es solo la intensidad del humo, sino su acumulación. En una pieza cerrada, ese aroma agradable puede convertirse en una mezcla invisible de contaminantes que permanecen en el aire incluso después de apagar la vela o el incienso.
¿Todas las velas son iguales?
No exactamente. Las velas de parafina —muy comunes— derivan del petróleo y, al quemarse, pueden emitir más compuestos contaminantes. En cambio, opciones como las de cera de abeja o soja tienden a generar menos emisiones, aunque no son completamente inocuas.

En el caso del incienso, su composición también influye. Algunos contienen mezclas de aceites y resinas naturales, pero otros incorporan fragancias sintéticas que, al combustionar, liberan sustancias adicionales al ambiente.
Esto no significa que debas eliminarlos por completo, pero sí usarlos con mayor conciencia; como en muchos aspectos del bienestar, la clave está en el equilibrio.
La buena noticia es que hay formas simples de reducir estos riesgos. Ventilar los espacios antes, durante y después de encender velas o incienso es fundamental. También se recomienda evitar su uso prolongado o en habitaciones pequeñas. Otra alternativa es optar por métodos sin combustión, como difusores de aceites esenciales, que entregan aroma sin generar humo ni partículas en suspensión.
Lo importante siempre es priorizar el verdadero bienestar; no solo se trata de lo que percibes… sino también de lo que respiras. Y a veces, ese aroma que tanto te gusta podría no ser tan inocente como parece.
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