El Atlántico Norte jugó un rol en las lluvias de la DANA de Valencia

El calentamiento del mar desempeñó un papel importante en uno de los eventos de precipitación más intensos de Europa en los últimos años.

El evento de Valencia en octubre de 2024 fue uno de los más intensos de la historia moderna de Europa. Imagen Landsat 8. Fuente: NASA Earth Observatory.
El evento de Valencia en octubre de 2024 fue uno de los más intensos de la historia moderna de Europa. Imagen Landsat 8. Fuente: NASA Earth Observatory.

En la atmósfera, casi nada ocurre de forma aislada. El sistema climático funciona como una red gigantesca en la que lo que sucede en una región puede influir en lugares muy lejanos. Un cambio en la temperatura del océano, una anomalía en los vientos o una masa de aire particularmente húmeda puede desencadenar efectos en cadena que terminan por manifestarse a miles de kilómetros de distancia.

Estas conexiones son una de las razones por las que resulta tan complejo comprender el clima. Un océano más cálido puede aportar más vapor de agua a la atmósfera, alterar los patrones de circulación y, en última instancia, amplificar fenómenos meteorológicos extremos.

Cada vez hay más evidencia de que estas conexiones pueden intensificar las tormentas y los episodios de lluvias torrenciales. Lo ocurrido recientemente en el Mediterráneo es un ejemplo claro: un evento extremo que no solo estuvo condicionado por la dinámica atmosférica local, sino también por el estado del océano a gran escala.

El Mediterráneo y el Atlántico Norte

Un factor clave detrás de la intensidad de la DANA de Valencia de 2024, que provocó lluvias extremas en el Mediterráneo occidental, fue el calentamiento del Mediterráneo y del Atlántico Norte. Por una parte, es esperable que un Mediterráneo más cálido contribuya positivamente a las lluvias, principalmente en otoño, cuando la temperatura del mar es alta tras el verano, pero la contribución del Atlántico Norte es, de alguna forma, menos evidente.

Las temperaturas anómalamente altas en el Atlántico Norte favorecieron un mayor aporte de humedad a la atmósfera. Ese aporte adicional de vapor de agua actuó como combustible para la tormenta, intensificando las precipitaciones asociadas al sistema. Esto ocurrió días antes de las fuertes precipitaciones en Valencia, cuando el aire circulaba por esa región oceánica; posteriormente, la DANA transportó este aire, ya cargado de humedad, hacia la zona de Valencia.

Trayectoria de las parcelas de aire asociadas a la DANA de Valencia y anomalías de la temperatura superficial del mar. Fuente: Weather and Climate Extremes.
Trayectoria de las parcelas de aire asociadas a la DANA de Valencia y anomalías de la temperatura superficial del mar. Fuente: Weather and Climate Extremes.

Esa cadena de procesos contribuyó a que la tormenta fuera más intensa y a que generara lluvias más abundantes de lo que habría ocurrido en condiciones oceánicas normales. Si bien el Mediterráneo fue el que tuvo mayor relevancia, sin el calentamiento en el Atlántico Norte hubiese llovido alrededor de un 15 % menos.

En otras palabras, el océano no fue solo un telón de fondo: su estado térmico desempeñó un papel activo en la energía disponible para la tormenta. Este tipo de interacción entre el océano y la atmósfera es una de las razones por las que los fenómenos extremos pueden amplificarse en un clima más cálido.

¿Qué lecciones deja este tipo de eventos para Chile?

Aunque el episodio ocurrió en el Mediterráneo, los mecanismos que lo explican no son exclusivos de esa región. De hecho, situaciones similares ya se han observado en Chile. Uno de los ejemplos más recordados es la tormenta de Atacama de 2015, un evento extraordinario que provocó precipitaciones intensas e inundaciones en pleno desierto.

En aquella ocasión, varios factores se combinaron para aumentar la intensidad de las lluvias, entre ellos la presencia de una baja segregada y de una atmósfera con abundante humedad disponible.

Las investigaciones posteriores mostraron que el estado del océano también pudo haber contribuido a alimentar el sistema, proporcionando vapor de agua adicional que terminó transformándose en precipitaciones intensas en el norte del país.

Eventos como el del Mediterráneo recuerdan que estos procesos no son solo locales; también pueden ocurrir a miles de kilómetros de distancia y afectar la intensidad de los eventos. Cuando el océano está más cálido, la atmósfera puede transportar más humedad, lo que aumenta el riesgo de lluvias extremas cuando las condiciones dinámicas son favorables.

Para Chile, donde sistemas como bajas segregadas o ríos atmosféricos pueden desencadenar precipitaciones intensas incluso en zonas muy áridas, entender estas conexiones entre el océano y la atmósfera resulta clave. No solo para explicar eventos pasados, sino también para anticipar cómo podrían evolucionar los extremos hidrometeorológicos en un clima que continúa calentándose.

Referencias de la noticia

Saurral, R.I., Campos, D. A., Grayson, K., Lapin, V., Trascasa-Castro, P., Tourigny, E., Donat, M.G., Materia, S., Ferrer, E., Doblas-Reyes, F.J. (2026): The key role of Mediterranean and North Atlantic sea surface temperatures on the 2024 record-breaking Valencia precipitation event.