El desierto que se vuelve invernadero: la agricultura intensiva acorrala al picaflor de Arica
Un estudio de la Universidad de Chile revela cómo la expansión de mallas y monocultivos en los valles de Atacama está transformando el paisaje a una velocidad récord.

En los valles verdes que interrumpen la aridez del desierto de Atacama, la agricultura ha permitido la vida humana durante siglos. Pero ese mismo oasis productivo está cambiando de forma acelerada.
Donde antes había mosaicos de cultivos, arbustos nativos y espacios abiertos, hoy aparecen grandes extensiones cubiertas por mallas e invernaderos.
Un estudio liderado por la Universidad de Chile (U. de Chile) advierte que esta transformación del paisaje agrícola está reduciendo el hábitat de especies nativas, entre ellas el picaflor de Arica, una de las aves más amenazadas del país.
Cambios en tiempo record
A primera vista, más agricultura podría parecer una buena noticia: más producción, más empleo, más alimentos. El problema aparece cuando el paisaje pierde diversidad y se transforma en grandes superficies de un solo cultivo.
Eso es justamente lo que detectó el estudio publicado en la revista científica Arid Land Research and Management.
Según explica el estudio, el territorio pasó de ser un mosaico —con distintos cultivos, árboles, arbustos y espacios abiertos— a superficies más homogéneas. Este proceso se conoce como simplificación del paisaje y suele tener efectos directos sobre la biodiversidad porque reduce los lugares donde las especies pueden alimentarse, refugiarse o reproducirse.
Un colibrí atrapado entre el desierto y el plástico
Cuando cambia el paisaje, cambian también las especies que pueden vivir en él. Algunas se adaptan, otras desaparecen.
En los valles del norte, una de las especies más afectadas es el picaflor de Arica (Eulidia yarrellii), ave endémica de Chile y en peligro de extinción.
El equipo de la U. de Chile, liderado por Matías Castillo, investigador del Laboratorio de Ecología de Vida Silvestre (LEVS), observó que la presencia de esta especie disminuye en las zonas donde la agricultura intensiva ha avanzado con mayor rapidez.

Los valles del norte están enclavados en medio del desierto más árido del mundo. No hay bosques aledaños, no hay quebradas verdes donde refugiarse. Es un sistema de oasis aislados, donde cada hectárea que se pierde es una pérdida neta.
"El problema es que no hay adónde ir. Son ecosistemas aislados y cuando se pierde un área, la recuperación es compleja y lenta", señala Castillo en un comunicado de la institución.
Lo que viene: planificar antes de que sea tarde
La buena noticia, si se puede llamar así, es que los propios investigadores creen que todavía hay margen. Pero no es un margen amplio, ni se ganará solo con buenas intenciones.
Frente a este escenario, el equipo de investigación plantea la necesidad de planificar el uso del suelo con criterios de sostenibilidad, conservar corredores biológicos y fortalecer programas de restauración ecológica.
En medio del desierto, los valles del norte han sido históricamente sinónimo de vida, agricultura y adaptación humana a condiciones extremas. Hoy siguen siendo verdes, pero su paisaje está cambiando rápidamente.
En esos cambios se juega el futuro de especies que solo existen en ese rincón del planeta. El paisaje no desaparece, pero se transforma, y en esa transformación se define qué especies podrán seguir habitándolo.
Referencias de la noticia
Kaiyang Qiu., et all. (2026). Desertification expansion significantly suppresses photosynthetic peak capacity of arid ecosystems at the global scale. International Journal of Applied Earth Observation and Geoinformation.
Universidad de Chile. (2026). Estudio U. de Chile alerta pérdida de hábitat del picaflor de Arica por expansión de monocultivos en valles del norte. Comunicado publicado en la web de la institución.