El Niño en camino: qué cambia en los sistemas frontales y ríos atmosféricos
Para que un evento de El Niño tenga impactos en Chile central tienen que ocurrir varias cosas. En este artículo las repasamos.

La llegada de un nuevo evento de El Niño es muy probable para la segunda mitad de este año 2026, y aunque aún hay dudas sobre cuándo se establecería el fenómeno y cuál sería su intensidad, las alertas se encienden en Chile porque sabemos los impactos que un evento de El Niño puede tener en nuestro país.
En general, un evento de El Niño se relaciona con un aumento de las precipitaciones en Chile centro-sur durante el invierno. Este aumento se debe a una serie de anomalías atmosféricas asociadas al aumento de la temperatura superficial del mar.
Debe existir la teleconexión
Para que El Niño afecte las lluvias en Chile, no basta con que el océano se caliente: la atmósfera tiene que “responder”. A eso se le llama teleconexión. En términos simples, significa que lo que ocurre en los trópicos —donde se desarrolla El Niño— logra influir en la circulación atmosférica mucho más al sur, en los extratrópicos del hemisferio sur.
Durante un evento de El Niño, el océano más cálido favorece más tormentas en el Pacífico ecuatorial, liberando gran cantidad de calor hacia la atmósfera. Esa energía genera cambios en altura que se organizan en ondas de gran escala, las que se desplazan lentamente hacia el sur. Estas ondas, conocidas como Ondas de Rossby, alteran la circulación de gran escala en zonas fuera de los trópicos.
De esta forma, los sistemas frontales, en vez de desplazarse hacia el sur del país, se desplazan hacia el centro del país, lo que provoca un aumento de las precipitaciones. Por esta razón, el mero establecimiento de El Niño no implica inmediatamente más precipitaciones en Chile central. Se debe dar la teleconexión.
El rol de los ríos atmosféricos
Pero la modificación de la trayectoria de los sistemas frontales hacia Chile central solo es parte de la explicación. La otra parte proviene del transporte de vapor de agua y de los ríos atmosféricos.
Con el establecimiento de la teleconexión, también cambia el transporte de vapor de agua desde los trópicos, volviéndose más intenso. Esto hace que los ríos atmosféricos que llegan a Chile sean más intensos.

En un invierno de El Niño, no aumenta necesariamente la cantidad de ríos atmosféricos que llegan a Chile central, pero sí aumenta significativamente su intensidad y duración. En otras palabras, cada río atmosférico es más duradero y más intenso que en años sin El Niño.
Esto se traduce en un aumento de las lluvias y en un mayor riesgo de eventos potencialmente peligrosos. Algo que hemos vivido en inviernos anteriores con El Niño.
Por lo pronto, queda estar atentos al monitoreo y pronóstico de El Niño para identificar dos cosas importantes (i) si es que el fenómeno se logrará formar durante el invierno y (ii) si es que la teleconexión se establecerá con rapidez.
Referencia de la noticia
Campos, D., & Rondanelli, R. (2023) ENSO‐Related Precipitation Variability in Central Chile: The Role of Large Scale Moisture Transport. Journal of Geophysical Research: Atmospheres.
Montecinos, A., & Aceituno, P. (2003). Seasonality of the ENSO-related rainfall variability in central Chile and associated circulation anomalies. Journal of Climate
Rutllant, J. A., & Fuenzalida, H. (1991). Synoptic aspects of the central Chile rainfall variability associated with the Southern Oscillation. International Journal of Climatology.