El océano marca la diferencia: por qué Chile no vive las mismas olas de calor que Europa
Las olas de calor golpean a Europa y Chile, pero por razones muy distintas. Mientras el Sáhara y un Mediterráneo cálido alimentan el calor en la península Ibérica, el Pacífico frío actúa como un freno natural en Chile.

Cuando una ola de calor afecta a Europa, particularmente al Mediterráneo occidental, las temperaturas pueden mantenerse durante varios días por encima de los 40 °C, extenderse sobre amplias regiones y dejar noches en las que el termómetro apenas desciende. En Chile también ocurren episodios de calor extremo, pero rara vez presentan esa misma combinación de intensidad, duración y extensión.
La diferencia no se explica únicamente por la latitud. España, Francia y Chile central se encuentran en franjas geográficas relativamente similares del planeta, pero están rodeados por ambientes muy distintos: la península Ibérica está expuesta al aire cálido del norte de África y a un mar Mediterráneo que, durante el verano, puede alcanzar temperaturas muy elevadas. Chile, en cambio, tiene frente a sus costas un océano mucho más frío, influido por la corriente de Humboldt y la surgencia costera.
Estas condiciones modifican tanto el origen del aire caliente como la capacidad de cada región para enfriarse.
Mediterráneo: entre el Sáhara y un Mediterráneo muy cálido
La península Ibérica se encuentra a las puertas de una de las mayores fuentes de calor del planeta: el norte de África. Durante una ola de calor, una dorsal anticiclónica puede extenderse sobre España y favorecer la llegada de una masa de aire muy cálida y seca desde el Sáhara.
Pero este transporte de aire africano es solo una parte del mecanismo. Bajo la dorsal, el aire también desciende y se comprime, lo que aumenta aún más su temperatura. Al mismo tiempo, los cielos despejados permiten que la intensa radiación solar del verano caliente la superficie durante varios días consecutivos. Cuando esta configuración atmosférica se mantiene, el calor puede abarcar gran parte del país y persistir durante jornadas o incluso semanas.

A este escenario se suma un factor especialmente importante en las regiones costeras: la elevada temperatura del mar Mediterráneo. Durante el verano, sus aguas pueden superar ampliamente los 25 °C. Un mar tan cálido no es necesariamente el responsable de las temperaturas máximas extremas que se registran durante el día. Sin embargo, sí reduce la capacidad de las zonas costeras para enfriarse durante la noche. El aire que llega desde el Mediterráneo contiene además más humedad, lo que dificulta aún más la pérdida de calor y favorece noches tropicales, con mínimas superiores a 20 °C, o incluso noches tórridas, cuando la temperatura no baja de 25 °C.
El Mediterráneo occidental está expuesto a una combinación especialmente favorable para las olas de calor: aire continental muy cálido procedente del Sáhara, una atmósfera estable que permite acumular calor durante varios días y un Mediterráneo que, lejos de refrescar las costas, puede ayudar a mantener temperaturas elevadas durante la noche.
Chile: entre un océano frío y la cordillera
En Chile central, el escenario es muy distinto. Frente a la costa se encuentra el Pacífico sudoriental, cuyas aguas se mantienen relativamente frías por la influencia de la corriente de Humboldt y por la surgencia costera, un proceso que hace ascender aguas frías hacia la superficie. Esa diferencia es clave: mientras el Mediterráneo puede alcanzar temperaturas muy elevadas durante el verano, el océano frente a Chile central suele permanecer mucho más frío. Como resultado, el aire marítimo que ingresa desde la costa actúa como un moderador natural, limitando el aumento de la temperatura y favoreciendo un enfriamiento más marcado durante la noche.
Para que el calor alcance valores especialmente altos, esta influencia oceánica debe debilitarse. Esto suele ocurrir cuando se establece una dorsal en altura y predominan vientos desde el este, que descienden desde la cordillera hacia los valles. Al bajar, el aire se comprime, se seca y aumenta su temperatura, dando origen a vientos cálidos como el Raco en la zona central o el Puelche más al sur.
Este mecanismo puede generar episodios de calor muy intensos, pero suelen afectar un territorio más estrecho y presentar mayores contrastes entre la costa y el interior. En otras palabras, Chile no está libre de olas de calor, pero su geografía dificulta que el calor se extienda de manera tan uniforme y persistente como ocurre en Europa.
Referencia de la noticia
Demortier, A., Bozkurt, D., Jacques-Coper, M.. (2021). Identifying key driving mechanisms of heat waves in central Chile.
Feudale, L., Shukla, J.. (2007). Role of Mediterranean SST in enhancing the European heat wave of summer 2003.
Della-Marta, P.M., Luterbacher, J., von Weissenfluh, H. et al.. (2007). Summer heat waves over western Europe 1880–2003, their relationship to large-scale forcings and predictability.