Hallan un ecosistema oculto en las semillas que podría redefinir el control de las especies invasoras
Un nuevo estudio internacional demuestra que las semillas no viajan solas: transportan un microbioma interno que potencia la adaptación y expansión de plantas invasoras. El hallazgo abre una nueva estrategia científica para controlar su propagación sin depender exclusivamente de herbicidas.
Un estudio reciente publicado en Nature Communications revela que el microbioma —la comunidad de microorganismos que vive dentro de las semillas— no es un pasajero silencioso, sino un motor biológico que podría explicar en gran medida por qué ciertas plantas invasoras se establecen con éxito en nuevos territorios y cómo podríamos controlar mejor estas especies dañinas.
Un “ecosistema” que viaja con la semilla
Las semillas no son partículas inertes de vida vegetal; llevan consigo un conjunto de bacterias, hongos y otros microbios que componen su endomicrobioma —un pequeño pero potente ecosistema que se transmite de generación en generación y que influye directamente en la salud y desempeño de la planta.
Investigadores de una colaboración internacional entre el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Talca en Chile recolectaron semillas de diente de león en ecosistemas mediterráneos de cinco continentes, cultivándolas durante varias generaciones bajo distintas condiciones con y sin su microbioma intacto.
¿Qué descubrieron los científicos?
Los resultados fueron contundentes: las plantas que conservaron su microbioma interno mantuvieron tasas de fotosíntesis más altas, produjeron más flores y semillas y demostraron una capacidad competitiva superior frente a especies nativas. En cambio, cuando se redujo ese microbioma mediante antibióticos o fungicidas, la planta perdió parte de esa ventaja biológica.

Este hallazgo sugiere que no solo la genética de la planta importa para su invasividad, sino también los microbios con los que coevoluciona dentro de sus semillas. De hecho, el investigador Luis R. Pertierra comparó esta relación simbiótica con “la elección de vestimenta de una persona según el clima”: los microbios funcionan como “adaptadores” que ayudan a la planta a prosperar en distintos ambientes.
Una metáfora biológica: semillas como Caballos de Troya
El profesor Marco Molina-Montenegro, de la Universidad de Talca, propuso una analogía poderosa: las semillas invasoras actúan como un Caballo de Troya. Esto significa que, mientras la semilla parece inocua por fuera, transporta dentro microorganismos que hacen el “trabajo biológico” crucial para permitir la colonización y expansión de la planta en su nuevo entorno.
En otras palabras, más allá de su capacidad para producir numerosas semillas o resistir distintas condiciones ambientales, las plantas invasoras pueden contar con aliados invisibles que potencian su éxito ecológico.
Implicaciones para la gestión de malezas
Estos descubrimientos abren una nueva vía potencial en el manejo de especies vegetales invasoras. Si los microbios asociados a las semillas son determinantes para que una planta se establezca y despliegue su potencial invasivo, entonces intervenir en ese microbioma podría convertirse en una herramienta para frenar su propagación.

Modelos de manejo basados en microbiomas ya se han propuesto para otras aplicaciones agrícolas y ambientales, tolerancia de cultivos al estrés o su resistencia a patógenos, pero su aplicación en el control de especies invasoras es una frontera emergente.
Intervenir sobre estos microbios podría permitir, por ejemplo, disminuir la competitividad de malezas sin recurrir exclusivamente a herbicidas o control biológico tradicional, lo que sería especialmente valioso en ecosistemas delicados o protegidos.
¿Y qué hay más allá del diente de león?
Aunque el estudio se centró en Taraxacum officinale, una de las malezas más cosmopolitas del planeta, los científicos creen que su enfoque tiene un alcance más amplio.
Plantas invasoras en diferentes regiones y climas podrían estar igualmente apoyadas por sus microbiomas, lo que sugiere que la comprensión de estos microecosistemas internos tendrá un impacto profundo en ecología, agricultura y restauración de hábitats.

De hecho, investigaciones previas han demostrado que los microbios asociados con las semillas no solo afectan la germinación y el vigor de las plántulas, sino también su tolerancia al estrés y su capacidad de competir con otras plantas, lo que refuerza la idea de que estos microorganismos son elementos clave en la dinámica ecológica de las especies vegetales.
Manipular el microbioma de las semillas podría convertirse en una herramienta estratégica para frenar especies invasoras desde su origen. En lugar de combatir solo la planta visible, la ciencia propone intervenir en sus aliados invisibles, modificando su ventaja competitiva.
El hallazgo confirma que los procesos ecológicos no dependen solo de grandes organismos visibles. En el mundo microscópico se esconden dinámicas decisivas que influyen en invasiones biológicas, biodiversidad y equilibrio ambiental, redefiniendo cómo enfrentamos desafíos globales complejos.