El clavel del aire no daña árboles ni cables, solo necesita humedad
Muchos lo confunden con una plaga, pero el clavel del aire es una planta inofensiva y sorprendente que sobrevive gracias al aire, la humedad y la luz del entorno.

¿Alguna vez viste esas pequeñas plantas grises colgando de cables o ramas y pensaste que estaban secando los árboles? En realidad, lo que observas es una forma extraordinaria de adaptación: el clavel del aire (Tillandsia spp.), una planta que no necesita suelo para vivir y que se alimenta del ambiente.
Presente en distintas regiones de Chile, sobre todo en zonas costeras. Esta planta se aferra a ramas, muros o piedras sin robarles nada. Solo usa esas superficies como punto de apoyo, lo que la convierte en una huésped liviana y autosuficiente, más parecida a una visitante amable que a una invasora.
Epífita, no parásita: así vive el clavel de aire
A menudo se confunde al clavel del aire con especies parásitas, como el quintral (Tristerix corymbosus), que efectivamente penetra el tejido del árbol para alimentarse de su savia. Pero el caso del clavel del aire es totalmente distinto.
El género Tillandsia, al que pertenece, agrupa más de 600 especies epífitas, todas ellas capaces de obtener agua y nutrientes directamente del aire y del polvo en suspensión. Esto se logra gracias a unas estructuras microscópicas llamadas tricomas, que cubren la superficie de sus hojas como diminutas escamas plateadas.

Estas escamas capturan gotas de rocío, vapor de agua y partículas minerales del ambiente, permitiendo que la planta se hidrate sin depender del suelo ni de otra planta.
Por eso, aunque crezca sobre un árbol, no interrumpe su flujo de savia ni altera su crecimiento. Además, el clavel del aire ha desarrollado una forma muy eficiente de controlar la pérdida de agua.
Durante el día cierra sus estomas (los poros que permiten el intercambio gaseoso) y los abre solo de noche, un mecanismo conocido como metabolismo ácido de las crasuláceas (CAM), típico de especies adaptadas a ambientes secos o de alta radiación solar.
Una maestra de la adaptación
El clavel del aire no necesita más que aire limpio, luz y algo de humedad ambiental para prosperar. Es capaz de sobrevivir largos periodos de sequía gracias a sus hojas estrechas y cubiertas por tricomas, que actúan como un escudo reflectante y retienen cada partícula de agua disponible.

En la zona norte y centro de Chile, puede verse adherido a postes, techos o ramas secas, resistiendo el viento y el sol sin perder vitalidad. Cuando las condiciones son favorables, tras lluvias o nieblas costeras, produce pequeñas flores lilas o rosadas, un detalle que suele pasar desapercibido, pero que revela su enorme capacidad de resiliencia.
Por qué no hay que retirarlo
A pesar de su aspecto misterioso, el clavel del aire no representa un riesgo para los árboles ni para el entorno. De hecho, su presencia puede ser un indicador de buena calidad del aire, ya que necesita atmósferas limpias y húmedas para sobrevivir.

Retirarlo no solo es innecesario, sino que puede dañar las ramas o el ecosistema que se forma a su alrededor. En ambientes rurales y urbanos, las colonias de Tillandsia ayudan a retener humedad, reducen polvo y ofrecen refugio a pequeños insectos polinizadores.
Si crece en exceso sobre cables eléctricos, se puede despegar suavemente, sin usar químicos ni podas agresivas. Pero en general, dejarlo donde está es una forma de respetar un equilibrio natural que lleva siglos repitiéndose.