Las inundaciones no comienzan en los ríos: el papel invisible de los bosques cuando llegan las lluvias

Los pronósticos apuntan a un invierno lluvioso, pero una parte clave de la historia ocurre mucho antes de que el agua llegue a los ríos, en los cerros y bosques que la reciben primero

Los bosques actúan como una barrera natural que resguarda a las comunidades de las precipitaciones intensas, evitando la erosión del suelo y los deslizamientos de tierra.
Los bosques actúan como una barrera natural que resguarda a las comunidades de las precipitaciones intensas, evitando la erosión del suelo y los deslizamientos de tierra.

Cada otoño vuelve la misma pregunta: ¿cuánto lloverá este invierno y qué tan preparados estamos para enfrentar los temporales? La conversación suele centrarse en los ríos, los embalses o los sistemas de drenaje. Pero las inundaciones comienzan mucho antes de que el agua llegue a esos lugares.

Si el terreno está degradado, compactado o sin vegetación suficiente, el agua escurre rápidamente por la superficie. Baja por laderas y quebradas, arrastra tierra a su paso y se acumula en cauces que pueden terminar sobrepasados. Los bosques ayudan a que esa historia sea distinta.

El recorrido de una gota puede cambiarlo todo

Una lluvia intensa no siempre termina en inundación. La diferencia muchas veces está en la velocidad con que el agua se mueve por el territorio.

Cuando la lluvia cae sobre un bosque, no toca el suelo de inmediato. Parte queda atrapada entre hojas y ramas. Otra parte se cuela lentamente entre las raíces y penetra la tierra en lugar de correr cuesta abajo.

Parece poca cosa, pero cuando eso ocurre en miles de hectáreas al mismo tiempo, el efecto se vuelve enorme.

Los árboles le ponen freno a la lluvia

Si el cerro está despejado o el terreno está compactado, el agua resbala como por un tobogán. Baja rápido, arrastra tierra, satura cauces y aumenta el riesgo de inundaciones.

Si el cerro está pelado o el terreno está compactado, el agua resbala como si fuera un tobogán, baja rápido, arrastra tierra, satura los canales y termina en los living de las casas.
Si el cerro está pelado o el terreno está compactado, el agua resbala como si fuera un tobogán, baja rápido, arrastra tierra, satura los canales y termina en los living de las casas.

En un bosque ocurre lo contrario. Los árboles ralentizan el recorrido del agua y permiten que parte de ella se infiltre en el suelo antes de continuar su camino. Según explica Sergio Donoso, académico de la Universidad de Chile, los bosques ayudan a que el agua avance más lentamente por el paisaje, reduciendo la erosión y el riesgo de deslizamientos durante los temporales.

Lo que ocurre bajo tierra también importa

Las raíces cumplen una tarea poco visible, que es mantener el suelo unido y prevenir que la lluvia arrastre sedimentos pendiente abajo. Esa función resulta especialmente importante en sectores cordilleranos y precordilleranos, donde las lluvias pueden movilizar grandes cantidades de tierra y rocas.

Las raíces sujetan el suelo como una red de contención. Eso evita la erosión y, sobre todo, evita que los sedimentos tapen los ríos.
Las raíces sujetan el suelo como una red de contención. Eso evita la erosión y, sobre todo, evita que los sedimentos tapen los ríos.

Cuando esos sedimentos llegan a los ríos, ocupan espacio que debería estar disponible para transportar agua. Por eso, proteger los suelos también ayuda a reducir riesgos aguas abajo.

Menos bosque, más agua corriendo cuesta abajo

No todos los árboles cumplen la misma función frente a las lluvias. Los bosques nativos suelen tener suelos más porosos y raíces más diversas, lo que favorece la infiltración del agua.

En algunas plantaciones forestales —como pino o eucalipto—, en cambio, el terreno puede quedar más compactado, facilitando que el agua escurra con mayor rapidez hacia quebradas y cauces.

En un bosque nativo ocurre lo contrario. Las raíces abren caminos bajo tierra y el agua tiene tiempo para infiltrarse. Parte de ella recarga las reservas subterráneas en vez de terminar acumulada en un cauce.

Esta diferencia es especialmente relevante en la zona central de Chile, donde el bosque mediterráneo ha perdido superficie por incendios, expansión urbana y años de megasequía.

Cuando caigan las primeras lluvias fuertes de este invierno, la atención estará puesta en los caudales y los pronósticos. Pero parte de lo que ocurra después ya habrá sido decidido mucho antes: en esos cerros donde el agua encuentra raíces para filtrarse o terreno desnudo para seguir corriendo cuesta abajo.

Referencias de la noticia

REDFOR. (2020). Los bosques como reguladores del ciclo del agua para disminuir los riesgos de inundaciones. Artículo publicado en la Revista Argentina Forestal.

Michael Seguel. (2023). Académico destaca los beneficios de los árboles frente a las intensas lluvias del invierno. Comunicado publicado en la web de la Universidad de Chile.

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