Lo que la “cascada de sangre” de la Antártida revela sobre un mar que existió y la vida que sigue aferrada a él
Una investigación en Blood Falls encontró microorganismos marinos activos atrapados bajo el glaciar Taylor desde un período más cálido del pasado antártico, y muestra cómo la vida puede persistir durante milenios en frío extremo, oscuridad total y salinidad letal.

En uno de los rincones más hostiles del planeta, un hilo de agua roja escurre desde el borde del glaciar Taylor hacia el desierto helado de los Valles Secos de McMurdo, en la Antártida. Se conoce como Blood Falls (Cataratas de sangre), y durante más de un siglo su color ha intrigado a quienes la ven por primera vez: parece sangre brotando del hielo.

La explicación del color: una salmuera rica en hierro, sellada bajo el glaciar durante generaciones y que se oxida al entrar en contacto con el aire, ya se conocía. Ahora, un nuevo estudio descubrió lo que esa salmuera esconde: un archivo biológico del clima antártico del pasado y una comunidad de organismos que, con todo en su contra, sigue viva.
Restos de mar sellados bajo el hielo
El estudio liderado por investigadores de la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego encontró evidencia de que un antiguo reservorio de agua salada de origen marino pudo haber quedado atrapado bajo el hielo en algún período más cálido de la historia antártica.

Parte de la vida marina que llegó con ese mar sigue activa hoy, adaptada a condiciones que deberían ser incompatibles con la supervivencia, ya que los Valles Secos de McMurdo son uno de los desiertos más fríos y secos de la Tierra.
El análisis molecular (de ADN y ARN) permitió identificar que se trata de una comunidad de eucariotas microscópicos de origen marino (organismos cuyas células poseen núcleo) vivos. El equipo detectó genes vinculados a la fotosíntesis, a la reparación celular y a la respuesta al estrés por sal.
Sobrevivir ahí no es trivial. Bajo el glaciar Taylor no hay luz solar, la temperatura ronda el punto de congelación, la salinidad es extrema y el ambiente está cargado de hierro. Son condiciones que definen a los extremófilos: organismos capaces de vivir y, a veces, prosperar en entornos que resultarían letales para casi cualquier otra forma de vida conocida.
Huellas del pasado antártico
De acuerdo al estudio, algunos de los organismos detectados en Blood Falls forman quistes o esporas de resistencia, una especie de "modo de espera" biológico que les permite sobrevivir largos períodos de inactividad hasta que las condiciones vuelven a ser favorables: un ciclo de congelamiento, deshielo y estrés salino que se repite una y otra vez.
Los investigadores subrayaron que el hallazgo no significa que Blood Falls contenga una comunidad marina antigua inalterada. Más bien, la comunidad actual probablemente refleja organismos marinos introducidos durante períodos pasados de influencia oceánica, una posible redistribución dentro del valle, un transporte moderno limitado y una fuerte selección por las condiciones extremas en el frente del glaciar.
El hallazgo funciona como una huella indirecta que permite reconstruir condiciones pasadas que nadie pudo observar directamente. Así como los anillos de un árbol cuentan la historia de las sequías, o el hielo antártico guarda burbujas de aire de hace miles de años, estos microorganismos marinos sugieren que, en algún momento, el mar llegó hasta un valle que hoy está aislado de la costa. Ese episodio quedó congelado en el tiempo, cuando el glaciar avanzó y selló la salmuera del contacto con el exterior.
Referencia de la noticia
Zoumplis, A., Füssy, Z., Kaul, D. et al.. (2026). Molecular evidence for a relict marine community in an Antarctic Dry Valleys subglacial brine-fed system.
Scripps Institution of Oceanography. (2026). Ancient Marine Life May Be Hiding In Antarctica's Blood Falls.