Qué condiciones pueden provocar aluviones en el norte de Chile: el desastre de Antofagasta de 1991 da las claves

Las lluvias extremas son poco frecuentes en el desierto de Atacama, pero cuando ocurren pueden dejar graves consecuencias. El desastre de Antofagasta de 1991 ayuda a entender por qué.

Los aluviones pueden ser devastadores. En general son la consecuencia de una serie de factores meteorológicos.
Los aluviones pueden ser devastadores. En general son la consecuencia de una serie de factores meteorológicos.

En Antofagasta llueve muy poco. El promedio anual de precipitación de la ciudad es de apenas un par de milímetros. Pero esa extrema aridez no significa que la lluvia no pueda convertirse en una amenaza. Al contrario: cuando se cumplen determinadas condiciones atmosféricas, una gran cantidad de agua puede caer en pocas horas sobre quebradas empinadas y terrenos con abundante material disponible para ser desplazado violentamente.

Uno de los ejemplos más dramáticos ocurrió el 18 de junio de 1991, cuando una tormenta extraordinariamente intensa afectó Antofagasta y otros sectores de la región. Las fuertes lluvias provocaron un violento aluvión.

¿Cómo pudo producirse una tormenta de estas características en pleno desierto de Atacama? La respuesta radica en una combinación poco habitual de condiciones atmosféricas.

La particular combinación que produjo la tormenta de 1991

Típicamente, los sistemas frontales que avanzan desde el Pacífico hacia Chile dejan precipitaciones bastante más al sur. Para alcanzar Antofagasta, situada cerca de los 23°S, la circulación atmosférica debe ser bastante anómala, o alejada de la normalidad.

Eso fue precisamente lo que ocurrió en junio de 1991. Un anticiclón de bloqueo permaneció casi estacionario al suroeste de Sudamérica, alterando la circulación de los vientos del oeste y la trayectoria normal de las tormentas en el Pacífico sur, y favoreciendo que un sistema frontal alcanzara latitudes excepcionalmente septentrionales. Al mismo tiempo, el Anticiclón del Pacífico Sur, uno de los principales responsables de mantener las condiciones secas en el norte de Chile, se encontraba debilitado.

Pero que un frente alcanzara la latitud de Antofagasta es solo parte de la explicación. Antes de la tormenta, se produjo una entrada de aire marítimo relativamente cálido y húmedo en niveles bajos, lo que generó condiciones de inestabilidad atmosférica. Cuando el sistema frontal llegó y comenzaron los movimientos ascendentes, esa inestabilidad pudo liberarse y favorecer precipitaciones de carácter convectivo.

Este último punto es especialmente importante. Las lluvias convectivas pueden variar enormemente en distancias muy pequeñas, lo que explica las grandes diferencias de precipitación observadas aquella noche entre sectores relativamente cercanos. Entre estaciones ubicadas a no más de 20 km, los montos de precipitación variaron de 15 a 40 mm.

El desastre de 1991 en Antofagasta fue resultado de una combinación excepcional de humedad, inestabilidad, circulación atmosférica y procesos locales, que favorecieron intensos movimientos ascendentes y precipitaciones extremas.

El desastre de 1991 en Antofagasta, por tanto, no fue simplemente consecuencia de “un frente intenso que llegó al norte”, sino de una cadena de ingredientes que coincidieron al mismo tiempo: una circulación capaz de llevar la perturbación muy al norte, humedad disponible, inestabilidad y mecanismos de escala local capaces de producir fuertes movimientos ascendentes.

Ríos atmosféricos apuntando hacia el norte

Otro ingrediente importante en los eventos de lluvia capaces de provocar aluviones y deslizamientos de tierra en el norte del país son los ríos atmosféricos. Estos serán los responsables de suministrar el vapor de agua necesario al frente que terminará impactando la costa.

Configuración sinóptica asociada al evento de aluvión en Antofagasta en junio de 1991. Datos: ERA5, construido con R-Explorer.
Configuración sinóptica asociada al evento de aluvión en Antofagasta en junio de 1991. Datos: ERA5, construido con R-Explorer.

En el norte y centro-norte de Chile, varios episodios de lluvias intensas y de activación de quebradas han estado acompañados de un fuerte transporte de vapor de agua desde el Pacífico, en algunos casos organizado como ríos atmosféricos.

La combinación resulta especialmente favorable: la vaguada en altura permite que el sistema alcance regiones normalmente muy secas, mientras que el transporte de humedad aporta el vapor de agua necesario para intensificar las precipitaciones.

En eventos como el de 1991, el peligro aparece cuando varios factores se dan al mismo tiempo: una perturbación capaz de avanzar excepcionalmente al norte, suficiente humedad disponible y una atmósfera favorable para convertir ese vapor de agua en precipitaciones intensas. En un ambiente tan árido, esa combinación puede bastar para que unas pocas horas de lluvia tengan consecuencias extraordinarias.

Referencia de la noticia

Garreaud, R., Rutllant, J.. (1995). Análisis meteorológico de los aluviones de Antofagasta y Santiago de Chile en el periodo 1991-1993.
Rutllant, J., Matus, F., Rudloff, V., Rondanelli, R.. (2023). The role of atmospheric rivers in rainfall-induced landslides: A study from the Elqui valley.