Una “toma silenciosa”: abejas invasoras cambian la forma en que florece Chile
Un nuevo estudio muestra cómo especies introducidas están alterando las redes de polinización y desplazando a polinizadores nativos.

Chile es un país de fronteras naturales extremas. Desierto, cordillera y océano lo han convertido en una suerte de isla biogeográfica. Esa condición, tan valiosa para la evolución de especies únicas, también lo vuelve especialmente frágil frente a invasores.
Un equipo de científicos brasileños y chilenos acaba de publicar un estudio en la revista NeoBiota en el que demuestran que tres especies de abejas introducidas están rediseñando las relaciones entre plantas y polinizadores.
El dominio arrollador de una sola especie
Las especies analizadas fueron tres polinizadores introducidos para fines productivos: la abeja de la miel (Apis mellifera), el abejorro europeo Bombus ruderatus y, sobre todo, Bombus terrestris, el protagonista de esta historia.
El estudio analizó más de 2 mil registros científicos e históricos, además de datos de ciencia ciudadana recopilados por la Red Chilena de Polinización, y encontró que Bombus terrestris concentra por sí solo más del 73 % de todas las interacciones registradas entre abejas invasoras y plantas.
La abeja nativa que pierde su trono
Antes de la invasión, la abeja nativa Bombus dahlbomii —un colorido abejorro gigante patagónico— era la especie más conectada en las redes de polinización chilenas. Hoy, aunque aún aparece en los registros, ha sido desplazada del primer lugar por la abeja de miel y el abejorro europeo.

La fortaleza de Bombus terrestris está en su versatilidad. Pero en ecología, que una sola especie haga “de todo” no siempre es buena noticia.
El estudio señala que, tras su expansión, las redes de polinización chilenas se volvieron menos especializadas y más homogéneas. Es decir: plantas que antes dependían de relaciones más exclusivas con ciertos polinizadores ahora reciben visitas de especies generalistas, en sistemas cada vez más parecidos entre sí.
Un problema para la biodiversidad… y también para la conservación
El concepto de “toma silenciosa” que utilizan los investigadores no es una metáfora menor. A diferencia de una invasión explosiva que destruye hábitats de forma evidente, aquí el ecosistema sigue funcionando. Sigue habiendo polinización, siguen floreciendo plantas. Pero lo que se pierde es la singularidad.
A la larga, este proceso puede derivar en lo que los ecólogos llaman homogeneización biótica.
La investigación —en la que participaron científicos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), el Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) y la Universidad Mayor, entre otras instituciones— subraya un cambio de enfoque necesario: no basta con proteger especies sueltas. Hay que proteger las relaciones ecológicas.
A simple vista, el campo sigue lleno de flores y de insectos revoloteando. La polinización continúa. La naturaleza parece funcionar como siempre, pero bajo esa apariencia, la investigación muestra que los ecosistemas chilenos ya no están siendo tejidos por los mismos actores ni de la misma manera.
Referencias de la noticia
F. Fontúrbel., et al. (2026). Silent takeover: How invasive bees reshaped plant-pollinator interactions in a biodiversity hotspot. NeoBiota.
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