Enología subacuática en Chile: cuando el vino encuentra su bodega ideal bajo el mar

Los resultados, según los productores que ya han probado este método, incluyen vinos con texturas más suaves, aromas integrados, una sensación salina muy sutil y una complejidad difícil de lograr en superficie.

enología acuática
Esta pr���ctica también se está desarrollando en lugares como Pichidangui y busca transformar la producción de vino aprovechando el entorno marino. Imagen: Arcana

En las frías, profundas y silenciosas aguas del litoral del Biobío está ocurriendo un fenómeno que, aunque parezca sacado de una novela marítima, se ha convertido en una de las innovaciones más singulares de la industria vitivinícola chilena: la enología subacuática.

Esta técnica consiste en sumergir botellas o incluso ánforas de vino a varios metros de profundidad, utilizando el océano como una bodega natural que ofrece condiciones únicas para la maduración.

La práctica, que hoy capta la atención de enólogos, buzos, investigadores y amantes del vino, nació a partir de un descubrimiento que cambió por completo la percepción del envejecimiento en medios marinos.

En 2010, un grupo de buzos encontró un naufragio en el mar Báltico con botellas de champagne Veuve Clicquot de 1839 en sorprendente buen estado. A pesar de haber permanecido más de un siglo y medio bajo el agua, muchas conservaban burbujas, aromas y características organolépticas intactas.

Desde entonces, distintos proyectos en el mundo comenzaron a experimentar con el océano como espacio de guarda. Y ahora Chile también se suma a esta tendencia.

Biobío: un laboratorio natural para la enología subacuática

A pocos kilómetros de Concepción, un grupo de emprendedores locales decidió llevar esta curiosidad científica a la práctica, entre ellos, Alberto Barra, productor del valle del Biobío junto a Jessica Cabrera, acuicultora de pequeña escala en la bahía de Coliumo con el viñedo familiar Arcana.

Arcana vinos
Dependiendo de la estación, las botellas salen cubiertas de fango, algas o con moluscos o pequeños picorocos adheridos dándole un valor adicional al producto. Imagen: Arcana.

Con vinos provenientes de los valles interiores del Biobío, las botellas son cuidadosamente selladas, protegidas y sumergidas a varios metros de profundidad. Allí, rodeadas de oscuridad total, corrientes constantes y temperaturas frías y estables, permanecen durante meses, evolucionando lejos del ruido, la luz y los cambios de temperatura del mundo exterior.

Lo interesante de este proceso es que no requiere de intervención humana. El mar lo hace todo: regula la temperatura, proporciona movimiento y ejerce presión natural. Se crea así un ciclo de maduración completamente distinto al que ocurre en una bodega tradicional.

¿Qué cambia en un vino cuando madura bajo el mar?

Las condiciones submarinas otorgan una serie de factores que influyen directamente en la evolución del vino:

Temperatura estable y naturalmente fría: El océano mantiene un rango estable que evita las variaciones térmicas que afectan a muchas bodegas terrestres.

Oscuridad absoluta: La ausencia total de luz favorece la preservación del color, los aromas y la estructura del vino.

Movimiento constante: Las corrientes marinas generan un vaivén suave que acelera la polimerización natural de los taninos, creando vinos más redondeados y armónicos.

Presión y ausencia de oxígeno: Dos variables que, combinadas, ayudan a mantener la frescura, especialmente, en espumantes y vinos blancos.

Los resultados, según los productores que ya han probado este método, incluyen vinos con texturas más suaves, aromas integrados, una sensación salina muy sutil y una complejidad difícil de lograr en superficie.

Más que vino: una alianza entre vitivinicultura y cultura marítima

Lo que vuelve único este proyecto en el Biobío es su componente humano y cultural.

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Esta técnica es una manera de poner en valor tanto el trabajo de los viñateros como el de los acuicultores. Imagen: Directo al Paladar

La enología subacuática no sólo aprovecha las propiedades del océano: también integra a las comunidades costeras, en especial a buzos artesanales y pescadores que participan en la instalación, vigilancia y rescate de las botellas.

De esta manera, surge un modelo productivo que une ciencia, tradición marítima, vitivinicultura y turismo, abriendo paso a experiencias futuras como degustaciones frente al mar, visitas guiadas y narrativas asociadas al patrimonio submarino.

Una tendencia que recién comienza en Chile

Aunque la enología subacuática aún es experimental en Chile, su irrupción ya marca un hito pues, con su geografía privilegiada y su dinámica escena vinícola, tiene el potencial de convertirse en un referente sudamericano en esta técnica.

La combinación entre innovación, naturaleza y misticismo marítimo asegura que seguiremos escuchando sobre estos vinos nacidos en tierra, pero formados en el silencio del océano, durante los próximos años.