Cada gota cuenta: cómo los pequeños agricultores buscan asegurar el agua para sus cultivos
Las lluvias de este invierno cambiaron el escenario hídrico de la Región de Coquimbo, pero para la pequeña agricultura el desafío va más allá de contar con agua disponible: implica almacenarla, conducirla y utilizarla con mayor eficiencia durante toda la temporada.

Las posibles precipitaciones que se esperan durante Fiestas Patrias podrían volver a llevar agua a sectores de la región de Coquimbo. El episodio llega después de un invierno excepcional para la zona: las precipitaciones de julio y la acumulación de nieve en la cordillera permitieron revertir el patrón de bajos caudales que se había prolongado durante siete años. A fines de agosto, el agua almacenada en los embalses regionales alcanzaba el 56 % de su capacidad, frente al 10 % registrado en julio.
Un respiro después de años de déficit hídrico
El cambio adquiere especial relevancia considerando que Coquimbo ha enfrentado una prolongada reducción de la disponibilidad de agua.
En la Región de Coquimbo, además, los principales ríos llegaron a registrar durante 2026 su séptimo año consecutivo con caudales bajo el promedio histórico.
Sin embargo, las precipitaciones de este año modificaron significativamente el escenario: CEAZA proyecta un aumento importante de los caudales durante los próximos meses, asociado tanto al agua acumulada como a la reserva de nieve cordillerana.

Esto no significa que la vulnerabilidad hídrica haya desaparecido. Para la agricultura, una temporada lluviosa puede mejorar la disponibilidad regional, pero la seguridad del agua en cada predio depende también de la capacidad para almacenar, conducir y aplicar eficientemente el recurso.
Almacenar agua para enfrentar los meses secos
Ese es uno de los desafíos más relevantes para los pequeños agricultores. Una parte del agua disponible durante los períodos de mayor aporte debe poder mantenerse para cuando aumente la demanda de los cultivos y disminuyan las precipitaciones.
En este sentido, diferentes agricultores en Ovalle muestran cómo distintas medidas pueden integrarse en un mismo predio. INDAP y la Comisión Nacional de Riego implementaron un sistema que combina un tranque acumulador con riego por goteo, bombeo, filtración y fertirriego.

Este tipo de proyectos de tecnificación permite mejorar significativamente la gestión del agua en el predio. Los sistemas de riego tecnificado pueden alcanzar eficiencias de aplicación cercanas al 90 %, superando a métodos tradicionales como el riego por mangas, surcos o tendido, donde una mayor proporción del recurso puede perderse por escurrimiento, infiltración profunda o evaporación.
La necesidad de avanzar en esta dirección también aparece en las cifras regionales. Según datos del Catastro Agropecuario y Forestal 2021, Coquimbo cuenta con 33.072 hectáreas regadas: 26.893 utilizan sistemas tecnificados, mientras 6.179 hectáreas, equivalentes al 18,7 %, todavía corresponden a riego tradicional.
Eficiencia para que el agua alcance más

La tecnificación, por sí sola, no genera nuevas fuentes de agua. Su importancia está en utilizar mejor la que ya está disponible. Cuando se combina con almacenamiento, una adecuada programación del riego y un manejo acorde con las necesidades del cultivo, puede transformar una disponibilidad hídrica variable en una herramienta de mayor seguridad productiva.
El invierno de 2026 entrega así un respiro excepcional a Coquimbo. Pero para la pequeña agricultura, el desafío de fondo permanece: convertir los años lluviosos en reservas y eficiencia que permitan enfrentar con mayor seguridad los períodos secos.