Chile tiene un durazno único en el mundo: así es la curiosa variedad “betarraga” de color morado intenso
Un durazno que sorprende desde el primer corte: pulpa morada, sabor profundo y un origen poco conocido convierten a la variedad “betarraga” en una de las más singulares del país.

A simple vista puede pasar desapercibido. Su piel no siempre delata lo que esconde en su interior. Pero basta abrirlo para entender por qué este durazno genera tanto interés: su pulpa es de un morado intenso, poco habitual incluso a nivel internacional.
Se trata del llamado durazno “betarraga”, una variedad que ha comenzado a llamar la atención no solo por su apariencia, sino también por su perfil nutricional y su sabor. En un contexto donde se buscan alimentos más naturales y con identidad local, este fruto aparece como una rareza con potencial.
Más que una curiosidad, es un ejemplo de diversidad frutícola poco conocida, que conecta con prácticas tradicionales y variedades que no siempre llegan a los circuitos comerciales masivos.
¿Por qué es morado? El rol de las antocianinas
El color del durazno betarraga no es casual ni superficial. Se debe a la presencia de antocianinas, pigmentos naturales responsables de tonos rojos, morados y azulados en distintas frutas y verduras.

Estas mismas sustancias están presentes en alimentos como arándanos, moras o la propia betarraga, y cumplen funciones importantes tanto en la planta como en la nutrición humana.
En el fruto, actúan como protección frente a factores ambientales, mientras que en la dieta se asocian a propiedades antioxidantes. En este durazno, las antocianinas no se concentran solo en la piel, sino que tiñen completamente la pulpa. Esa característica lo diferencia de otras variedades con vetas rojizas, donde el color no es uniforme.
Un sabor distinto: más profundo y menos convencional
El durazno betarraga no solo destaca por su color. Su sabor también se aleja del perfil clásico del durazno amarillo o blanco. Suele presentar notas más intensas, con un dulzor equilibrado por una leve acidez y un fondo que muchos describen como más “terroso” o complejo.

Esa combinación lo hace especialmente interesante en preparaciones donde el sabor no se pierde fácilmente, como mermeladas, jugos o incluso en cocina más experimental. No es un fruto neutro, y justamente ahí radica parte de su atractivo. Además, su textura puede variar según las condiciones de cultivo, pero en general mantiene una pulpa firme, lo que también influye en su uso culinario.
Una variedad poco común y de circulación limitada
A diferencia de otras variedades de durazno ampliamente comercializadas, el betarraga no suele encontrarse con facilidad en supermercados. Su presencia está más ligada a ferias locales, huertos familiares o producciones de menor escala.

Esto se debe, en parte, a que no ha sido masificado como otras variedades más uniformes en tamaño, color o comportamiento postcosecha. Sin embargo, ese mismo carácter menos estandarizado es lo que hoy despierta interés.
En un escenario donde se valora la diversidad agrícola y los productos con identidad, este tipo de frutas comienza a ganar espacio, aunque todavía de forma incipiente.
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