De las proyecciones de julio a las lluvias de septiembre: el escenario que pone a prueba a la agricultura

Las proyecciones meteorológicas anticipaban una primavera con lluvias y temperaturas más bajas en algunos sectores de Chile. Durante septiembre, nuevos sistemas frontales han dejado precipitaciones en distintas zonas, coincidiendo con cultivos y estados fenológicos sensibles.

Los huertos frutales atraviesan etapas sensibles del desarrollo mientras las lluvias aumentan los desafíos para los productores.
Los huertos frutales atraviesan etapas sensibles del desarrollo mientras las lluvias aumentan los desafíos para los productores.

A fines de julio, las proyecciones de Meteored anticipaban para septiembre, octubre y noviembre la posibilidad de episodios de precipitaciones entre Coquimbo y La Araucanía, junto con períodos de temperaturas más bajas en algunos sectores de la zona central.

En aquella oportunidad se utilizó de manera coloquial la expresión “El Niño atrasado” para describir la posibilidad de que condiciones lluviosas y frías se extendieran hacia una época en que normalmente comienza a consolidarse un patrón más seco y cálido.

Esta expresión no corresponde a una categoría oficial del fenómeno ENOS, sino que permitió contextualizar un escenario meteorológico de interés para la agricultura.

Con la llegada de la primavera, las precipitaciones comenzaron a materializarse en distintos sectores del país. Esto no significa que cada episodio responda necesariamente a una misma causa atmosférica, pero permite observar cómo el escenario planteado meses atrás comenzó a adquirir manifestaciones concretas.

Las lluvias de septiembre ya dejan registros en zonas agrícolas

Entre el 18 y el 20 de septiembre se registraron precipitaciones en distintas localidades de Chile. En la Región de O’Higgins, los datos de estaciones de Agroclima correspondientes al día 20 muestran acumulados relevantes en diversos sectores agrícolas.

El Carmen, en San Fernando, registró 34,2 mm, mientras que El Tambo INIA, en San Vicente, alcanzó 27,9 mm. También se acumularon 20,8 mm en San Vicente TT, 20,4 mm en la Escuela Agrícola Las Garzas, en Chimbarongo, 16,4 mm en la estación Chimbarongo y 13,4 mm en Requínoa.

Lluvias durante el crecimiento del fruto pueden aumentar los riesgos para los cerezos durante su posterior maduraci��n.
Lluvias durante el crecimiento del fruto pueden aumentar los riesgos para los cerezos durante su posterior maduraci��n.

Estos registros corresponden a un episodio previo al sistema frontal que comenzó posteriormente a afectar al centro-sur. Su importancia está en mostrar que las precipitaciones ya estaban presentes en zonas agrícolas durante los primeros días de la primavera, antes de la llegada de un evento de mayor extensión.

No siempre donde más llueve está el mayor riesgo agrícola

Desde el 22 de septiembre, un sistema frontal acompañado por un río atmosférico comenzó a afectar al centro-sur. Las proyecciones contemplan acumulados superiores a 200 mm en sectores cordilleranos y precordilleranos de La Araucanía y Los Ríos, mientras que hacia Arauco y sectores cordilleranos del Biobío los montos podrían situarse entre 150 y 200 mm.

Las anomalías proyectadas muestran contrastes en la distribución de la humedad sobre Chile, con señales más húmedas concentrándose hacia el centro-sur y sur del país. Izquierda: 21 al 28 de septiembre y derecha: 28 de septiembre al 5 de octubre de 2026.
Las anomalías proyectadas muestran contrastes en la distribución de la humedad sobre Chile, con señales más húmedas concentrándose hacia el centro-sur y sur del país. Izquierda: 21 al 28 de septiembre y derecha: 28 de septiembre al 5 de octubre de 2026.

Sin embargo, la magnitud de la precipitación no determina por sí sola su importancia agrícola. En el Maule, por ejemplo, se proyectan acumulados menores que los previstos para sectores cordilleranos del extremo sur del sistema, pero las lluvias coinciden con el inicio de la primavera y con etapas sensibles de cultivos frutales.

Para esta región se han estimado acumulados del orden de 20 a 50 mm, acompañados de viento, dependiendo de la zona.

Esta diferencia resulta fundamental: una cantidad menor de lluvia puede adquirir una relevancia productiva considerable cuando ocurre en un huerto en floración, mientras que acumulados mucho mayores pueden tener otro tipo de impactos en territorios con distinta estructura productiva.

La humedad también aumenta la presión fitosanitaria

En frutales, la persistencia de humedad durante períodos sensibles puede favorecer determinadas enfermedades. En cerezo y otros carozos, las condiciones húmedas pueden favorecer Botrytis cinerea y Monilinia spp.; en uva de mesa, Botrytis y Mildiu pueden adquirir mayor importancia bajo condiciones favorables.

En manzanos y perales, la humedad foliar resulta relevante para Venturia, mientras que en nogales las condiciones húmedas pueden favorecer problemas asociados a bacteriosis y hongos.

Daño provocado por Venturia inaequalis en manzano generando sarna en frutales de pepita
Daño provocado por Venturia inaequalis en manzano generando sarna en frutales de pepita

Por ello, el desafío para los productores no está únicamente en conocer el acumulado de lluvia. También es necesario considerar la duración de la humedad, el viento, la temperatura y el estado fenológico del cultivo. Estos factores pueden reducir las ventanas disponibles para aplicaciones y labores, además de aumentar la presión fitosanitaria y los costos de manejo.

La evolución observada desde julio hasta septiembre muestra así que el riesgo agrícola no depende solamente de dónde se registren los mayores acumulados, sino de cómo cada episodio meteorológico interactúa con el territorio, los cultivos y el momento de la temporada.