Estas 3 especies son espectaculares para arreglos florales y puedes cultivarlas en casa
Hay algo especial en cortar unas flores del jardín y ponerlas en un florero. No hace falta saber de arreglos para disfrutar de ese pequeño lujo cotidiano.

Si eres de esas personas que disfrutan decorar la casa de manera sencilla, con elementos naturales y flores frescas, quizás alguna vez hayas pensado lo bonito que sería poder cortar las tuyas y armar un ramo sin depender de una florería.
Para que una flor funcione bien en un arreglo, buscamos tallos firmes, buena duración una vez cortada y formas, colores y texturas que podamos combinar. Esta selección reúne justamente esas cualidades, pero de maneras muy distintas, por lo que permite crear ramos abundantes y naturales incluso sin experiencia.
La protagonista del ramo
La gerbera (Gerbera jamesonii) es perfecta cuando queremos que una flor sea el centro de atención. Sus flores grandes, sostenidas por tallos largos, aportan color y estructura incluso cuando utilizamos solo unas pocas. Además, existen variedades en prácticamente todos los tonos imaginables, desde blanco, amarillo y naranjo hasta rosado, rojo y combinaciones bicolores.

Para quien quiera empezar sin complicarse, lo más sencillo es comprar plantines y llevarlos al jardín cuando las condiciones sean adecuadas para la zona. Una vez establecida, la gerbera puede producir flores durante buena parte de la temporada, por lo que no se trata de cortar una vez y olvidarse de ella: podemos ir cosechando nuevos tallos a medida que aparecen.
El toque delicado que hace especial un ramo
El lisianthus (Eustoma grandiflorum) aporta justamente lo que le falta a una flor grande y llamativa: ligereza y delicadeza. Sus pétalos suaves y sus flores, que pueden ser simples o dobles, recuerdan a pequeñas rosas y aparecen en tonos blancos, rosados, morados y azulados.

También es una excelente flor para cortar porque sus tallos son largos y puede llevar varias flores y botones en una misma vara. En un arreglo permite unir las flores principales y suavizar el conjunto, pero también puede lucirse solo en un florero pequeño.
Según la variedad y las condiciones de poscosecha, puede mantenerse en buenas condiciones alrededor de 10 a 17 días, una duración que explica por qué es tan apreciado para ramos.

Aquí también conviene pensar en la sencillez: si quieres probarlo por primera vez, partir con un plantín puede ahorrarte bastante tiempo y paciencia. Desde semilla es posible cultivarlo, pero su desarrollo inicial es lento y requiere más atención. Una vez que las plantas jóvenes estén listas para salir al exterior, conviene evitar cambios bruscos de temperatura.
Color y textura que duran
El statice (Limonium sinuatum) tiene un papel completamente distinto. Sus pequeñas flores agrupadas en tallos ramificados funcionan como un relleno perfecto para darle volumen al ramo y ocupar esos espacios que quedan entre las flores más grandes. Además, sus tonos morados, rosados, blancos, amarillos y azulados permiten combinarlo prácticamente con cualquier protagonista.

Pero aquí aparece uno de sus mayores atractivos: también podemos utilizarlo como flor seca. Sus estructuras conservan bastante bien el color y la forma después del secado, por lo que un ramo que primero disfrutamos fresco puede transformarse después en una decoración que dure mucho más tiempo.
Para hacerlo, corta los tallos cuando las flores estén bien desarrolladas, retira las hojas que puedan dañarse y forma pequeños ramos. Luego cuélgalos boca abajo en un lugar seco, oscuro y con buena ventilación hasta que estén completamente deshidratados.

Como flor fresca, también funciona muy bien en arreglos y puede aportar ese aspecto abundante que muchas veces buscamos. Para cultivarlo, los plantines son nuevamente una alternativa práctica, aunque también se puede partir desde semilla.
Si se hacen almácigos, hay que tener especial cuidado con las bajas temperaturas y esperar antes de exponer las plantas jóvenes a condiciones frías de manera repentina.