La alternativa a la buganvilla que se llena de flores en primavera: ideal para terrazas y jardines en Chile
No todas las terrazas tienen las condiciones para una buganvilla. Por eso, vale la pena conocer otra trepadora capaz de llenarse de flores cuando llega la primavera.

La buganvilla parece tenerlo todo para convertirse en la protagonista de una terraza: crece con fuerza, cubre espacios y, cuando florece, es difícil no fijarse en ella. Pero no siempre se da bien donde la plantamos. Puede que falte espacio, que las condiciones no sean las ideales o que, después de esperar toda la temporada, la floración simplemente no sea la que imaginábamos.
Si te ha pasado, hay otra trepadora que vale la pena considerar. También puede cultivarse en maceta; se adapta muy bien a terrazas y jardines y, cuando llega la primavera y aumentan las temperaturas, comienza a llenarse de flores grandes y llamativas. Es la dipladenia o mandevilla, una planta que tiene además la ventaja de poder guiarse según el espacio disponible.
Cuando llega el calor, empieza el espectáculo
Una de las cosas más atractivas de esta planta es que no necesitamos esperar años para verla transformarse. Cuando aumentan las temperaturas y recibe suficiente luz, la dipladenia comienza a producir nuevos brotes y aparecen sus características flores en forma de trompeta. Dependiendo de la variedad, podemos encontrarlas blancas, rosadas, rojas o en distintas tonalidades intermedias.

Para conseguir una floración abundante, busca un lugar con buena iluminación y varias horas de sol suave. En zonas donde el verano es muy intenso, puede agradecer algo de protección durante las horas centrales. Si acaba de salir de un lugar protegido después del invierno, conviene acostumbrarla poco a poco a una mayor exposición al sol.
Una buena opción cuando no sobra espacio
Quizás aquí está una de sus mayores ventajas. No necesitamos tener un gran jardín para disfrutar de una dipladenia: en una maceta puede crecer muy bien y sus tallos pueden conducirse sobre un enrejado, un arco o un tutor. Así, en vez de dejar que la planta crezca hacia cualquier lado, podemos aprovecharla para cubrir una pared, acompañar una baranda o darle altura a una jardinera.

También podemos jugar con su forma. Si queremos que trepe, basta con ir guiando los tallos jóvenes y sujetarlos suavemente al soporte. Si preferimos una planta más relajada, podemos dejar que algunos tallos caigan por los bordes de la maceta. Eso sí, conviene elegir un recipiente con buen drenaje y no cambiarla de inmediato a una maceta enorme: es mejor aumentar el tamaño progresivamente a medida que sus raíces ocupen el espacio disponible.
Para que siga floreciendo, hay que acompañar su crecimiento
Durante los meses cálidos, la dipladenia crece y florece con mayor intensidad, por lo que también necesita riegos más frecuentes. Si está en maceta, revisa el sustrato y vuelve a regar cuando la capa superior comience a secarse. Lo importante es mantener una humedad regular sin dejar las raíces encharcadas, por lo que el recipiente debe tener un buen drenaje.
Para acompañar la floración, durante la temporada de crecimiento podemos aplicar un fertilizante líquido para plantas con flor, respetando la dosis indicada en el envase. También conviene retirar las flores marchitas, una tarea sencilla que ayuda a mantener la planta limpia y favorece la aparición de nuevos botones.
El frío es el punto crítico
Hay un detalle que puede cambiar bastante la experiencia de cultivar una dipladenia en Chile: el frío. Al ser una planta de origen tropical, no tolera bien las bajas temperaturas ni las heladas, por lo que no conviene tratarla como si fuera una trepadora resistente que puede quedar expuesta todo el año en cualquier zona.

Esto no significa que tengamos que renunciar a ella. De hecho, cultivarla en maceta puede ser una buena estrategia en las zonas con inviernos más fríos, porque permite trasladarla a un lugar protegido cuando las temperaturas comienzan a bajar. Durante este periodo su crecimiento disminuye, por lo que también necesitará menos agua.
Cuando llegue nuevamente la primavera y las temperaturas sean más agradables, podremos devolverla al exterior de forma gradual. Así, en lugar de exigirle que soporte condiciones que no tolera, podemos aprovechar sus meses de mayor crecimiento y floración y protegerla justamente cuando más lo necesita.