Geranios después del invierno: cómo conseguir plantas más frondosas y llenas de flores
Después de meses de crecimiento lento, los geranios comienzan a despertar. Este es un buen momento para ayudarlos a recuperar su forma y prepararlos para una nueva temporada de flores.

Después de pasar el invierno a la intemperie, muchos geranios (Pelargonium) llegan a esta época con un aspecto bastante castigado. El frío, el viento, la lluvia y alguna helada pueden dejar hojas amarillentas o quemadas, tallos desnudos y una mata tan desordenada que cuesta imaginarla llena de flores nuevamente.
Pero no hay que apresurarse a darlos por perdidos. Con la llegada de la primavera aumenta la luz y las temperaturas comienzan a favorecer el crecimiento, por lo que los tallos que todavía están vivos pueden volver a brotar. Es justamente el momento de retirar lo dañado y ayudar a la planta a recuperar su forma.
Una revisión antes de sacar las tijeras
Si el geranio presenta tallos secos, ennegrecidos o claramente dañados por el frío, lo primero es retirarlos con una tijera limpia y afilada. En cambio, los tallos que todavía están firmes y verdes pueden conservarse, aunque hayan perdido buena parte de sus hojas. Si tienes dudas, puedes raspar ligeramente la superficie del tallo: si debajo aparece tejido verde, todavía está vivo.

Después, acorta los tallos demasiado largos o desnudos justo por encima de un nudo, donde puedan aparecer nuevos brotes. No es necesario cortar toda la planta a la misma altura ni hacer una poda drástica: basta con eliminar lo que ya no sirve y reducir las ramas que hayan perdido su forma para estimular una nueva ramificación.
Mucha luz para empezar de nuevo
Los geranios necesitan mucha luz para crecer compactos y florecer bien. Después de la poda, busca para ellos el lugar más luminoso y, si es posible, con algunas horas de sol directo. Una iluminación insuficiente puede hacer que los nuevos tallos vuelvan a crecer largos y débiles.

Si la planta pasó el invierno protegida o en un sitio sombreado, aumenta su exposición al sol de forma gradual. En cambio, los ejemplares que permanecieron al aire libre ya estarán más acostumbrados a estas condiciones. En los geranios cultivados en maceta, además, puedes girar el recipiente de vez en cuando para que el crecimiento no se concentre hacia un solo lado.
Agua y alimento para el nuevo crecimiento
El aumento de la luz y las temperaturas hará que el geranio comience a consumir más agua, pero no conviene mantener el sustrato constantemente húmedo. En macetas, espera a que la capa superior se seque antes de volver a regar y asegúrate de que el recipiente tenga buen drenaje. Si están plantados en el suelo, considera también la humedad que aportan las lluvias antes de volver a regar.

Cuando aparezcan nuevos brotes de forma sostenida, puedes comenzar a fertilizar. Para los ejemplares en maceta, un fertilizante líquido para plantas con flor aplicado al sustrato, según la dosis indicada, resulta práctico. En el suelo, si la tierra es fértil, una capa de compost maduro alrededor de la planta puede ser suficiente.
Primero una planta fuerte, después las flores
Después de una poda es normal que el geranio tarde algunas semanas en recuperar su volumen. Primero necesita producir nuevos tallos y hojas y comenzar a ramificarse, por lo que la floración abundante llegará después, no inmediatamente tras la intervención.
A medida que aparezcan las flores, retira las que estén marchitas junto con su tallo floral para mantener la planta limpia y favorecer una floración más prolongada. Si algunos tallos vuelven a crecer demasiado, puedes corregirlos más adelante y seguir dando forma a una mata cada vez más tupida y equilibrada.