Hamamelis: el arbusto de floración invernal que conquistó la cosmética
Detrás de uno de los extractos vegetales más utilizados en cosmética existe un arbusto capaz de ofrecer uno de los espectáculos florales más sorprendentes del invierno.

Hay plantas que se vuelven famosas por sus flores y otras por sus frutos. El hamamelis, en cambio, alcanzó notoriedad gracias a un uso completamente distinto. Durante décadas, su nombre ha aparecido en la etiqueta de productos destinados al cuidado de la piel, hasta el punto de que millones de personas lo reconocen sin haber visto nunca el arbusto del que procede.
Lo curioso es que, si primero hubiera conquistado los jardines, probablemente también se habría hecho famoso por otro motivo. El hamamelis despliega una delicada floración que parece desafiar al invierno. Esa combinación entre belleza ornamental e historia botánica ha convertido a este pequeño género en uno de los más singulares del mundo vegetal.
Un arbusto que desafía el calendario del jardín
El género Hamamelis reúne apenas unas pocas especies distribuidas entre América del Norte y Asia oriental. La más conocida por sus usos tradicionales es Hamamelis virginiana, originaria del este de Norteamérica. En jardinería, sin embargo, predominan especies asiáticas como Hamamelis mollis, Hamamelis japonica y los híbridos agrupados bajo el nombre Hamamelis × intermedia, seleccionados por la espectacularidad de su floración.

Su principal atractivo radica en el momento en que florece. Dependiendo de la especie y del clima, las flores aparecen desde mediados del invierno, cuando las hojas ya han caído y las ramas parecen completamente inactivas. Ese contraste hace que cada flor destaque con especial intensidad y convierta al arbusto en uno de los protagonistas de la estación.
Las flores que se protegen del frío
A diferencia de la mayoría de las especies ornamentales, las flores del hamamelis presentan cuatro pétalos extremadamente estrechos y alargados, semejantes a pequeñas cintas. Su aspecto no solo resulta llamativo, sino que también cumple una función adaptativa.
Al aumentar la temperatura durante el día vuelven a desplegarse, un mecanismo que ayuda a proteger los delicados tejidos florales y permite prolongar la floración incluso durante episodios de heladas.
Muchas variedades desprenden además una agradable fragancia y ofrecen néctar y polen en una época donde muy pocas plantas permanecen en flor, convirtiéndose en un recurso importante para algunos insectos durante los días templados del invierno.
Del bosque a la cosmética moderna
Mucho antes del desarrollo de la cosmética actual, diversos pueblos indígenas de Norteamérica ya utilizaban preparados elaborados con la corteza y las hojas de Hamamelis virginiana. Con el paso del tiempo, ese conocimiento tradicional despertó el interés de botánicos y farmacéuticos, dando origen a extractos que hoy forman parte de numerosos productos para el cuidado de la piel.

Curiosamente, las llamativas flores no son la parte más utilizada de la planta. Los extractos cosméticos se obtienen principalmente de la corteza y las hojas, donde se concentran taninos y otros compuestos fenólicos responsables de su conocida acción astringente. Gracias a estas propiedades, el hamamelis ayuda a reducir temporalmente la sensación de grasa en la piel y suele incorporarse a tónicos faciales y productos destinados a pieles mixtas o grasas.
Aunque su uso comenzó en Occidente, actualmente el extracto de hamamelis también forma parte de formulaciones desarrolladas por numerosas marcas asiáticas, incluida la cosmética coreana, donde suele combinarse con ingredientes hidratantes y calmantes para equilibrar la piel sin resecarla en exceso.
¿Puede cultivarse en Chile?
A pesar de que todavía no es un arbusto frecuente en los viveros nacionales, el hamamelis puede cultivarse con éxito en distintas zonas de Chile, especialmente en la zona centro-sur y sur del país, donde las condiciones se asemejan más a las de su hábitat natural.

Prefiere suelos fértiles, ricos en materia orgánica y ligeramente ácidos, con buen drenaje y humedad constante. También conviene elegir desde el principio un lugar definitivo para su cultivo, ya que su crecimiento es lento y los ejemplares adultos suelen resentirse con los trasplantes.
Una vez establecido, requiere pocos cuidados y recompensa la paciencia con una larga vida ornamental, capaz de extenderse durante varias décadas.
Dos estaciones para enamorarse del hamamelis
Aunque su floración invernal suele llevarse toda la atención, el espectáculo comienza algunos meses antes. Durante el otoño, sus hojas adquieren intensas tonalidades amarillas, anaranjadas y rojizas antes de caer, ofreciendo un segundo momento de gran valor ornamental.
Pocas especies reúnen dos estaciones tan distintas y atractivas dentro de un mismo ciclo. Primero sorprenden por el color de su follaje otoñal y, poco después, cuando las ramas quedan desnudas, las flores transforman el paisaje invernal en uno de los momentos más llamativos del jardín.